Independência ou morte

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Usos de la corrupción

Por Horacio Verbitsky
Página 12/ Argentina

La simultánea suspensión de Dilma en Brasil y la imputación y el procesamiento de Cristina aquí marcan el pico de la ofensiva antipolítica, con el pretexto de la corrupción. El gobierno argentino celebró la caída de Dilma por la posibilidad de debilitar el Mercosur y avanzar hacia acuerdos con la Unión Europea y la Alianza Transpacífica. El tema fue tratado por Obama y Macrì en marzo. La prohibición de despidos puede ser ley esta semana.

El jueves 12, Dilma Rousseff fue suspendida como presidente del Brasil y el fiscal Carlos Rívolo imputó por cohecho a la ex presidente argentina CFK. Al día siguiente, el juez Claudio Bonadio procesó a Cristina y a su ex ministro de Economía Axel Kicillof por una operatoria legítima de política económica adoptada por el Banco Central para mantener bajo control el tipo de cambio, que el gobierno de Maurizio Macrì devaluó a pocos días de suceder a CFK, con grandes ganancias para miembros de su familia y de su gabinete. Las políticas socioeconómicas que anuncia el vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo de Brasil, Michel Temer, son las mismas que aquí está imponiendo Macrì, cuyo ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso de Prat-Gay, celebró que el PT perdiera el gobierno de Brasil, porque así será posible subordinar el Mercosur al acuerdo con la Unión Europea y el ingreso de ambos países a la Alianza Transpacífica que impulsa Estados Unidos, tal como Macrì conversó con Barack Obama en marzo. Como desmentida de que gobierne para los ricos, a Macrì no se le ocurrió nada mejor que rodearse de un centenar de poderosos empresarios. Les dio a firmar un documento elogioso de su gobierno y crítico del proyecto que prohíbe los despidos por seis meses, sancionado por el Senado y que la Cámara de Diputados podrá convertir en ley esta semana. Sin inmutarse pusieron la firma pero no esperaron ni una semana para proseguir con los despidos. Frente al ministerio de Educación, el jueves se produjo la cuarta gran movilización en un mes y medio contra las políticas oficiales. Si Macrì cumple su promesa de vetar la ley contra los despidos, además podría producirse el primer paro general.

Ya hace 30 años, el mismo día de diciembre de 1986 en que el Congreso argentino votó la ley de punto final, el de Uruguay sancionó su equivalente, de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. La voluntad estadounidense de entonces para terminar la persecución penal a los autores militares de los crímenes de ambas dictaduras está tan bien documentada como las gestiones del entonces presidente Raúl Alfonsín ante su colega oriental Julio María Sanguinetti y ante el hijo del líder opositor Wilson Ferreyra Aldunate, a quien le transmitió un mensaje recibido de la embajada norteamericana, sobre un 50 por ciento de probabilidad de golpe de Estado si no se detenían los juicios.

La coordinación entre los procesos de destitución y hostigamiento de Dilma, Lula y Cristina sólo puede afirmarse hasta ahora por la constatación de su simultaneidad, el contexto internacional y la simpatía de los mismos actores, nacionales e internacionales. Del apoyo externo a la desestabilización en la Argentina se conoce hasta la confesión de uno de los blogueros que viajaron a Brasil para recibir financiamiento de los fondos buitre. Lo único transparente de esta historia es el intento de sacar de circulación a los líderes populares capaces de unificar a los distintos sectores descontentos para revertir las políticas neoliberales, Lula en Brasil, CFK en la Argentina.

El combustible y la máquina

En los dos países, el combustible que alimentó la máquina destituyente fueron las denuncias de fraudes contra la administración pública. El vehículo de su divulgación fue una prensa gráfica y audiovisual al mismo tiempo parte y articuladora de los intereses económicos afectados por los respectivos gobiernos populistas, y el mecanismo de conversión de esas denuncias en hechos políticos, un Poder Judicial extralimitado, presidido por dos ambiciosos de vanidad insondable y un afán de protagonismo excitado por aquellos medios. Los desenlaces fueron distintos: Joaquim Barbosa dejó en 2014 la presidencia del Superior Tribunal de Justicia de Brasil y hoy desde el llano objeta el impeachment de Dilma, mientras Ricardo Lorenzetti sigue creyendo que su oportunidad se aproxima, para lo cual luego de acabar con CFK, la vindicta judicial debería dirigirse a Macrì. Con una economía en recesión profunda durante dos años, Dilma fue suspendida y sólo una contundente respuesta popular podría impedir su destitución dentro de seis meses; Cristina terminó su mandato y dejó un país con moderado crecimiento, la menor desocupación en un cuarto de siglo, la inflación elevada pero en descenso y el endeudamiento en divisas con acreedores privados más bajo en dos siglos de historia argentina, medido en proporción al Producto Interno Bruto. Dilma ganó la reelección pero al inclinarse por las políticas de ajuste que había impugnado en campaña y al alejarse de Lula, precipitó una crisis política que no logró revertir ni siquiera con la enmienda de aquel rumbo equivocado, que llegó tarde. CFK no pudo postular a una nueva reelección porque la Constitución permite un máximo de dos mandatos consecutivos y aún así el candidato de su frente político fue vencido en el balotaje por un estrecho margen de dos puntos porcentuales. La demolición de su liderazgo en la Argentina y del de Lula en Brasil es la ocupación principal de los respectivos gobiernos y, aquí, de sectores dirigentes de su propia fuerza, que la perciben como el mayor obstáculo para sus aspiraciones de sucederla. Ambas presidentes cometieron errores que facilitaron la tarea de sus adversarios y/o enemigos, pero ése es el dato menos relevante del panorama actual, porque no fueron esas falencias la razón de la inquina en los sectores tradicionales del poder político y económico, sino las transformaciones políticas, sociales y de alianzas internacionales que ambos gobiernos impulsaron.

Durante las 24 horas del día las propaladoras mediáticas de los dos países instalaron la idea de sistemas carcomidos por una corrupción generalizada, que terminó por asociarse con el propio sistema democrático. Con todos sus defectos, la política es el único escudo con que los sectores populares pueden cubrirse de las embestidas de los poderes fácticos. Su deslegitimación constituye así un objetivo estratégico de esos sectores. La misma operación derivó durante el siglo anterior en una sucesión de golpes militares que desplazaron a los gobernantes electos Hipólito Yrigoyen, Juan Perón, Getulio Vargas, Arturo Frondizi, Janio Cuadros, Joao Goulart, Isabel Martínez de Perón. En Brasil aportan leños a la hoguera las iglesias evangélicas, que tienen fuerte representación tanto en los medios audiovisuales como en el Congreso; en la Argentina, el Episcopado Católico, presidido por José María Toté Arancedo, primo hermano del ex presidente Raúl Alfonsín. El mayor de sus hermanos, Ricardo Perucho Arancedo, se encargó de la sociedad familiar Arancedo Hermanos, que está entre los principales consignatarios de hacienda del país. Dos hermanas del prelado, Marilina y María Amalia Arancedo, se casaron también con fuertes ganaderos y el primo Roberto Arancedo preside el Mercado de Liniers desde hace casi un cuarto de siglo. La insustancial declaración que Arancedo firmó por el Bicentenario plantea la corrupción de los políticos como un asunto de la mayor gravedad, con citas expresivas de su antecesor en el cargo, Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, quien la menciona como “llaga putrefacta”. En la conferencia de prensa en la que se entregó el documento, Arancedo dio su pueril explicación de los males sociales: “Cuando alguien se queda con un vuelto, eso significa pobreza, pobres que sufren”. El documento también reivindica a la justicia y reclama su independencia, lo cual anticipa el respaldo que recibirá Lorenzetti en el Vaticano como jefe del partido judicial, cuando viaje el mes próximo. Algunos de los columnistas más cotizados de la televisión argentina reclaman a los alaridos la detención de la ex presidente CFK, aunque hasta ahora no se le ha probado ningún acto ilegal. En el caso de Dilma, ni siquiera hay presunciones y denuncias. Hasta aquellos políticos opositores que votaron a favor del juicio político se abstuvieron de formularle cargos por cualquier desvío de fondos públicos en beneficio propio y sólo la acusaron por la reasignación de partidas del presupuesto, algo que hicieron todos los gobernantes que la precedieron y que es práctica generalizada en el mundo, como flexibilidad imprescindible para el funcionamiento de administraciones complejas, en las que no es posible prever todas las variables en forma rígida. Otra similitud entre ambos procesos nacionales es que quienes pretenden encarnar la virtud ante gobernantes viciosos tienen a su vez denuncias por delitos tanto o más graves y alguno como Eduardo Cunha, fue separado de la presidencia de la Cámara de Diputados brasileña una vez que se confirmó su procesamiento por lavado de dinero con cuentas no declaradas en el exterior.

Hablemos de corrupción

Varios jueces de la Corte Suprema de Justicia fueron sometidos a juicio político la década pasada por haber obstruido que se investigara un contrabando de automóviles por el que había sido procesado el actual presidente Macrì, utilizando como instrumento una compañía offshore radicada en el Uruguay. Hoy Macrì está bajo examen judicial por otras compañías offshore, aquellas que aparecieron en la base de datos del Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación bajo la denominación genérica de Panama Papers. El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger está procesado por su participación en el ruinoso Megacanje de 2001, que incrementó la deuda externa en decenas de miles de millones de dólares. Macrì comparte el honor de los Panama Papers con el primer ministro británico David Cameron y ambos han derivado la responsabilidad hacia sus respectivos padres. Para el argentino es un poco más difícil, porque su progenitor vive y sigue con la sangre en el ojo por el modo en que hijos y sobrinos lo despojaron del holding familiar. El carterista que para desviar a la multitud que lo persigue huye gritando “Al ladrón, al ladrón” es un clásico del humor gráfico. Cameron tuvo la audacia de convocar a una cumbre mundial contra la corrupción, en la que la canciller argentina Susana Malcorra representó a Macrì. Desde hace años, el economista argentino Jorge Gaggero señala a las guaridas fiscales como el elemento clave en la fuga de capitales, que en muy pequeña medida involucra a los gobiernos. Las transferencias netas de recursos financieros desde los países pobres y medios hacia los más ricos crecieron de 46.000 millones de dólares anuales en 1995 a un estimado de no menos de un billón (en la nomenclatura argentina, es decir un millón de millones) en 2010, que se van en “pagos masivos de deuda, los desequilibrios comerciales, la fuga de capitales y la acumulación de activos externos en divisas fuertes”. Ocho de las diez guaridas más opacas e importantes están en América del Norte o Europa. La primera, en los Estados Unidos (el estado de Delaware), la segunda y la tercera son europeas continentales (Luxemburgo y Suiza), la cuarta caribeña (las Islas Caiman) y la quinta inglesa (la City de Londres). Gaggero incluye un cuadro basado en los datos de Raymond Baker (“El talón de Aquiles del capitalismo”, de 2005): el 64,3 por ciento de los flujos ilícitos globales correspondía a transacciones comerciales; el 30,6 por ciento a actividades delictivas y el 5,1 a corrupción gubernamental. Con ocasión de la cumbre convocada por Cameron en homenaje a su difunto padre, los principales periódicos financieros del mundo y el más importante diario independiente inglés, publicaron sendas investigaciones sobre los aspectos más oscuros del sistema financiero internacional. La del Financial Times se titula “Dinero negro, el secreto sucio de Londres” y describe a la City como “centro global de las finanzas ilícitas” y un agujero negro para el lavado de dinero y la evasión fiscal. En el mismo artículo, Alex Cobham, investigador principal de la organización de la que forma parte Gaggero, Tax Justice Network, dice que la red británica secreta es la más grande del mundo y que los bancos británicos y sus subsidiarias siguen lavando cada año “centenares de miles de millones de dólares de dinero de origen delictivo”. En The Guardian, el columnista Simon Jenkins afirma que “la esencia de un estado corrupto es el capitalismo de amigos”, que consta de “sobornos, arreglo de licitaciones, evasión fiscal y abuso del poder político para procurar ganancias personales o empresariales”. Sobre ese mismo concepto, The Economist compone un ranking mundial titulado “Capitalismo de amigos en el mundo”, en el que Gran Bretaña cumple un rol descollante. El periódico estima que un tercio de la inversión extranjera global se canaliza a través de guaridas financieras, en su mayoría británicas, e ironiza que convocar en Londres una conferencia contra la corrupción evoca la elección de Libia para presidir la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2003. Al referirse a los enclaves de Jersey, Gibraltar, Bermuda y las Islas Vírgenes, afirma que Cameron debería decirles que pueden independizarse y federarse con Panamá si lo desean, pero de otro modo “debería cesar su hospitalidad con quienes roban a los contribuyentes de todo el mundo”.

Las guaridas británicas se establecieron “como forma económica de mantener colonias sin necesidad de subsidiarlas. Ahora constituyen una masiva desviación de recursos globales, para evitar el pago de impuestos a los estados soberanos”. La publicación estima que esos escondrijos impositivos albergan unos 20.000 a 30.000 billones de dólares, es decir 20.000 a 30.000 millones de millones (trillion en inglés).

The Economist afirma que las empresas de alta interacción con el Estado son vulnerables al capitalismo de amigos, y entre ellas enumera casinos, contratos de defensa, bancos, obras de infraestructura y tuberías, puertos y aeropuertos, construcción y negocios inmobiliarios, acero, minería, commodities, telecomunicaciones. En términos argentinos esta definición incluiría, entre otros, a Lázaro Báez, Cristóbal López, Angelo Calcaterra y Nicky Caputo, pero también a Paolo Rocca, Eduardo Eurnekian, los hermanos Bulgheroni y la propia famiglia Macrì. Este es el problema estructural que ninguna fuerza política significativa parece interesada en plantear, porque las discusiones sobre el tema sólo procuran el escándalo que tan fácil se suscita como se olvida y la utilización como arma arrojadiza contra los adversarios políticos. La Argentina no es una excepción. Para la Tax Justice Network, pese a toda la retórica de la cumbre, el gobierno británico no exigió a sus territorios de ultramar y posesiones de la corona que se ajusten a las normas de transparencia que se les exigen a Nigeria, Afganistán o Kenya. Otro tanto puede decirse de Estados Unidos, el único centro financiero internacional que rehusó comprometerse como lo hicieron 101 países, al intercambio automático de información. “Que no se vuelva a hablar de la corrupción como un problema de los países en desarrollo”, concluye la Tax Justice Network.

Rousseff no está acusada en el escándalo de corrupción

La plaga de la corrupción

 

El NUEVO Herald/ Miami

JUNTA EDITORIAL


Mientras Brasil se embarca en el difícil proceso de buscar la salida de la presidenta Dilma Rousseff de su cargo, hay que recordar a los legisladores que cualquier movida hacia una impugnación debe ser por una grave violación de la ley, no por política. Aquí en Estados Unidos sabemos algo de eso.

Claro, no hay comparación entre las acusaciones o las situaciones que afrontó el ex presidente Bill Clinton, impugnado por la Cámara de Representantes hace casi 20 años pero que sobrevivió un juicio en el Senado, y las que encara Rousseff.

A Clinton lo acusaron de una relación impropia con una becaria de la Casa Blanca y de mentir bajo juramento sobre asuntos personales. A Dilma la acusan de violar regulaciones sobre finanzas del Estado, un truco presupuestario para ocultar un creciente déficit.

Son dos casos completamente distintos, y solo tienen en común el ímpetu político detrás del proceso de impugnación.

Clinton tuvo una conducta que no se espera en un presidente. Pero los republicanos que lo acusaron nunca lograron convencer a un público escéptico de que lo hacían por el interés nacional, y no por intereses políticos egoístas. El público tampoco consideró que las acciones de Clinton fueran tan terribles como reiteraban los republicanos.

Rousseff jugó con las finanzas públicas. Quería mejorar sus posibilidades de reelección en el 2014 y tomó prestados $11,000 millones de los bancos estatales para costear populares programas sociales creados para ayudar a los pobres, que forman la base de su partido.

Los expertos en leyes y derecho constitucional de Brasil tienen opiniones divergentes sobre si esa acción es motivo para que Rousseff salga del Palacio de Planalto. Los senadores deben considerar bien el tema al votar esta semana sobre la posibilidad de un juicio político.

Pero el verdadero problema no es la maniobra financiera que hizo la Presidenta, sino más bien la crisis de corrupción que azota a Brasil. Una enorme investigación de la corrupción ha implicado a unos 50 políticos y a varios líderes empresariales.

Rousseff es una de los pocos líderes políticos de alto rango que no está acusada de corrupción. Pero sí lo está Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, el hombre al frente del proceso de impugnación de la Presidenta. Lo están investigando por lavado de dinero y por aceptar sobornos. Muchos acusados como él están entre los legisladores que van a decidir el futuro de la Presidenta.

Luego está el vicepresidente Michel Temer, un personaje político que disgusta al público y que reemplazaría a Rousseff, por lo menos durante el juicio en el Senado. Los testimonios lo implican, junto a aliados cercanos, en el escándalo de corrupción en Petrobras, la petrolera estatal.

Con la impugnación de la Presidenta, los políticos corruptos de Brasil tienen la oportunidad de ocultar sus propios delitos de la vista del público. Rousseff sería un chivo expiatorio para aplacar la sed de justicia de la gente, una persona a la que puedan culpar de los males del país.

Rousseff puede ser culpable de administrar mal la economía, pero no forma parte del escándalo de corrupción.

La única manera en que Brasil puede salir fortalecido de este lío es seguir confiando en las instituciones democráticas para llevar a los corruptos ante la justicia. Si se prueba que Rousseff cometió infracciones, es grave, pero la impugnación es un castigo desproporcionado por administrar mal el presupuesto.

Los brasileños deben ir tras los ladrones y decidir cuál será la suerte de los políticos corruptos y de los incompetentes.

EDITORIAL

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El papa Francisco habla “claro” ante el Congreso de Estados Unidos

por Raquel Godos

muro México
Haciendo suya la “regla de oro” de “no hagas a los demás lo que no quisieras para ti mismo”, el papa Francisco se dirigió ayer al Congreso de Estados Unidos de un modo “claro y conciso” para abordar asuntos claves en el país como la situación de los inmigrantes, la pena de muerte o la pobreza.

La histórica intervención del pontífice, la primera de un santo padre ante el Legislativo estadounidense, no tomó partido explícito por las políticas de unos u otros, demócratas o republicanos, pero sí fue firme en la posición de la Iglesia acerca de asuntos que en Estados Unidos resultan muy divisorios.

En este sentido, Brian Porter-Szücs, experto en catolicismo romano de la Universidad de Michigan, explicó a Efe que ejemplo de ello fue la alusión implícita del pontífice al aborto cuando habló de la protección a la vida, momento que aprovechó para virar su argumento de manera “sorprendente” y pedir la abolición de la pena de muerte, una práctica aún activa en EEUU.

“Mientras escuchaba el discurso del papa ante la sesión conjunta del Congreso me llamó la atención el contraste con otros discursos pronunciados por los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI en ocasiones similares”, dijo el experto.

Según Porter-Szücs, los papas anteriores adoptaron un “estilo retórico” que les permitió estar por encima de los debates políticos mundanos para que la Iglesia “pudiera conservar una postura distante, no partidista”, sin embargo es innegable que “Francisco tiene un enfoque diferente”.

“Habla directamente y, a menudo, específicamente sobre los asuntos que le conciernen. En realidad no difiere de sus predecesores sobre las cuestiones fundamentales, pero las trae a tierra de una manera que no hemos visto antes”, insistió.

Para Daniel Ramírez, profesor asistente de cultura estadounidense en la misma universidad, uno de los asuntos en los que el pontífice fue más claro fue la inmigración, presentándose a sí mismo como “hijo de inmigrantes” y recordando a los congresistas que todos ellos, sin excepción, también lo son.

“Cambió la discusión: ¿Qué hacer con los inmigrantes? Nos recordó que la mayoría de los pueblos de las Américas vinieron del extranjero y que en nuestro tratamiento hacia el extranjero desobedecemos la regla de oro (…) y que esa regla se aplica también a los humanos en todas las etapas del desarrollo”, afirmó.

“En otras palabras, los provida también deben ser proinmigrante”, señaló.

Pese a una fuerte demanda social y presiones tanto de la Casa Blanca como de grupos activistas, el Congreso estadounidense no ha sido capaz de ponerse de acuerdo para legislar sobre una reforma migratoria que ponga solución a las carencias, reconocidas por todos, que sufre el sistema.

El presidente de la Cámara Baja, el republicano John Boehner, fue el artífice de la visita papal al Congreso, pero como puntualizó en conversación con Efe la profesora Silvia Pedraza, también fue quien bloqueó “el esfuerzo de Reforma Integral de Inmigración” de carácter bipartidista que en 2013 logró el consentimiento del Senado.

“Tengo la esperanza de que el discurso del Papa abrirá esta puerta que se había cerrado con un cerrojo”, agregó Pedraza, un deseo que muchos de los congresistas defensores de la reforma migratoria también han compartido, ya que el debate al respecto está en horas bajas.

Francisco, que durante más de media hora planteó sus inquietudes a los legisladores en inglés, hizo alarde de sus dotes comunicativas pese a su falta de control del idioma y se refirió también a la necesidad de que los líderes políticos busquen el bien común.

“Un buen líder político es aquel que, con los intereses de todos en mente, aprovecha el momento en un espíritu de apertura y pragmatismo”, dijo el pontífice ante uno de los congresos más polarizados de la historia de Estados Unidos, a quien instó con vehemencia a cuidar del planeta, “la casa de todos”.

“Un buen líder político -insistió- siempre opta por iniciar procesos en lugar de poseer espacios”. EFE

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Raúl Castro y Obama hablan por teléfono sobre la visita del Papa

También ha abordado la nueva regulación estadounidense de las relaciones comerciales con la Isla.

Raúl Castro y Barack Obama. (NACIÓN)

Raúl Castro y Barack Obama. (NACIÓN)

El general Raúl Castro y el presidente estadounidense, Barack Obama, hablaron por teléfono este viernes, según informó el Gobierno de la Isla.

El régimen explicó que la conversación se centró en la visita del Papa, la nueva regulación estadounidense de las relaciones comerciales con la Isla y la próxima reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas.

La conversación telefónica ha tenido lugar la víspera de la llegada a Cuba del Papa Francisco, informa Europa Press.

Lula: Tenemos todas las condiciones para discutir el futuro. Por eso me gustaría que ningún país retrocediera. Que en este caso la Argentina no retrocediera. Por eso quiero la victoria del candidato que vea la solución en la Unasur, en el Mercosur, en la integración.

Tal como lo hizo con Néstor Kirchner en 2003, Lula decidió hacer pública su opción para las elecciones presidenciales en la Argentina y esta semana viajará a Buenos Aires para pasar varios días en actividades junto con el candidato del Frente para la Victoria. Página/12 lo entrevistó en San Pablo.

Lula é capa hoje página 12

Por Martín Granovsky

Con el pelo más canoso y fuera de la presidencia desde que terminó su segundo mandato el último día de 2010, Luiz Inácio Lula da Silva no perdió ni la sonrisa ni la emoción ni el énfasis. No está retirado de la política brasileña ni mucho menos. Tampoco de la política sudamericana: pasará casi toda esta semana en la Argentina, donde llegará para hacer su tercera apuesta pública fuerte por la candidatura de Daniel Scioli.

El ex presidente brasileño, que asumió el 1 de enero de 2003, conoce al candidato presidencial del Frente para la Victoria desde que era vice de Kirchner. Luego lo trató también como gobernador de Buenos Aires. En abril último lo recibió aquí mismo, en el Instituto Lula, una sencilla construcción entre las lomas del barrio de Ipiranga donde el presidente honorario del Partido de los Trabajadores instaló su base de operaciones. Entonces habló tres horas con Scioli y ambos encomendaron continuar con la relación a sus respectivos equipos. El de Lula, conducido por el ex secretario general de la presidencia Luiz Dulci. El de Scioli, encabezado por su secretario de relaciones internacionales Rafael Follonier, viejo amigo de Lula, de Dulci, de la presidenta Dilma Rousseff y del asesor de la presidencia Marco Aurélio García. Luego, a fines de mayo, el gobernador envió a otro miembro de su equipo, Javier Mouriño, al congreso del PT en Bahía para que entregara una carta de solidaridad. Y Lula la retribuyó mandando un mensaje de aliento en la campaña.

Esta semana, en la tercera participación del ex presidente en la política argentina, que para él es parte de la política regional, aparecerá varias veces con Scioli. Juntos irán a José C. Paz para inaugurar un UPA, una Unidad de Prevención y Asistencia en salud. Juntos irán a La Matanza para que Lula reciba dos doctorados honoris causa, uno de la universidad local y otro de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo que conduce Nicolás Trotta. Juntos estarán con Cristina Fernández de Kirchner en una agenda que todavía está siendo supervisada en los últimos detalles por Clara Ant. Directiva del Instituto Lula, Ant ya viajó a Buenos Aires y estableció su centro de actividad en la oficina de su amigo Pablo Gentili, el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales que vive en Brasil desde hace 20 años y construyó una relación de confianza política y técnica con el PT y Lula. El mismo Lula que aquí llega, abraza a su fotógrafo y documentalista Ricardo Stuckert y a su asesor de prensa José Crispiniano, se sienta, toma café, sorbe agua de su botellita y se prepara para el ping pong.

–Después de que usted se reunió con Scioli aquí mismo, trascendió una frase suya al candidato argentino: “Daniel, tenés que ganar para que la Argentina no retroceda”. ¿Fue así?

–Voy a decir una cosa de todo corazón. Voy a contestar la pregunta a corazón abierto. Tengo una relación muy digna y muy respetuosa con la Argentina. Comprendo perfectamente el papel de la Argentina. Tuve una relación extraordinaria con Néstor Kirchner, y también la tengo con Cristina. Entonces desde Brasil obviamente yo hincho para que Cristina consiga que sea elegido el sucesor que ella quiere ver en la Presidencia. Y más todavía cuando el sucesor es Scioli. Yo hincho para que Scioli gane las elecciones. Quiero que gane las elecciones alguien que quiera mantener una buena relación con Brasil. Alguien que vea a Brasil como socio y no como adversario. Que quiera acrecentar la relación comercial, política y científica entre los dos países. Por eso no debe haber retroceso. Ya sufrimos la era militar. Ya vivimos la etapa de Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso, cuando fueron desmontados el Estado argentino y el Estado brasileño. Después pasamos por momentos de dificultades pero más tarde vino la bienaventuranza para nuestros pueblos. Hoy el momento es difícil. Ahora tenemos que buscar más que nunca esa aproximación.

–¿De qué manera?

–No creo que fuera de América del Sur y del Mercosur tengamos mucha salida. Para volver a crecer tenemos que creer en nuestro potencial. En el potencial del mercado interno del Mercosur y de la Unasur, en la capacidad productiva, en la capacidad de nuestros intelectuales, científicos y nuestros investigadores. No podemos basarnos en la idea de que el Norte es la palanca que nos ayudará. No hay que pensar: “Tengo que ser bueno con Estados Unidos porque me va a ayudar, tengo que ser bueno con Europa porque me va a ayudar, tengo que ser bueno con China porque me va a ayudar”. No. Los primeros amigos de nosotros somos nosotros mismos. Entonces cuidémonos. No podemos hacer política del mismo modo en que usamos el celular. El celular es una desgracia.

–¿Una desgracia?

–Sí. Por más útil que sea. Distancia al que está cerca tuyo y acerca al que está lejos. Invitás a alguien a comer a tu casa. Se sienta en tu mesa, come de tu comida y toma tu vino, pero mientras agarra el celular y habla con Nueva York. Y te quedás solo. La política es lo mismo. Hagamos más política cara a cara. Brasil y la Argentina, Brasil y Venezuela, Brasil y Uruguay, y puedo nombrar a todos los países, ya hicimos todo lo que era posible para explotar nuestro potencial. En vez de filosofar, usemos a nuestros académicos para que piensen lo siguiente, en términos concretos y prácticos: ¿qué falta hacer entre nosotros? ¿Qué falta hacer en cada país? Nosotros, en cada país, ¿qué tenemos que hacer dentro nuestro para que después en forma bilateral podamos hacer algo entre los dos países? A veces pensamos que nuestra solución está en la casa del vecino. No. Ahí no. La solución está en casa. Hay que explorar el tema. Sobre todo en momentos de crisis. Escuchamos que la economía norteamericana va a crecer apenas un 2,5 por ciento, que la europea crecerá 0,5 por ciento, que la economía china bajará su crecimiento no sé cuánto. Dicen, como si fuera una novedad, que el mundo está en crisis. OK, todo bien, pero el mundo está en crisis desde el 2008. Y el mundo está en crisis por una razón. El sistema financiero ya invirtió diez billones de dólares para resolver la crisis del propio sistema financiero y no logró resolver la crisis. Si hubiera invertido la mitad de ese monto para incentivar a los países pobres del mundo tal vez hubiera tenido otra suerte y hubiese acabado con la crisis. En este momento en que todo está más difícil tenemos que pensar qué podemos hacer. Tenemos que examinar cuál es el potencial de nuestro mercado interno.

–¿El mercado interno nacional, el del Mercosur o el sudamericano?

–Hablo de todo. Solo con la sumatoria de 40 millones de argentinos y los más de 200 millones de brasileños llegamos a los 250 millones de habitantes. ¿Qué podemos hacer juntos? ¿Qué podemos flexibilizar? ¿Cuál es el potencial de ese enorme mercado interno conjunto? ¿Cómo ser pujantes otra vez? Ya una vez Brasil y la Argentina llegamos a tener 40 mil millones de dólares de flujo comercial. Es una buena cifra la de 40 mil millones. Entonces hay, como mínimo, un potencial ya experimentado para que volvamos a esa situación. Tenemos todas las condiciones para discutir el futuro. Por eso me gustaría que ningún país retrocediera. Que en este caso la Argentina no retrocediera. Por eso quiero la victoria del candidato que vea la solución en la Unasur, en el Mercosur, en la integración. Es muy importante. Voy a contar el caso de un presidente latinoamericano. Una vez un presidente de Bolivia, Goni, fue a Brasilia a conversar conmigo.

–¿Gonzalo Sánchez de Losada?

–Sí. Goni. Me dijo: “Me quiero acercar a Brasil porque durante toda la historia de Bolivia creímos que los Estados Unidos nos ayudarían”. Me dijo también: “En siglos y siglos nunca nos ayudaron, así que ahora quiero mirar hacia Brasil a ver si tenemos más suerte”. Eso hay que hacer. Creer en nosotros mismos. Por supuesto que respeto el derecho del pueblo argentino a elegir a quien quiera como presidente. Y Brasil tendrá que convivir con quien gane las elecciones en la Argentina. Pero sería extremadamente importante que gane quien tenga vocación integracionista y latinoamericanista y no quien piense que la solución está en el Norte y que el Norte será nuestro salvador.

–¿Qué falta? Hace dos años, durante una reunión en la embajada de Brasil en Buenos Aires, dijo que hacía falta una teoría de la integración.

–Sigue faltando. Pero no es lo único. Voy a contar una cosa. El 2 de abril del 2009 hicimos una reunión del G-20 en Londres. La primera cosa que se dijo allí fue que una de las formas de generar empleo y cuidar el salario era evitar el proteccionismo. Que hacía falta más comercio. Claro, ése fue el plano del discurso político. Pero inmediatamente después en la práctica cada jefe de Estado salió de ahí y comenzó a cerrar su economía. A mí me parece que el proteccionismo es un error. En los momentos de crisis debe haber más comercio, más crédito, más inversiones.

–¿A qué responden las inversiones?

–Las inversiones dependen de la credibilidad que la gente tenga en el gobierno.

–¿Cuál es su concepto de la credibilidad?

–La confianza. Y para lograr confianza hay que convencer a la gente. A todos. Para lograr confianza el Estado tiene que tener capacidad de inversión. Ahora, cuando los Estados se debilitan y tienen menor capacidad de inversión hay que apelar aún más a la sociedad. Hay que saber cuál es la capacidad de financiamiento que tiene la sociedad y qué nivel de crédito precisa. Cuando uno sabe eso se puede hacer que el pueblo vuelva a entrar en el escenario económico de cada país. Si no, ¿qué pasará? No crecerá la economía. Si la economía no crece el Estado no recauda. Si el Estado no recauda el Estado no invierte. Si el Estado no invierte los empresarios no invierten, porque no tienen confianza. Si el Estado no recauda por culpa de ese ciclo el Estado tendrá que aumentar los impuestos. Si el Estado aumenta los impuestos se debilitará políticamente. Es decir: hay toda una ingeniería que no está en los libros de economía. Porque es política. Podés juntar a diez economistas y encerrarlos en una habitación. Les planteás que hay problemas y podés pronosticar lo que te dirán: cortá, cortá, cortá, cortá…

–El famoso recorte.

–Cuando era presidente de la república me cansaba de decir que no era economista pero que adoraba a los economistas, porque cuando están fuera del gobierno saben todo. Yo aprendí economía con mi mamá, que era analfabeta. Cuando cobraba algo por un trabajo tomaba el dinero y lo ponía en sobres. Este de acá es para pagar el supermercado, éste para la cuenta de luz, éste para el agua, éste para viajar al trabajo… Si sobraba algo le daba un poco más a cada uno. ¿Cuál es la lección que yo aprendí? Que uno no puede gastar más que lo que percibe. Que uno no puede gastar más que lo recaudado. Que si querés endeudarte no podés hacerlo más allá del límite de tus posibilidades de pago. Si no podés pagar una cuota del auto nuevo mucho menos vas a poder pagar dos. Si no podés pagar dos, mucho menos tres. Si te metés igual en las cuotas del auto cero kilómetro y no te alcanza después vas a tener que vender el auto a un precio bajo, por menos de lo que vale, para pagar las cuotas atrasadas. Y no te va a convenir. Bien, lo que vale para un ciudadano vale para el gobierno. El gobierno siempre tiene que estar midiendo. Hacer política económica es como manejar las compuertas de una represa hidroeléctrica. Tenés que saber cuándo hay que dejar salir el agua y cuándo no. Hay que gastar lo que se puede gastar, con un límite. Cuando adoptás una política de exención impositiva tenés que saber cuál será la consecuencia. Para el Estado nacional, para una provincia o para una intendencia, no importa. Es el mismo criterio para todo. Lo que importa es la capacidad de recaudación del Estado, porque eso es lo que marcará sus posibilidades de ser inductor en la economía. A mí me parece que el Estado no debe meterse en todo y ser empresario pero sí quiero que sea inductor y pueda convencer a la gente de que hay que hacer tales y tales cosas, con tales y tales prioridades, porque será bueno para todo el mundo. Así se llegará al punto en que la gente creerá. La gente no invierte cuando hay confusión política. Precisamos recuperar esa confianza en la capacidad de inducción del Estado.

–¿De qué manera?

–Del modo en que acabo de plantearlo y, a la vez, sin que por eso tampoco descuidemos la necesidad de generar en todos la convicción de que el Estado no va a derrochar, de que el Estado va a cuidar el bolsillo. También tenemos que tener el coraje de decir a los empleados públicos que el dinero no será solo para ellos sino para todos. Éste es un período en el que intentamos reconstruir lo que hicimos en 2003. La Argentina pasó por un ajuste. Brasil pasó por un ajuste. No fue pequeño. En Brasil fue del 4 por ciento. Mucha gente se fue del PT por eso. Pero hice lo que tenía que hacer: cambiar parte de mi gordura política por un ajuste para ganar credibilidad y poder llegar a los resultados que quería. Y conseguimos hacerlo. Este momento exige otra vez algo así. En economía no existe la magia. Cuando tenés diez dólares en el bolsillo y le preguntás a 50 banqueros, cada uno te va a decir algo diferente. Pero siempre vas a poner el dinero en la institución a la que le tenés más confianza. La que para vos sea la más creíble. Con la economía de un país es lo mismo. Debés generar confianza para la inversión. Previsibilidad. Si no, no te van a seguir.

–¿El recorte ofrece confianza?

–No. Cuando recaudás menos de lo que producís, y gastás más de lo que recaudás, en el Estado o en la casa de un trabajador, está mal. El trabajador no puede viajar a Disney con la familia, comprar otro televisor o una computadora nueva para la hija si no alcanza el dinero. Tiene que tener el coraje de decir que no. Lo mismo con el Estado. Cuando percibe que gastará más de lo que recauda debe parar y hacer el ajuste para evitar que los gastos terminen superando la capacidad recaudatoria. Si, en cambio, el modelo es el ajuste del 2008, nos vamos a dar cuenta de que en todos los países que hicieron un ajuste –en todos, sin excepción– crecieron la deuda pública y la deuda líquida. Grecia es el mayor ejemplo. Hizo el ajuste y la deuda pasó a 186 por ciento del Producto Bruto Interno. Lo mismo los Estados Unidos, que pasaron de 84 a 106 por ciento. Y uno verá el mismo resultado si toma Italia, Francia, Portugal o cualquier otro país. Los ajustes empeoraron las cuentas públicas. El recorte no es la solución sino la señal de que uno es responsable. Es como decir: “No voy a gastar más de lo que tenga y entonces te puedo pedir confianza, paciencia y sacrificio porque vos vas a ver que soy serio”. El ajuste es temporal, para dar un salto de calidad el año siguiente. Es una necesidad. Una responsabilidad. El dinero del Estado no es tuyo.

–¿Cómo juega la crisis internacional?

–Es un elemento grave. Antes el petróleo estaba a 106 dólares el barril, la soja valía oro y el mineral de hierro estaba a 140 dólares la tonelada. Entonces bajó la entrada de recursos. ¿Qué hace uno cuando los recursos disminuyen? ¿Llora? No, se adapta a las nuevas realidades. Y debe pensar en esa adaptación teniendo en cuenta que las víctimas no sean justo los pobres.

–¿El impeachment está descartado en el escenario de la política brasileña?

–No hay ninguna razón, no hay ningún motivo para un juicio político a Dilma. Todo el mundo conoce el carácter de la presidenta. No se puede pensar en un impeachment solo porque hay problemas económicos. Al mismo tiempo hay denuncias de corrupción pero eso debe apartado del ámbito de la gobernanza del país.

–¿Apartado en qué sentido?

–En el sentido de que toda denuncia pueda seguir siendo investigada como corresponde, por fiscales y jueces. Mientras tanto, la obligación de Dilma es gobernar, porque fue electa para cuidar los intereses de 204 millones de brasileños. Entonces, debe concentrarse en eso y entretanto que otros asuntos sean discutidos por otras personas. No es difícil encontrar una salida. Sé que hoy tenemos cierta inseguridad en la base de sustentación política del gobierno por divergencias entre la cámara de diputados y el gobierno, entre los partidos políticos… Pero si recuperamos la armonía política también podremos resolver los problemas económicos. Hace mucho que discuto de economía. Y siempre miro la política. ¿Qué pasó en la Argentina? ¿Acaso muchas veces ustedes no vivieron tensiones? Recuerdo la tensión de hace unos años.

–¿La del 2008?

–Sí, por ejemplo ésa. Me acuerdo de que ante cada crisis uno escuchaba: “Cristina se cae”. O: “Cristina no saldrá indemne de esta crisis”. ¿Y qué pasaba? Que resurgía más y más fuerte, como el ave fénix. En Brasil vivimos lo que yo llamo “irracionalidad emocional”. Tal vez los sociólogos se reúnan a discutir si yo estoy diciendo una estupidez o no. Pero creo en esto que digo. Brasil sigue siendo un país extraordinario, con un potencial fabuloso. Brasil tiene 300 mil millones de dólares de reservas. Nunca tuvimos esa cifra. Solo tenemos un desajuste en la economía, pero para una economía del tamaño de la brasileña el desajuste no es grave. Es como una fiebre de 39 grados. ¿Alguien se muere por 39 grados? Toma un remedio y listo. El remedio que corresponda, claro.

–¿Cuál sería el remedio?

–Que los brasileños recuperen la autoestima, que recuperen la confianza en Brasil. Que se convenzan de que no se acaba el mundo. Como el ascenso social fue tan impresionante mucha gente puede estar preocupada. En 12 años colocamos más estudiantes en la universidad de lo que la élite brasileña había hecho ingresar en un siglo. Los pobres empezaron a viajar en avión y ya no quieren volver al ómnibus para distancias muy largas. La gente no quiere perder lo que alcanzó. Mucha gente de la clase C viajó a la Argentina.

–La nueva clase media.

–Sí. Y volvían con una alegría extraordinaria. Antes no pasaba. La ilusión suprema era poder tener dinero para comprar el pasaje de 30 horas de ómnibus y visitar a los padres en el Estado natal. Ahora lleva dos horas. Hubo ascenso social en la escuela, en el empleo… Doce años de aumento de salarios. De 1.700.000 autos por año a más de cuatro millones. Es mucho. Por eso la desesperación: la gente tiene miedo de que se termine lo que avanzó. En ese contexto el papel del gobierno es que la gente tenga la certidumbre de que no habrá vuelta atrás. Y el gobierno tiene que estar convencido de eso. En 2008, cuando comenzó la crisis, la prensa de Brasil y del mundo decían que el comercio mundial caía porque la gente tenía miedo de perder el empleo y entonces estaba dejando de comprar bienes. Fui a la televisión e hice un pronunciamiento de ocho minutos. Dije: “Es verdad que vos podés perder el trabajo. Pero es más verdad aún que si parás de comprar cosas el comercio se detendrá, la industria fabricará menos y el riesgo de perder el empleo será mayor. Apelo al pueblo brasileño. Compren. De forma responsable y solo si pueden pagarlo”. Querido mío, el resultado fue que ese año las clases C y D gastaron más que las clases A y B. Entonces, creo que el gobierno tiene que estar convencido de esa necesidad. No hablo ni del ministro de Hacienda ni de cualquier economista. Hablo de la decisión política. Tomo un avión. Se cae en medio del Océano Atlántico. ¿Para dónde voy? Tengo que tomar una decisión. Debo moverme. No puedo quedarme parado porque si no me voy a encontrar con la muerte. Es momento de arriesgar. Hagamos lo que nunca hicimos. En la Argentina, en Brasil, en todos lados. Y yo insisto: la solución es más política que económica. Si nosotros elegimos la solución económica correcta habremos acertado en política. Si acertamos en política habremos solucionado la economía. Nunca pierdo mi optimismo ni creo que lo que debemos hacer sea difícil. Brasil puede salir de la situación actual. ¿Por qué? Porque el tipo está comiendo bien y no debe tener miedo de que al día siguiente se quede sin comida. Porque no se va a quedar sin comer. El tipo trabaja pero tiene miedo. Teme perder el empleo. Entonces todo va a ser peor. ¡Basta de miedo, los problemas tienen solución! Esa es la tarea de la compañera Dilma. Y tiene las condiciones para hacer esa tarea con éxito.

Au Brésil, la NSA a espionné Dilma Rousseff et ses ministres

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Les Etats-Unis ont espionné la présidente brésilienne Dilma Rousseff, mais également plusieurs de ses ministres et ambassadeurs, et jusqu’à son avion présidentiel, révèlent de nouveaux documents publiés conjointement samedi 4 juillet par le site WikiLeaks et le quotidien brésilien O Globo.
« Même au cours de ses voyages officiels, la présidente Rousseff n’était pas à l’abri d’être écoutée puisque (…) le service de téléphonie satellitaire Inmarsat de l’avion présidentiel » était espionné, écrit WikiLeaks.

Le spectaculaire retour sur scène de WikiLeaks. In Le Monde

Les USA ont espionné le Brésil

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Par Lefigaro.fr

Les Etats-Unis ont espionné la présidente brésilienne Dilma Rousseff, mais également plusieurs de ses ministres et ambassadeurs, et jusqu’à son avion présidentiel, révèlent des documents publiés conjointement samedi par le site WikiLeaks et le journal O Globo.

“Même au cours de ses voyages officiels, la présidente Rousseff n’était pas à l’abri d’être écoutée puisque (…) le service de téléphonie satellitaire Inmarsat de l’avion présidentiel” était espionné, indique un communiqué publié par WikiLeaks. Les ministres de l’Economie, des Affaires étrangères, le président de la Banque centrale, le chef de cabinet de la présidente, de même que les ambassadeurs en Allemagne, en France, aux Etats-Unis et à Genève ont tous été surveillés par l’Agence de sécurité nationale (NSA) américaine au cours du premier mandat de Mme Rousseff (2010-2014), selon ces documents.

La liste des cibles brésiliennes des écoutes de la NSA révélées par WikiLeaks et Globo contient 29 contacts et livre de nouveaux détails sur le scandale d’espionnage mondial opéré par les Etats-Unis révélé en 2013 par l’ancien sous-traitant de la NSA Edward Snowden, aujourd’hui réfugié en Russie. Après ces premières révélations concernant l’interception des conversations de la présidente, Mme Rousseff avait annulé un voyage officiel aux Etats-Unis, qui s’est finalement déroulé fin juin.

“Si la présidente Rousseff veut attirer de nouveaux investissements américains au Brésil (…) comment peut-elle assurer aux entreprises brésiliennes que leurs homologues américaines ne bénéficieront pas d’avantages grâce à cette surveillance ?”, interroge Julian Assange, fondateur de WikiLeaks, dans ce communiqué. Ces nouvelles révélations sur l’espionnage de la NSA s’ajoutent à celles faites ces dernières semaines sur la surveillance des gouvernements français et allemands, notamment, grâce à des documents obtenus par WikiLeaks.