Réquiem sem música de Edna St. Vincent Millay

Réquiem sem música
De Edna St. Vincent Millay
Tradução de Celso Japiassu

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Não estou resignada em se encerrarem corações amantes no áspero chão.
É assim, e assim será pois sempre foi assim pelos tempos afora: Na escuridão eles partem, os sábios e os gentis. Coroados
de lírios e de louros eles se vão; mas não estou resignada.

Amantes e pensadores estão dentro da terra contigo.
Juntos com a poeira inútil e opaca.
Um pouco do que sentias, do que tu sabias,
Uma fórmula, uma frase permanecem – mas o melhor está perdido.

As respostas rápidas e sábias, o honesto olhar, o riso, o amor, –
Eles se foram. Eles foram alimentar as rosas. Elegante e sinuosa
é a flor. Perfumada é a rosa. Eu sei. Mas não estou de acordo.
Mais preciosa era a luz em teus olhos do que todas as rosas do mundo.

Dentro, dentro, dentro da escuridão da tumba
Suavemente eles se vão, o belo, o terno, o gentil;
Quietamente eles se vão, o inteligente, o sábio, o bravo.
Eu sei. Mas não estou de acordo. E não estou resignada.

millay

 

 

Dirge Without Music

.

I am not resigned to the shutting away of loving hearts in the hard ground.
So it is, and so it will be, for so it has been, time out of mind:
Into the darkness they go, the wise and the lovely. Crowned
With lilies and with laurel they go; but I am not resigned.

Lovers and thinkers, into the earth with you.
Be one with the dull, the indiscriminate dust.
A fragment of what you felt, of what you knew,
A formula, a phrase remains,—but the best is lost.

The answers quick and keen, the honest look, the laughter, the love,—
They are gone. They are gone to feed the roses. Elegant and curled
Is the blossom. Fragrant is the blossom. I know. But I do not approve.
More precious was the light in your eyes than all the roses in the world.

Down, down, down into the darkness of the grave
Gently they go, the beautiful, the tender, the kind;
Quietly they go, the intelligent, the witty, the brave.
I know. But I do not approve. And I am not resigned

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Entrevista inedita con Pedro Lemebel. Del sexo lumpen al amor de madre

ENTREVISTA INEDITA
Una tarde con Pedro Lemebel

 

Imagen - Sebastián Freire

Imagen – Sebastián Freire

En junio de 2012 la Petra recibió en su casa a Facundo R. Soto. El resultado fue una entrevista que no se publicó en ese momento, a la espera de un segundo encuentro que Lemebel fue posponiendo con evasivas y promesas de muchos más detalles jugosos. Aquí, algunas de las perlas de aquella charla que va del sexo lumpen al amor de madre. In Página 12

 

1. Vengo a pedirle una entrevista
Me abrió la puerta un chico alto, moreno y con barba. Pensé que era árabe o brasileño, pero después me enteré de que era peruano. Detrás de él, Pedro. Inclinado como si quisiera espiarme, para ver cómo era, me miraba con la mano en la cabeza. Tenía un gorro, un pañuelo en la garganta y llevaba un pantalón violeta de pana. Hablaba en susurros y se esforzaba para hacerse oír. Me contó que la semana anterior le habían dado de alta después de la operación de laringe. Esa tarde iba a ser el primer día que volvería a comer. Llevé masas secas para tomar el té. Pedro, acercándose, me contó que él y Alfonso (el morocho de barba) no habían almorzado. Eran las cuatro de la tarde. Se metió en la cocina para ver cómo iba el pastel de papas. Pedro abrió el horno. El olor a carne llegó al living, donde yo me había quedado mirando los cuadros. Había cuatro: uno era un collage, con fotos, recortes y escrituras, muy dadaísta. Estaba hecho sobre una cartulina apelmazada por el tiempo, con manchas de humedad, pegado en un cartón enmarcado en vidrio. El que estaba al lado era una serigrafía plateada. Tenía a un hombre con cables en la cabeza. No podía sacarle la mirada a ninguno. Después, descubrí que había otro. Parecía un Liechtenstein auténtico. De hecho se llamaba así, y era el retrato de Liechtenstein, pintado con su técnica y color.

Cuando Pedro volvió al living le pregunté si era un original. Me dijo que no, que era un Liechtenstein pintado por un chileno. Volvió a la cocina y me llamó desde la oscuridad. Me preguntó si quería comer. Le dije que no, que un té estaba bien. Volvió a abrir el horno. Alfonso sacó la fuente y Pedro lo espolvoreó con azúcar. Regresamos al living y nos sentamos en el sillón. Sonaba un disco, en un tocadiscos con púa. Me preguntó por “las chicas”: La Noy, Marlene Wayar, Lohana. No sé cómo sacó el tema de la paranoia de los escritores. Le llamaba “paranoia” a los escritores que persiguen el reconocimiento del público, la crítica y sus compañeros, sin importarle nada. “Lo pierden todo, por el reconocimiento –me dijo–, nadie, a excepción de dos o tres en Chile pueden vivir de la escritura. Ni la Marcela Serrano –ya bajaron sus ventas–, ni siquiera Ricardo Piglia. Acá, la única que puede, creo, es la Isabel (Allende). Yo tampoco tengo el reconocimiento que debería tener, pero eso ya no me importa.” Después cambió de tema: “¿Cómo están las cosas allá? Es arriesgada la Cristina, arriesgada”, repitió sacudiendo la mano y dando carcajadas. Me preguntó por la ley de matrimonio igualitario y la de género, y en qué estado estaba el tema de la despenalización del “fasito”. “Vamos por buen camino, vamos bien.”

Le pregunté si Alfonso era su pareja. Me dijo que no, que era un amigo. Que lo conoció cuando lo esperaba en la puerta de un lugar donde él trabajaba, que caminaban charlando y así se hicieron amigos. “¿O me tengo que coger a todo el mundo?”, me preguntó molesto. Le dije que estaba de acuerdo con lo que decía, que “todavía existía el mito de la loca comehombres, pero que nosotros sabemos que tener sexo es fácil, lo difícil es encontrar amor”.

2. Las tres más fuertes
Después me contó que lo más fuerte que le pasó en la vida era lo que estaba viviendo en ese momento: la operación del cáncer en la garganta. “Es el segundo cáncer que me sale en el mismo lugar.” Después de la primera operación, el médico le pidió que no siguiera tomando alcohol, y él continuó tomando. Cuando el médico le preguntó cuánto bebía, ¿dos o tres copas de vino, por día?, Pedro asintió con la cabeza, pero en el fondo respondía: ¡tres botellas! Me preguntó si los escritores en la Argentina eran de hacer culto a la bebida. No alcancé a responderle que él se respondió: “No, eso es muy de los americanos”.

La otra cosa más fuerte, la muerte de su madre. Me dijo que desde que murió la mamá tomaba una pastilla para dormir y asimismo dormía sólo cuatro horas. Preguntó de pronto por qué había menos lesbianas, o si era que no hacían pública su homosexualidad. Me dijo que una amiga torta le había dicho que era porque los gays eran hombres y que también respondían al patriarcado hegemónico. Pedro dijo y ahora me repitió que era porque eran más cagonas.

Y la tercera, haber conocido el amor. Me dijo que fue hace poco, el año pasado, que hasta el momento tenía disociado el sexo del amor. Que estaba acostumbrado a tener sexo en lugares lumpen, debajo de un puente, en baños; siempre rápido y a escondidas, mi niño. “Yo no estaba acostumbrado al amor, ni hacerlo en una cama de rosas”, me dijo mirando el techo. El año pasado, Pedro estaba saliendo con un chico de Valparaíso que tenía 38 años y pintaba cuadros. Las veces que él fue a su casa fueron un desastre. Tenían que andar escondiéndose. El chico no quería que su familia se enterara de que andaba con otro hombre. Caminaban por calles poco transitadas, tenían que viajar en taxi, y cuando veían gente se cruzaban de calle, porque Pedro es una figura conocida en Chile. Tuvieron la mala suerte de toparse de frente con la hermana de su novio, y fue un momento de tensión. En lo sexual también eran un desastre. El chico quería sexo y Pedro, amor. Su novio empezó a ir a un psiquiatra, que le dijo que no era gay. Hasta ahí llegaron. Pedro no quiso volver a verlo. “Pero yo siempre fui un enamoradizo, pero esto fue otra cosa.”

3. Secretos en la infancia
Me contó que cuando él era chico vivió en un barrio alemán, en las afueras de Santiago. En su cuadra vivían los hijos de los mapuches y los obreros. Recordó a un grupo de chicos más grande que él jugando a la pelota. El que perdía tenía que hacerle la paja a otro, del equipo ganador. El juego iba creciendo y el que perdía tenía que darle un beso en la pija al otro. El no se enganchaba en ese juego porque –me dijo– los chicos con los que él jugaba eran más chicos. En silencio miraba cómo jugaban los más grandes. Le pregunté si él, después, cuando creció, pudo jugar como los otros chicos. Me dijo que sí, pero que las cosas que hacía las guardaba en secreto, mientras que los demás chicos lo contaban. “Las cosas ahora son taaaan diferentes de como eran antes… Antes, las mujeres no se la chupaban a sus maridos, ni lo hacían por atrás; para eso estábamos nosotrxs. Ahora todo cambió tanto… En una época, había teteras en la Biblioteca Nacional, en uno o dos lugares más y nada más. Pero Chile nunca se caracterizó por eso, como Buenos Aires.” Me preguntó si seguían existiendo las teteras de Constitución, las de los subtes, las de los McDonald’s. “Acá todo es muy distinto, ¿sabes? –me dijo–, ya casi ni hay taxis boys en la Plaza de Almas, como antes. Ahora todo es por Internet. Y si llamás a un taxi, de los que se ofrecen por Internet, no podés ni hablar dos palabras con ellos. ¿Sabés una cosa, mi niño? Los hombres no aman a las mujeres.” ¿Las quieren como madres?, le pregunté. “Los hombres aman a otros hombres, no a ellas. Por eso ellas sufren tanto y siempre están reclamando que los maridos las quieran. Porque no las quieren de verdad… Los hombres no aman a las mujeres”, volvió a decirme, y pensé en ir al baño para anotar la frase.

4. El almuerzo desnudo
Le pregunté si pensaba que existía una literatura gay. Me miró como fulminándome, se quedó un rato atravesándome con sus rayos. “Ese es un pensamiento falocéntrico, machista, pensar que hay una sola literatura y que gira alrededor de lo que esa persona cree que es literatura. Hay tantas literaturas, mi niño, como peluquerías para mujeres, y gays que salieron de la peluquería. Hay literatura para gays y literatura hecha por gays. ¿Por qué negarlo?” Mientras Alfonso ponía la mesa frente a la ventana, Pedro y yo llevábamos las sillas de la otra mesa. En el pequeño patio había dos columnas de yeso con plantas. Las plantas estaban ordenadas, muy prolijas, formando un semicírculo. Adentro, el piso de parquet brillaba. La mesa tenía un camino tejido al crochet. Me pareció que estaba sentado en la casa de mi abuela. Pedro se sentó enfrente de mí. Apareció Alfonso con un tenedor. “Nooo, ése no. Tráeme otro”, gritó Pedro como una loca histérica. El chico se fue y volvió con otro tenedor. El pastel de papa largaba humo. No era de carne roja, porque Pedro no come carne roja, sino de pavo. Todavía no podía tomar agua, “porque el esfuerzo de las cuerdas vocales con el agua es otro”, me dijo. Alfonso le trajo jugo. “Es más espeso, y hago menos esfuerzo para tragarlo”, me explicó. “Tampoco puedo tomar té, pero estamos pensando en comprar un vaporizador para fumar marihuana, porque si no puedo tomar agua menos voy a poder fumar. Es imposible. ¿Sabés lo que más me duele de todo esto? Que no puedo beber.”

–¿Y qué te da la bebida que la extrañás tanto? –le pregunté.

–Intensidad… Intensidad. Lo que me falta es intensidad.

Seguía hablando en susurros. Comía con ganas.

–Qué bueno es comer.

Cazuza, A via-crúcis do corpo

A VIA-CRÚCIS DO CORPO
por Cazuza

 

O homem pode ter suas fêmeas
Mulheres podem ter seus machos
Tudo é possível no amor
Só não volta a infância perdida
Só não nos livramos de morrer à toa

O amor pode não ter ciúme
A dor pode ser disfarçada
Mas a via-crúcis do corpo
Já foi há muito traçada

Meu Deus, estamos abandonados
E só nos resta matar
Meu Deus, como a vida é amarga
E doce como chocolate

Será que eu tenho um destino?
Não quero ter a vida pronta
Como um plano de trabalho
Como um sorvete de menta

Matei, mataria mil vezes
E mil vezes não me arrependeria
Quem mata por amor tem perdão
Porque o amor é a morte

A comida na mesa
Os vasos de jasmim
O corpo do ser amado
Enterrado no jardim

Deus, por que não me procuras?
Tenho sempre que ir a ti
Deus, estamos cansados
Está tudo desequilibrado

Meu crime é um crime comum
Minha infância está perdida
Não há nada demais em matar
O escroto que não te ama

A via-crúcis do corpo
O mundo caminha assim
A via-crúcis da alma
Essa nunca vai ter fim

 

Cazuza

 

RÉQUIEM PARA CAZUZA
por Talis Andrade

 

Cazuza se foi para a Grande Viagem
Certeira flecha atravessou-lhe o coração
o incidido coração de pajem
Certeira flecha atravessou-lhe o coração
de pássaro

O belo corpo amado pelos erômenos
o corpo desejado pelas ninfetas
cobriram de cravos brancos
e crisântemos
O corpo devorado pelas dores do mundo
encerraram em um esquife de chumbo

O esquife selado inumaram
em um jazigo de concreto
indestrutível impenetrável abrigo

O belo corpo tocado
por milhares de fãs
O corpo desfrutado
nos camarins
O corpo adorado
nos palcos e camarotes
O corpo sangrado
nos botequins
jaz prisioneiro
em um canteiro
de lixo atômico

Cazuza se foi
O coração de anjo
cortado em pedaços
Diante de tanta festa
nem parece a morte veio
armada de arco e flecha
Diante de tanta festa
nem parece a morte veio
roubar as maçãs de ouro
da juventude em flor

 

 

Clarice Lispector e Ferreira Gullar

 

MEU POETA JORNALISTA

.

Não te amo mais
Estarei mentindo dizendo que
Ainda te quero como sempre quis
Tenho certeza que
Nada foi em vão
Sinto dentro de mim que
Você não significa nada
Não poderia dizer mais que
Alimento um grande amor
Sinto cada vez mais que
Já te esqueci!
E jamais usarei a frase
Eu te amo!
Sinto, mas tenho que dizer a verdade
É tarde demais…

 


Esta poesia é para ser lida de baixo para cima.

A autoria continua desconhecida, embora circule pela internete com a assinatura de Clarice Lispector.

Apesar de não ter escrito versos, Clarice Lispector publicou crônicas e contos que parecem poemas em prosa.

O importante é lembrar Clarice.

Clarice Lispector © Bluma Wainer

 

MORTE DE CLARICE LISPECTOR
por Ferreira Gullar

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Enquanto te enterravam no cemitério judeu
de S. Francisco Xavier
(e o clarão de teu olhar soterrado
resistindo ainda)
o táxi corria comigo à borda da Lagoa
na direção do Botafogo
E as pedras e as nuvens e as árvores
no vento
mostravam alegremente
que não dependem de nós

Versos de Cris Massarelli

Prossigo para o alvo
Filipenses 3:13

Que a nossa escolha
seja atirar-se no que está
em nossa frente a começar
pelo dia chamado hoje!

Quase

Ainda pior que a convicção do não,
a incerteza do talvez
a desilusão de um quase.

É um quase que incomoda,
que entristece,
que mata
trazendo tudo
que poderia ter sido
e não foi.

 

massa 2

Há momentos na vida
não é necessário mostrar a beleza aos cegos
e nem dizer a verdade aos surdos.

Não convença as pessoas com grandes palavras,
mas as surpreenda com pequenas atitudes

 

Eu sigo sorrindo,
mesmo que às vezes chore.

Estou sorrindo agora.
Sim, eu sou estranha,
mas querem saber?
Eu amo ser.

massa 3

 

A paixão grita
Mas o medo do amor
me deixou surda.

 

Muitos vão te olhar te julgar … deixe estar!
Você sabe o quanto é grande seu coração
e conhece os motivos que te fazem chorar

 

roça cris

Não tenho medo da morte
Meu medo
depender de algo
que me daria razão
pra viver.

 

Todo dia morro um pouco,
e faço meu próprio enterro.

 

estrada massa

Preciso seguir em frente,
é claro que preciso,
mas aonde quero chegar?

 

Texto e fotografias in Facebook

Cris Massarelli

Cris Massarelli

Oh morta, tão gelada é sua pele
Ordeno que a vida se congele!
E espere o frescor da sua veste
Oh ninfa sepulcral do cemitério
Não ha nada mais frio que o seu semblante
A brancura que envolve-a de mistério
Parece deslizar aos rios de Dante.
Trazendo todo inferno de Sodoma
Ondas de lava em fogo, calmarias
Que gritam como monstros na redoma
Em um estado típico de coma
Onde eu enterro os ossos das poesias
Velando o seu aroma

Cris flores

Quando Deus está no jardim
As flores florescem
Mesmo quando não é primavera!

Cris nao foge

Não foge,
Não se esconda,
esconder é o princípio do fim,
não se feches tanto assim.

Poemas de Mário Gomes. “Uma violenta orgia universal”

 

Deivyson Teixeira

Deivyson Teixeira

Sou um cachorro vira-lata

Sou um cachorro vira-lata
Não tenho residência fixa
Não tenho responsabilidades
Não tenho dono.
Mas, também, não me falta sexo
Porque conheço lindas cadelas
De tipos diversos.

Onde chego procuro alimentos
Fumo na hora em que me é propício
Um cigarrinho com filtro ou sem.

Sou um cachorro fiel e valente
(Só na aparência)
Pois, sou um cachorro vira-lata.

 

Quando eu morrer

Quando eu morrer
Irão distribuir minhas camisas,
Minhas calças, minhas meias, meus sapatos.
As cuecas jogarão fora.
Ninguém usa cueca de defunto.
Irão vascular minha gaveta.
Vão encontrar muita poesia,
Documentos e documentários.
Só sei dizer
Que foi gostoso viver.
Sentir o amor e proteção de minha mãe.
De conhecer meus irmãos, meus amigos.
De vê de perto as mulheres.
Só posso deixar escrito:
“obrigado vida”.

 

Elegia trancendental
uma estrelinha no céu morreu.
as outras fizeram-lhe enterro.
as nuvens choraram.
a lua fez o velório.
jesus celebrou uma missa.
e eu fiz esta elegia
enquanto o céu ficava de luto.

 

Uma violenta orgia universal

Olhei o sol.
Me irreitei
E larguei a mão na cara dele.
No qual ele ficou
Desacordado por 12 horas ininterruptas.
Dei um ponta-pé nos ovos da terra.
Afastei São Jorge
E mantive relações sexuais com a lua.
Pisoteei o cadáver de satanás
Numa esquina encontrei-me com Deus
E saímos abraçados: rindo e cantando…. Chovia