Campeonas. Un video se viralizó durante la final del Mundial de Fútbol Femenino, en Canadá.

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Un beso ha recorrido los principales portales de noticias, no sólo los de deportes: Abby Wambach, la goleadora de la selección de futbol estadounidense, después de la consagración, corre a festejar en los labios de su novia, Sarah Huffman.

¿Qué será lo que llama tanto la atención de este clip brevísimo?

El beso puede ser ostentación pública de afectos, declaración de principios. Robado, furtivo, de despedida, de relax, sello del contrato matrimonial, o vuelta de página de la Historia (como el de la famosísima foto de Alfred Eisenstaedt, que a su manera también ha sido viral: ésa en la que dos amantes celebraban el fin de la Segunda Guerra).

El beso puede ser símbolo de triunfo del amor romántico, pero también de otras conquistas: es con un apretón de bocas entre ganador/a y su acompañante que se festejan para la cámara los galardones.

La nacionalidad de estas dos deportistas enamoradas no es un dato más. Este beso de la victoria vale más que mil palabras no sólo en el contexto deportivo, sino en el de un país que desde el 26 de junio ha ganado puntos en igualdad. In Página 12

Por que as conquistas históricas do futebol feminino não saem na mídia

Noite de terça (9), Montreal, Canadá. Abertura da Copa do Mundo de Futebol Feminino. A seleção brasileira estreia com vitória de 2 x 0 sobre a Coreia do Sul. Mais do que isso, registra dois feitos históricos. No início do 2º tempo, Marta, cinco vezes eleita a melhor jogadora do mundo, balança a rede em cobrança de pênalti, atinge a marca 15 gols em mundiais e se torna a maior artilheira da história campeonato.

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Por Najla Passos

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Por que as conquistas históricas do futebol feminino não saem na mídia? Antes disso, ainda no 1º tempo, Formiga, 37 anos, 20 de seleção brasileira, abre o placar e se transforma na jogadora mais velha a marcar gol em mundiais.

Pouquíssimos brasileiros, porém, comemoraram a tripla conquista da noite de estreia. Os feitos nem chegaram a ser assunto nas rodas de conversas da semana. A maioria das pessoas sequer ficou sabendo. As marcas das maiores jogadoras do dito “país do futebol” obtiveram pouco espaço na imprensa comercial, inclusive na especializada. Por que Ronaldo, o fenômeno, que também ostenta a marca de 15 gols em mundiais, tem muito mais visibilidade? Por que o menino Neymar, qualitativamente distante de marcas como estas, é quem frequenta as primeiras páginas dos jornais?

Professora do Bacharelado em Estudos de Gênero e Diversidade da Universidade Federal da Bahia (UFBA), Maíra Kubik afirma que a mídia tende a reproduzir estereótipos e, por isso, nela, a mulher ocupa apenas seus papeis mais tradicionais, como o de dona de casa ou de mãe. “Pesquisas demonstram que, por exemplo, em matérias de economia, a mulher é entrevistada no supermercado para falar sobre o aumento dos preços, enquanto os homens são os economistas, que comentam tecnicamente”, exemplifica.

No caso específico do futebol, ela aponta que a mulher é tratada muito mais como “musa” do que como “atleta”. “No Brasil do machismo, o lugar da mulher não é no futebol, que ainda tido como um nicho masculino. E, por isso, mesmo conquistas valorosas como a de Marta e Formiga não ganham visibilidade”, esclarece.

A professora destaca que estudos críticos da imagem demonstram que o machismo na cobertura esportiva é tão grande que, mesmo quando as mulheres conseguem algum espaço, são retratadas em ângulos que visam destacar partes especificadas dos seus corpos, de forma a retratá-las muito mais como objeto sexual do que elas como atletas.

Machismo à espreita

A militante feminista Isa Penna acrescenta que, independente do aspecto que você analisar a cobertura da mídia esportiva brasileira, irá encontrar o machismo à espreita. De acordo com ela, até mesmo no jornalismo esportivo o papel da mulher é diferente. Os homens são os comentaristas. Elas, as apresentadoras. “As mulheres funcionam quase como enfeites. Quem dá a linha editorial da cobertura são os homens”, denuncia.

Isa observa que o machismo também está estampado nos salários pagos. Enquanto os jogadores chegam a negociar cifras bilionárias, as mulheres ganham entre R$ 320 e R$ 2 mil. Há apenas dois anos, em 2013, os salários delas, embora baixos, variavam de R$ 800 a R$ 5 mil. “Isso mostra que, neste momento de crise econômica, os patrocínios para o futebol feminino são os primeiros a serem cortados”, observa.

Ela acrescenta que, atualmente, há 800 times de futebol masculino inscritos nos campeonatos regionais. Já os femininos são apenas 175. “Em São Paulo, os principais clubes não tem seleções femininas. O Santos, que tinha, fechou recentemente, com a velha desculpa de que falta patrocínio”, relata.

O jornalista esportivo José Roberto Torero avalia que o futebol feminino ainda é muito desconsiderado não só no Brasil, mas em vários outros países com tradição no esporte. De acordo com o jornalista, o futebol feminino só se destaca mesmo nos países em que o masculino não é forte, como na Suécia, na Noruega e nos Estados Unidos. “Parece que as mulheres ainda não têm licença para jogar futebol”, afirma.

Dentre os fatores, ele também cita o machismo, que faz com que o público encare os esportes mais brutos, de maior contato, como genuinamente masculinos. “Vôlei, que não tem contato, mulher pode jogar. Basquete, fica o meio termo. Mas futebol, não”, esclarece. O jornalista esportivo lembra também que as mulheres vêm conquistando espaço em práticas como a natação e o atletismo, mas, mesmo no país do futebol, não rompe a barreira dos espaços exclusivos dos homens.

Torero afirma que, mesmo na cobertura do jornalismo esportivo, o papel da mulher ainda é escasso. “Jogadoras como a Marta e a Formiga teriam muito a contribuir como comentaristas, mas não são sequer convidadas para falarem sobre partidas masculinas. O máximo de espaço que as mulheres ocupam é para comentar partidas das próprias mulheres”, observa ele.
Fonte: Carta Maior/ Portal Vermelho

Bien puestas. Mujeres con pelotas

Las que juegan al fútbol no son mujeres (¡machonas!, ¡lesbianas!) se podría decir parafraseando a Monique Wittig. A mucha honra, los dos equipos que protagonizan el documental Mujeres con pelotas no sólo la mueven, sino que patean tipos y estereotipos.

Por Clara Laura Gualano

 

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“La vida, como el potrero, tiene el pique desparejo/ algunas te caen al pie, las otras se corren lejos”, reza el tango. Y si a Lionel Messi la pelota le cayó cerca es porque desde la cuna le aplaudieron la habilidad para el jueguito que lo perfilaba –según esa ansiedad tan incontrolable de los padres de los niños-promesa– como una súper star del deporte. Hasta hay un video en YouTube de Lío jugando de chiquito como el de Maradona en el potrero. Ahora, ¿vieron ustedes alguna vez esa misma ansiedad paterna (¡o materna!) siguiendo con la cámara el jueguito de la nena? Bien lo explica, consultado para el documental, el periodista deportivo y ex seminarista Gastón Recondo, cuando dice que para jugar bien al fútbol hacen falta los genes (sí, genes) XY, porque si no el deporte se torna aniñado y poco estimulante. Ahora, si a la nena no se la filma desde chiquita, después de grande quiere todo el protagonismo para ella, que la filmen, que la graben, no se conforma con una medalla y un cuadrito. O por lo menos esto les sucedió a las chicas de Las Aliadas de la Villa 31, protagonistas del documental Fútbol con pelotas. Las muertas, el segundo equipo aquí retratado pertenece al grupo de Fútbol descolonizador. Tampoco son chicas de club, juegan en las plazas de Chacarita no enrejadas y además formaron una agrupación denominada Comando Antipajeros. Dos realidades distintas para estos equipos unidos por la misma pasión.

Rejas y piropos, no

“A toda la hinchada se le notifica que la histórica y mítica relación monogámica entre el hombre y el fútbol ha sido rota. Las minas en jugada magistral hemos robado la pelota y enhebrado un centro de ensueño dentro del área chica de la cultura patriarcal que concluyó en impecable y certero gol de cabeza y al ángulo.” Así comienza el manifiesto Fútbol Descolonizador. Jugar en el descampado evoca el potrero que miraban con la ñata contra el alambrado cuando los pibes se apropiaban de ese objeto de deseo (¿o de transferencia?) que es el balón. Ahora todos los martes se autoconvocan en Plaza los Andes de Chacarita. Venidas de espacio de socialización común ligados al feminismo y a la militancia de género, recuerdan al pasar que alguna hétero amiga de una amiga vino a jugar alguna vez. Aunque la relación del erotismo entre chicas y fútbol no es uno a uno (“unir lesbianismo y deporte puede ser tomado como un argumento de discriminación”, dicen) quizás a veces salgan gritando de la cancha “¡las chongas somos lo máximo!”.

Si imaginamos un videojuego donde las chicas van venciendo obstáculos, el primer nivel fue tomar las calles y descolonizar el juego. El segundo arremetió contra la lengua del conquistador, esa perversa que en cualquier contexto les grita: ¡pero qué lindo culo, mamita! Cuando se dieron cita el año pasado para uno de los festivales-torneos que organizan, a un tipo que andaba por ahí se le ocurrió provocarlas intentando una masturbación en un banco de la plaza frente a todas las jugadoras que, sudando la camiseta, se le paseaban en frente con short y manguita corta. No sabemos fielmente cómo terminó ese hijo del patriarcado, pero lo que sí sabemos es que su hazaña de machito precipitó el nacimiento del Comando Antipajeros, una agrupación que reúne a muchas de las integrantes de Fútbol Descolonizador –y a otras que se conectaron vía Facebook– para hacer pintadas y escraches con consignas tales como: “Si puedo hacer una torta, puedo hacer una bomba” o “Si el patriarcado es una verga, hagámoslo concha” o “No quiero tu apoyo”. En la última semana el elogio del culo femenino realizado por el jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, les atizó el fuego. “No nacimos para provocarte, tu estupidez nos provoca. Macri pajero. Basta de acoso callejero”, salieron a stenciliar en los paredones.

Goals for girls

El documental Mujeres con pelotas –dirigido por Ginger Gentile, una estadounidense que se fascinó con la historia de Las Aliadas, y Gabriel Balanovsky– lleva a este equipo a dar una artística vuelta olímpica por el mundo. Lejos de aparecer victimizadas, las integrantes sueñan con un futuro en el que nuestro país cuente con clubes especializados en fútbol femenino y en el que los oficiales empiecen a invertir más dinero en el entrenamiento de niñas desde las inferiores. Si bien Boca, River, San Lorenzo, Argentinos Juniors, por nombrar sólo algunos, cuentan con equipos, la falta de profesionalización hace que sus integrantes no perciban un sueldo –ni hablar de los cachés que se pagan a la primera división– y trabajen de cualquier otra cosa a la par del entrenamiento. Desde la ignorancia y la desfachatez, las declaraciones de los hinchas de fútbol, periodistas deportivos y hasta autoridades de la AFA revelan una sarta de prejuicios que quedan disueltos en las mismas escenas que los ilustran: mientras ellos se jactan de enunciar que el fútbol femenino puede ser muy técnico pero nunca será tan habilidoso como el masculino, que es aniñado y que la contextura física no les da, la cámara se pasea entre una serie de gambetas ilustres ostentadas por jugadoras que levantan polvo y polémica al ritmo de la cumbia.

Movela, guacha

La villa está caliente. Desde sus ventanas enrejadas, sus casas coloridas y siempre iluminadas, y sus reggaetones altisonantes, los vecinos observan a las once jugadoras detener el mundo con la gamba derecha, pisarla y en un microsegundo dar un pase a la compañera. “¡Conchuda!”, “¡Chupapijas!”, se gritan de un lado a otro de la cancha que queda en el corazón de la 31, frente al Centro Asistencial Padre Mugica, y lo que para una burguesita cualquiera sería un insulto imperdonable, para ellas es el calor del compañerismo. La lengua del conquistador que grita el insulto, en este caso, fue apropiada. No es la palabra sola la que hiere la honorabilidad del cuerpo, porque a veces a un insulto se le responde con la fiereza de un insulto mayor, sino otros estigmas más profundos que pesan sobre la dignidad: “A mí el fútbol me sacó de muchas cosas que yo no quiero hacer, como drogarme o robar”, cuenta Cuni (22) mientras cae el sol y se ven los rascacielos imperiales desde el centro de la villa. Desde hace años, todos los martes y jueves Mónica Santino –que las dirige como la mejor DT de la vida– atraviesa esas callecitas con un bolso cargado de pelotas y pecheras bordó y fucsia y las insta a jugar pese a todo: a sus maternidades jóvenes, a sus maridos demandantes, a las imposiciones de limpiar y ocuparse de tareas “femeninas” que les imponen padres y hermanos y a los varones de la villa que reclaman la cancha para sí cual si fueran los dueños de la tierra.

De la mano por la 31

Si jugás al fútbol bien, sólo sos una buena futbolista, no tenés que ser ni torta, ni bi, y no importa a quién se la pongas o quién te la ponga, lo importante es que puedas meterla en el arco de la contraria. Ahí barremos todos los mitos posibles: el lesbifútbol existe en la mente perversa de quien asocia las pelotas colgando con la pelota girando sobre el césped y el roce de los cuerpos con el erotismo entre chicas. De treinta jugadoras que rotan en Las Aliadas la mayoría tiene novio, transa, o chapa, y sólo algunas salen con chicas que conocieron, muchas veces, ahí mismo en los partidos. Para Analía (20), que pertenece a la comunidad peruana, enunciar que tiene novia es un acto de coraje mayor que meter un gol de chilena. Andar de la mano con otra por la 31, o besarse, sigue siendo exponerse a los insultos, aunque ahora, dicen, se ven más chicas juntas que antes. Para reconocerse entre sí –cuenta otra– hay que observar si en la muñeca lleva puesta la pulsera multicolor, en ese caso es del palo. Ese código está reemplazando al rapado lateral, del cual ya nadie se fía porque se popularizó demasiado. En la villa, donde el tatuaje, la cadenita y el corte de pelo dicen mucho de la tribu o del palo que curtís, las señalizaciones están a la orden del día. La alianza entre pares para la defensa, el erotismo o la diversión se signan con un código común que muchas veces las aísla como si fueran rejas, pero otras tantas las protege con ese calor que da la familia unida en torno de una pasión común.

 

 

 

 

Futebol machista e lésbicas

A Copa do Mundo de Futebol Feminino é a competição mais importante no futebol feminino internacional. Organizado pela Federação Internacional de Futebol (FIFA), o órgão controlador do esporte, o torneio da Copa do Mundo foi realizado pela primeira vez em 1991 na China, sendo os Estados Unidos Campeão.

O máximo que o Brasil conseguiu foi o de vice-campeão em 2007, em torneio também realizado na China. O próximo campeonato será em 2015, no Canadá. E ninguém fala dele no Brasil. Parece que é tema tabu. Imposição machista e preconceituosa dos cartolas e colunistas esportivos.

 

A taça feminina nunca foi nossa

A taça feminina nunca foi nossa

Sempre ouvi esta frase: “Fulana é lésbica. Desde criança preferia jogar bola com os meninos, a brincar com bonecas”.  Apesar do tabu da virgindade, podia brincar de esconde-esconde.

Publica o Portal Terra: Apesar das enormes diferenças entre os países e das diversas pressões para mantê-la oculta, a homossexualidade começa a deixar de ser um tabu no futebol feminino, que neste aspecto parece estar um passo à frente da categoria masculina.

Se na Copa do Mundo da África do Sul em 2010 nenhum dos participantes era abertamente gay ou bissexual, na Copa do Mundo feminina da Alemanha (de 2011) há jogadoras que assumiram sua preferência por pessoas do mesmo sexo.

A equipe que melhor serve de exemplo é a Alemanha, anfitriã do Mundial e atual bicampeã da competição. A goleira Nadine Angerer, 32 anos, eleita em 2010 a melhor do mundo na posição, foi uma das que admitiram à imprensa de seu país a sua bissexualidade.

A notícia causou alvoroço na Alemanha, onde o futebol feminino possui grande popularidade, e gerou um debate sobre o silêncio existente a respeito do futebol masculino.

A atleta Ursulla Holl, reserva de Angerer, já havia se assumido como lésbica e em 2010 se uniu civilmente a sua companheira Carina, em Colônia. A imprensa alemã especulou bastante sobre outras relações afetivas existentes entre as jogadoras da seleção, mas as protagonistas dos casos nada confirmaram.

O presidente da Federação Alemã de Futebol (DFB), Theo Zwanziger, deu apoio a “saída do armário” de Angerer.

Indo para outros países, destaca-se o caso de Hope Powell, treinadora da seleção inglesa e eleita a 68ª na lista dos 100 homossexuais mais influentes do Reino Unido, elaborada em 2010 pelo jornal The Independent.

Vale lembrar ainda outras jogadoras que se assumiram como lésbicas ou bissexuais. É o caso da alemã Martina Voss, 125 vezes convocada para a seleção nacional, das noruegueses Bente Nordby e Lisa Medalen, e da ex-capitã da equipe francesa, Marinette Pichon.

 

Lugar de mulher também é no campo de futebol

Escreve Hérika Vale: Não lembro quantas vezes escutei frases feitas que de tanto serem repetidas, de certa forma se tornaram realidades inventadas, acredito que não só para mim, mas para muitas mulheres, dentre elas estão as que mais me deixam furiosa: “Lugar de mulher é na cozinha” e a famosíssima: “Futebol é coisa de macho”.

 

Devagar, temos visto o futebol feminino se organizar, mas ainda poucos clubes brasileiros se interessam em apostar nas meninas com a bola, mesmo tendo o que há dez anos parecia impossível: uma mulher eleita cinco vezes consecutivas a melhor jogadora de futebol feminino, o que aconteceu quando Marta Vieira da Silva, a menina de Alagoas, conseguiu esse feito. Alagoas? Pois é, região Nordeste, terra de cabra macho.

 

Atletas falam do assédio, ensaios sensuais e homossexualidade

Formiga: O comentário da técnica foi muito infeliz, até porque, querendo ou não, ela mexeu com muitas pessoas. Já falei que as pessoas hoje em dia falam muito do futebol feminino em relação a isso, como se só no futebol feminino existisse isso. Todas nós sabemos que em várias classes isso existe. Então até por esse preconceito com o futebol feminino que às vezes não temos apoio. Ela fazendo isso complica, não só em relação ao nosso país, mas para o lado dela também, porque tenho certeza que muitas jogadoras do lado dela não gostaram. Então acaba manchando o futebol feminino no geral.
Marta: Acho que cai muito para o futebol feminino, porque já tem a fama de ser masculino, de jogar um esporte que exige força. Como a Cris falou, não dá para colocar um shortinho para jogar. As pessoas quando olham o futebol feminino já pensam que aquela menina é homossexual, gosta de mulher. Não quer dizer que nos outros esportes não aconteça, mas não é tão exposto como no futebol feminino. Minha opinião é que cada um faz da sua vida o que quiser. Você não tem que julgar aquela atleta pelo que ela gosta fora de campo, pelo fato de ela ter um relacionamento com homem ou mulher, mas sim pelo que ela faz dentro de campo. Não tenho preconceito nenhum. A gente tem que aceitar as pessoas como elas são.
Cristiane: Cada um faz o que quer com a sua vida e o que vale para gente é o que fazemos dentro de campo. O nosso trabalho infelizmente é voltado para o futebol feminino e justamente pela palavra futebol, que para eles é uma coisa de homem, mas não tem nada disso. Acontece em várias modalidades e fora do esporte. Tem aquele foco todo para o futebol feminino, e fica maior ainda com uma polêmica. Queira você ou não, as pessoas sempre gostam de ficar martelando em cima daquilo, mas acho que é uma coisa que tem que mudar.
Aline: Se pessoas que fazem o mesmo que a gente tem esse tipo de preconceito, imagina todo o resto, que não faz ideia do que acontece. Vê o caso do Michael, do vôlei. Hoje em dia quem é do esporte e acompanha sabe o que acontece, só que ninguém fica gastando os caras falando que todo mundo que joga vôlei é gay, mas [falam que] todo mundo que joga futebol é sapatão. Vai botando tudo nas nossas costas que a gente lida bem, mas é complicado. Chega ao ponto de um cara, que está super bem resolvido, ter de sair do armário, se expor, de uma coisa que ele não é obrigado a fazer, e isso é complicado.
Marta: Na Alemanha você vê que ninguém está nem aí. Nos Estados Unidos a mesma coisa. Na Suécia também. São países bem evoluídos que não querem perder tempo com isso.
Cristiane: Também é uma questão de cultura. Tem pessoas que foram criadas de uma maneira bem antiga, e hoje não tem mais isso não. Uma coisa diferente para eles já não vale. Acho que é muito de cultura também.
Aline: A gente que chega em uma Olimpíada e vê atleta do mundo inteiro sabe o que é. O cara é o top, e alguém está preocupado? Aí tem aquela nadadora.. Alguém está preocupado se ela vai ficar com uma mulher depois que ela nadar? Ninguém fala nada, e a galera venera esses atletas no país. E no país que a gente está é só atrativo para ficar mais difícil, mas estamos acostumadas.
Cristiane: Acaba virando motivo para dizer. “ah, está vendo, não dá para patrocinar tal atleta ou equipe justamente por isso”.
Aline: Isso no Brasil mudou no Pan. Enchemos o Maracanã com 70 mil pessoas, e ninguém estava preocupado se tinha alguém de cabelo curto, se era neguinha, se era loirinha, se era bonita, se era feia, a galera estava ali extasiado com o futebol feminino, e ali demos uma quebrada nessa questão. Mas antes, nossa, era incrível.
Formiga: Era complicado, em 1997 falavam mal porque tinha uma menina com o cabelo curto.
Aline: Você vê aqui na Alemanha, tem mãe, irmã, tia, tudo com o cabelo curto, e é super normal. E lá no Brasil tinha sempre alguém que ficava do lado de fora contando quantas tinham cabelo curto. Agora não é mais o cabelo. Falam que a gente perde de não sei quanto a zero por causa da beleza. Então agora tem que ser bonita. Antes tinha que ter o cabelo cumprido. Caramba, cada hora temos de ser alguma coisa.

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História do Futebol feminino 

Os primeiros indícios da participação da mulher no futebol datam desde o tempo da Dinastia Han (206 a.C. – 220 d.C.) em que elas jogavam uma variação do antigo jogo chamado TSU Chu. Há outros relatos que indicam que, no décimo segundo século, era usual a prática de jogos de bola, pelas mulheres, especialmente na França e na Escócia.

O documento mais conhecido sobre os inícios do futebol feminino remonta a 1894 quando Nettie Honeyball, um ativista dos direitos da mulher, fundou o primeiro clube desportivo britânico chamado o Ladies Football Club. Honeyball, convicta de sua causa declarou que pretendia demonstrar que as mulheres poderiam alcançar a emancipação e ter um lugar importante na sociedade.

Lady Florence Dixie desempenhou um papel fundamental na criação do jogo, organizando jogos de exposição para caridade, e em 1895 ela se tornou presidente da British Ladies’ Football Club, estipulando que “as jovens devem entrar no espírito do jogo com o coração e a alma”. Ela providenciou uma turnê para a Escócia da equipe de futebol de Londres.

A Primeira Guerra Mundial foi a chave para a superlotação de futebol feminino na Inglaterra. Porque muitos homens foram para o campo de batalha, e a mulher foi introduzida na força trabalhadora. Muitas fábricas tiveram suas próprias equipes de futebol que até então eram privilégio de homens.

No entanto, no final da guerra, a FA não reconheceu o futebol feminino, apesar do sucesso e popularidade. Isto levou à formação da English Ladies Football Association (Associação Inglesa de Futebol Feminino) cujo início foi difícil devido ao boicote da FA que levou mesmo a mulheres a jogarem em estádios de Rugby.

Após a Copa do Mundo 1966, o interesse dos amadores cresceu de tal forma que a FA decidiu voltar atrás, e em 1969 criou o ramo feminino da FA. Em 1971, a UEFA instruiu seus respectivos parceiros a gerir e promover o futebol feminino, e na Europa ele foi consolidado nos anos seguintes. Assim, países como a Itália, E.U.A. e o Japão têm ligas profissionais, cuja popularidade não inveja o que é atingido pelos seus similares do sexo masculino.

 

O Futebol feminino no Brasil

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O amor de Araguari Atlético Clube (de Belém do Pará) é considerado o primeiro clube do Brasil a formar um time feminino, que em meados de 1958, selecionou 22 meninas para um jogo benificiente em dezembro deste mesmo ano. O sucesso desta partida foi grande que a revista “O Cruzeiro” fez matéria de capa sobre o acontecimento, pois até então, partidas femininas só ocorriam em circos ou jogos de futsal. Com esta divulgação, houve, nos meses seguintes, vários jogos do time feminino do Araguari em cidades de Minas Gerais (Belo Horizonte inclusive) e também em Goiânia e Salvador. Em meados de 1959 a equipe feminina do Araguari foi desfeita, por pressão dos religiosos de Minas Gerais.

 

 

 

Mulher e juventude no cinema do irã

Cena de “Persépolis”, animação autobiográfica dirigida por Marjane Satrapi

Cena de “Persépolis”, animação autobiográfica dirigida por Marjane Satrapi

por Nei Duclós
Especial para o Jornal Opção

A tirania política, cultural, de comportamento, que produz filmes ba­ni­dos pela censura, faz do Irã um exemplo de resistência na sétima arte. Os cineastas estão dispostos a não acatar a repressão e mergulham na vida social dos seus compatriotas, especialmente as mulheres e os jovens, foco deste ensaio sobre cinco filmes: “Persé­po­lis” (2007), animação auto­bio­gráfica da iraniana emigrada para a Europa, Marjane Sa­trapi; “Half Moon” (2006), ou “Meia Lua”, de Bahman Ghobadi; “A Separação” (2011), de Asghar Far­hadi; “Off Side”, de Jafar Pa­nahi, sobre a exclusão da mulher no futebol; e “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas” (2009), de Bahman Gho­ba­di, sobre a meninada musical de Teerã.

“Persépolis”, a tirania de gênero

Qualquer sistema de valores serve para impor uma ditadura: um nacionalismo que aspira ao imperialismo, uma religião fechada, uma democracia engessada, uma burocracia que finge eficiência. No Irã, como em alguns outros países, é o islamismo que é usado pelo tacão que esmaga opositores e proíbe o lazer, a música, a dança e a sexualidade. Em “Persépolis” (2007), animação autobiográfica da iraniana emigrada para a Europa, Marjane Satrapi (que assina o filme junto com Vincent Paronnaud), não é Alá o culpado da situação, mas os bandidos que se aproveitam da espiritualidade e da tradição para reinar impunemente.

As origens da tomada do poder são rapidamente apresentadas em tom de narrativa familiar para a menina, futura insurgente. Um coronelão do exército derruba um imperador de longa linhagem e, por obra dos britânicos, de olho no petróleo da região, se transforma em imperador. Re­passa o poder para o filho, o Xá da Pérsia, que é derrubado pela revolução popular. Nas primeiras eleições, vence o Islã com absoluta maioria dos votos. Desce então a tirania sobre todos, inclusive os que tiveram participação, por gerações, na luta contra a opressão.

A garota protagonista faz parte de uma família de revolucionários comunistas e acaba sendo enviada para Viena, para escapar da barbárie. Lá, conhece a marginalidade, o comportamento liberado, as drogas, o amor livre e quase morre no inverno, solta nas ruas. Volta sob promessa de que a família não perguntaria sobre essa sua experiência. Cai em depressão profunda, já que vê o país destruído, sua geração mutilada e quem sobrou entregue à superficialidade. Mas reage, entra na universidade e se torna uma militante do comportamento, sempre se opondo ao que ensinam nas escolas e denunciando os abusos do machismo contra as liberdades mínimas das mulheres.

Tirar a burka publicamente por alguns minutos, fazer festa escondida, reclamar dos conferencistas do governo são atitudes individualistas da jovem mulher agora desenraizada, que não se encontra no país onde foi criada, pois não apenas ela mudou, física e mentalmente, mas a nação inteira, que sai da guerra do Iraque com um perfil de cemitério. Em todo o filme, as exposições da situação do país são sínteses esclarecedoras sobre o horror que se abateu sobre a sociedade. A sua família sobrevive graças aos pais que não se separaram e à lucidez da avó, sempre crítica em relação às violências de todos os calibres.

Ela tenta formar a sua família, casando com alguém que imaginava amar (o que não dura nem um ano) mas não dá certo. Acaba voltando para a Europa, desta vez para a França, pois em Viena costumava negar suas raízes apresentando-se como francesa, sem nunca ter ido antes a Paris. Acompanhamos as memórias da anti-heroína sentada no aeroporto esperando a vez de embarcar. Na sua frente e diante dos nossos olhos desfilam os horrores das perseguições, das chances perdidas, dos amores desfeitos, da lenta e dolorosa tomada de consciência, das frustrações e da luta, sempre em pé, apesar dos altos e baixos. Vemos como as mulheres podem ser açoitadas se forem flagradas de mãos dadas em público e como são estupradas depois de casarem à força na prisão (pois a religião proíbe seviciar virgens).

É um bom filme. Poderia ter resvalado no feminismo tosco ou na denúncia vazia. Mas é eficiente ao costurar a vida pessoal com a coletiva, a memória com a realidade política, a narração tradicional com a História. Conheça um pouco do Irã e saiba como funciona uma ditadura. Veja “Persépolis”.

“Half Moon”, a morte na outra metade

Half Moon
“Se eu aceitasse a censura do governo, seria um funcionário, não um cineasta”, diz Bahman Ghobadi, diretor do filme “Half Moon” (2006), ou “Meia Lua”, mais um filme seu banido pelo regime de Teerã (idêntico ao “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”). Na mesma entrevista ele lamenta ter podado sua obra para tentar passar pela censura. Em vão. Perdeu seu tempo e deixou o filme com menos intensidade do que deveria. Não importa. “Half Moon” é um assombro.

Só a cena em que Mamo, o compositor e cantor do Curdistão banido pelo Iraque, chega na aldeia das montanhas em busca da voz feminina para a apresentação que fará junto com os filhos, numa celebração da música perdida de sua nação, vale um século de cinema. Centenas de mulheres com seus vestidos coloridos empunham enormes tambores redondos, que vibram à passagem do mestre que veio de longe resgatar a outra metade, a que lhe falta, sem a qual não será completo. Ele então passa com a eleita pelo meio da multidão feminina, que deixa qualquer timbalada no chinelo com seu ritmo de gala. É de fazer chorar as pedras. Nada há o que se compare a esse momento cinematográfico.

A metade que falta é, dada as circunstâncias, uma representação da morte. É a garota chamada Meia Lua que o leva para o meio da neve para enfim morrer, sem ter chegado ao seu destino, que não se cumpre. Sua cultura pode acabar com ele, mas há uma chance: abraçado ao papéis onde estão registradas suas composições, ele deixa o legado para os filhos instrumentistas. Eles levarão adiante esse recado de um mundo perdido. Mamo não se conforma com o silêncio a que foi confinado e por isso grita para os vales e montanhas da estrada que não desistirá da viagem, apesar de todos as profecias ameaçadoras.

É um road movie no qual todos os problemas assomam para a troupe que precisa esconder seus instrumentos musicais, pois o Irã proíbe a música, e a mulher que vai com eles, pois o Irã proíbe que mulheres se apresentem em público. Trata-se de uma civilização doente (apoiada por nossa ditadura atual), que confina o som da emoção e da ancestralidade e deixa de lado exatamente a metade da humanidade, a mulher. Assim como fazemos por aqui: matamos nossos talentos na infância e se sobreviverem ficarão à margem para que a mediocridade gritante sufoque a melodia, a harmonia, a maestria e a grandeza. Somos hoje o ruído e nossa música medra nas catacumbas, enquanto os espertalhões broncos fingem que são artistas.

Ghobadi sente medo da morte, presente em sua terra (ele é curdo, da minoria massacrada), do seu país (que frauda eleições, como estamos cansados de saber) e da sua região (o ódio mútuo entre árabes e judeus). Sente-se exausto com esse medo, que transparece em sua obra, principalmente neste filme, que versa sobre a morte. O velho Mamo cospe sangue na neve enquanto é levado para seu caixão, implorando para ser levado até onde o público, em vão, o espera. Na sua viagem, ele viu como o povo o idolatra e como ele é recebido como um herói nacional por expressar a identidade perdida de uma cultura que se supera pela voz e alma de filhos ilustres.

“Half Moon”, filme do cineasta que luta contra os poderes opressivos onde vive, com a coragem possível e necessária, é uma lição para nós, desfalcados também de nossa outra metade: o Brasil soberano, que nos falta e nos escapa pelos dedos como areia fina do deserto.

É preciso dizer também que “Half Moon” é sobre cinema. Pois o filme registra o que escapa à câmara de um dos filhos de Mamo, que está descarregada. Ele tentou filmar a viagem, mas não conseguiu. Fica a obra de Ghobadi, denúncia e arte suprema, para encanto dos espectadores e esperança de que o cinema continua vivo, apesar de tudo.

“A Separação”, o núcleo indissolúvel da justiça

A Separação

Todos mentem em “A Separação” (2011), filme iraniano de Asghar Farhadi, até que a verdade vem à tona. Mas ela não se circunscreve à justiça e sim ao foro íntimo. É no indivíduo que está a clareza sobre o que é certo e errado, independentemente de posição econômica ou política, atividade profissional, religião. O indivíduo sabe, mesmo que ele se envolva com todos os erros do processo que coloca duas classes sociais em oposição. O patrão da classe média que contrata a grávida, a empurra e é acusado de matar o bebê, enfrenta o marido endividado da sua empregada que quer colocá-lo na prisão e exige uma indenização pelo filho morto. Ambos enfrentam problemas conjugais e familiares, que explodem nas mulheres.
Do lado do acusado (interpretado por Peyman Moaadi), que não quer sair do país alegando que tem pai com Alzheimer — uma representação do estado terminal do país obsoleto e fundamentalista — está a esposa (Leila Hatami ) que quer ir embora e levar a filha adolescente (Sarina Farhadi )para ter uma educação melhor. No colégio, a moça aprende que existe a elite e as pessoais “normais”, para escândalo da mãe progressista. E também lhe ensinam as palavras de um dialeto que são atribuídos a outro pelos professores, para escândalo do pai tradicionalista.

Do lado do acusador, que tinha sido preso pelos credores e vê no processo uma chance de sair do buraco, está a grávida (Sareh Bayat), que decide trabalhar escondida, já que o marido não coloca mais dinheiro em casa. Ao entrar em conflito com seu empregador, ela é obrigada a falar tudo para o marido, que entra em parafuso de violência. Tudo acaba nas mãos de um juiz indiferente e ao mesmo tempo minucioso, numa interpretação didática de como funciona o sistema judiciário no varejão do Irã.

O acusado mente que desconhecia a gravidez da empregada, esta mente dizendo que o empregador provocou o aborto, a professora mente que ele não sabia de nada, a filha é obrigada a mentir para evitar que o pai pegue três anos de prisão. É nessa filha adolescente que se concentra o drama. Ela fica com o pai enquanto a mãe volta para a casa materna. Seu objetivo é manter a família unida, pois sabe que mãe jamais a abandonará. Mas esse vínculo se rompe quando vê a mentira tomar conta do depoimento paterno.

Cabe a ela decidir se fica com o pai ou a mãe. Se ela se decidir pelo pai, optará pela tradição e o país. Se for pela mãe, será mais uma migrante. O filme termina sem dizer com quem ela fica, mas está claro que o pai, abandonado num banco do fórum, fica para trás nesse processo radical de transformação do mundo que o Irã teima em não aceitar. Lá, é proibido mulher dirigir, mas a esposa que se separa e quer ir embora dirige. É proibido mulher grávida trabalhar ou limpar idoso doente, pois a religião proíbe, mas na hora do aperto as regras são transgredidas.

É fora do fórum que se procura uma solução para o caso. Em vão, pois a proposta emperra nos princípios religiosos. Resta então a luz interior de cada um: todos enxergam claramente o que aconteceu e qual a culpa que carregam. Mas as contingências, as ameaças, as dúvidas, as pressões econômicas e políticas acabam colocando tudo a perder. A esperança está em quem sofre o impacto desse sufoco mas mantém a lucidez.

Mulheres de burka desde meninas até as mais idosas. Homens de barba obrigatória. O Deus oficial sendo citado a todo momento. É esse Irã medieval ambientado nas demandas da modernidade que o filme falado de Asghar Farhadi mostra por meio de um duplo processo: de um lado a separação do casal e do outro a acusação de assassinato. Em nenhum deles está a verdade, mas sim no coração devastado da jovem que vê seu país partido numa época de ruptura. Nela reside a fragilidade extrema da situação. Ao escolher a fuga ela rompe com o sufoco a que é submetida a população. Voa para a incerteza, mas só lhe resta a coragem de uma decisão fundada no seu espírito comovente, ético e natural ditado pela consciência.

“Off Side”, a elipse em Jafar Panahi

Off Side

Elipse é um recurso cinematográfico em que a ação oculta é sugerida pelo que vemos na tela. Em “Off Side”, de Jafar Panahi, filme ganhador do Urso de Prata no Festival de Berlim em 2006, essa ação oculta é o jogo decisivo entre Irã e Bahrein pelas eliminatórias para a Copa da Alemanha, que seria realizada naquele ano. O que vemos na tela é um grupo de mulheres tentando entrar no estádio, sendo detidas e acompanhando os lances numa longa trajetória até a prisão, que afinal não acontece porque a explosão popular de alegria pela classificação não deixa.

O filme, dirigido pelo cineasta que foi preso pelo ditador do Irã, amicíssimo do governo brasileiro, e que foi solto depois de pagar 160 mil euros, é um primor e jamais será exibido nas televisões brasileiras, mais preocupados em imbecilizar a população com blockbusters e produções americanas de quinta categoria. Quem acompanha futebol sabe o que significa off side, o impedimento de quem fica sozinho atrás da linha de zagueiros adversários esperando a bola para fazer um gol covarde. Foi o que aconteceu na copa da África do Sul, com tosco Tévez, o bobalhão argentino, que estava no off side mas ganhou o aval da arbitragem corrupta da Fifa no jogo contra os mexicanos, que ainda vão pegar todos eles “na saída”, como se dizia nos tempos do colégio.

Pois as mulheres do Irã estão impedidas de ver o jogo porque são mulheres e devem ser preservadas dos insultos e possíveis estupros na companhia de dezenas de milhares de homens, conforme suspeita a moral da ditadura iraniana. Mas elas tentam driblar a fiscalização e acabam todas num redil, guardadas por um soldado bronco vindo do interior e que cumpre compulsoriamente o serviço militar, louco de medo de cometer alguma transgressão e ter de ficar para sempre vestindo a farda, sem poder voltar para cuidar do seu gado e de sua família.

O cinema iraniano segue os protagonistas e dá voz a seus diálogos de maneira ininterrupta, como vemos em outros cineastas desse país, como o festejado Abbas Kiarostami, entre outros. Dizem que é pelos poucos recursos, mas não acredito que seja só por isso. Edição, com os recursos atuais, é fácil de fazer e não está tão caro como antes. O que há é sinceridade, vontade de cumprir à risca a máxima de Godard, de que o cinema é a verdade 24 vezes por segundo (conceito tirado da época do celuloide). Panahi filma em tempo real a saga das garotas para ver seus ídolos do futebol (algumas também jogam) e torcer pelo seu país.

O sentimento de pertença, que aqui no Brasil explode nas vitórias e implode nas derrotas, é trabalhado neste filme com amor e respeito. Não há dúvidas sobre a legitimidade desse sentimento, desse patriotismo explícito, que é representado pela multidão indo para o estádio e depois saindo para festejar e dançar. A comemoração inclusive serve para libertar as prisioneiras de dentro da van que as levava para o cárcere. Metáfora da liberdade sendo gerada pela festa da nacionalidade, pela alegria de fazer parte de um país. Terra adorada, salve salve: aqui virou deboche, lá é luta a favor da população e contra a ditadura que enche o saco do mundo com o aval do governo brasileiro.

Panhi estava impedido, preso, porque foi acusado de fazer um filme sobre a corrupção eleitoral no Irã, evento trágico com protestos de muitos mortos e cenas tremendas de violência e repressão. O jogo decisivo, no filme, estava impedido de ser visto e alguns dos seus lances faiscavam por entre as grades, na tela da televisão do bar vislumbrado da van, pelo rádio com antena defeituosa. Os soldados estavam impedidos de deixarem as prisioneiras escapar. Tudo estava contra o cinema: a censura de imagens e de comportamento e a falta completa de diálogo com os poderes. Mas Panahi fez um filme magnífico com tão poucos elementos.

O final, em que a garota queima sete fogos em memórias dos torcedores mortos no passado num jogo entre Irã e Japão, ao som de música nacional do Irã, provoca aquela emoção rara quando vemos uma grande obra. Estamos impedidos de termos um país decente porque os ditadores se abraçam e nos sufocam. Resta-nos a luta pela livre expressão, nesse ninho de cobras que são todos os tipos de mídias, em que o insulto substitui a razão e o deboche impõe o obscurantismo até o último suspiro.

“Gatos Persas”, a moçada marginalizada de Teerã

Cena de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”, dirigido por Bahman Ghobadi, sobre a nova cena musical de Teerã

Cena de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”, dirigido por Bahman Ghobadi, sobre a nova cena musical de Teerã

A cultura dos clipes acabou com os musicais, mas estes resistem, quando pertencem a uma linhagem que vai de “Sweet Charity”, de Bob Fosse, a “West Side Story”, de Jerome Robbins e Robert Wise, em que as canções e os intérpretes fazem parte da narrativa, são a essência do fluxo da história e não convivem à parte, como se fossem enxertos. Quando um musical extrapola seu gênero e torna-se um semidocumentário de ficção, feito no Irã sem licença do governo, e se transforma numa obra-prima graças ao roteiro, às imagens, à edição, às músicas e aos intérpretes, então recuperamos a esperança de que o cinema tem esse poder de reação contra a mediocridade dos clipes e suas falsas transgressões comerciais.

É o caso de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas” (2009), de Bahman Ghobadi, aclamado cineasta que já ganhou a Palma de Ouro com “A Time For Drunken Horses” e que no seu primeiro filme, “Life in Fog”, ganhou tudo que é prêmio. Dividindo o roteiro com Hossein Mortezaeiyan e Roxana Saberi, ele filmou Teerã com a câmara no ombro, por meio da música oculta produzida clandestinamente pela moçada, e que cruza influências internacionais do ocidente com a contribuição local.
Em princípio, é a história da formação de uma banda para se apresentar em Londres, uma escapada por meio de passaportes falsos, a cargo de um casal, real, Negar Shaghaghi e Ashkan Koshanejad, que contrata um empresário jovem, o fantástico Hamed Behdad no papel do motoqueiro virador Nader. Mas no fundo é uma viagem por todos os bairros, ruas, becos, casas e personagens de Teerã, a megacidade onde, como diz um rapper local, a luta de classes transforma as pessoas em bichos ou lixo.
Ficamos assim viajando dentro da megalópole por meio do que a moçada de lá toca, encerrada em porões e sótãos e estúdios alternativos, procurando uma saída em meio á repressão e a violência. O filme foi feito em 18 dias e as cópias contrabandeadas logo depois para fora do país, junto com os principais protagonistas, pois sabemos o que existe no Irã, uma ditadura que usa a democracia para se perpetuar.
O filme pega na veia e arrebata pelo muito que mostra e o deslumbramento das imagens e dos sons. Cada banda ou intérprete leva o espectador para um aspecto da vida da grande cidade. Quando a vocalista canta, são as mulheres que aparecem, desde as meninas até as grávidas, as velhas, as multidões femininas. Quando é o grupo de rap, aparece toda a miséria e a violência da população marginalizada. Quando é um grupo folclórico (o diretor é de etnia curda), vemos uma representação da grandeza do país, suas paisagens solenes e as obras monumentais. Se o som é rock alternativo, o dinamismo do trânsito e das calçadas desfilam diante de nós.
Você acaba preso a essa viagem radical e transformadora. Sua percepção sobre o Irã muda, sua noção de musical se amplia e a vontade de ver mais filmes do diretor se transforma numa obsessão. É crime hediondo o que fazem conosco: deixam esses filmes em festivais e circuitos alternativos, jamais passam na televisão, aberta ou paga e nos empurram porcarias americanas sem parar, num show de estupidez e barbárie sem precedentes.
Queremos as lições da resistência iraniana, a que não se abraça com os tiranos, como fazemos por aqui. Deixe a moçada de Teerã tocar em você. Prometo que você vai chorar de emoção.
Nei Duclós é escritor e jornalista. Um dos principais poetas da atualidade

CHRISTIANE ENDLER: LA ARQUERA MUNDIALISTA DE ROSTRO ANGELICAL

Chile. Claudia Christiane Endler Mutinelli es una arquera de 20 años con apellidos de musa cinematográfica, es figura en la Selección adulta de fútbol femenino y crá en el primer equipo de Colo Colo.

¿Siempre jugaste al fútbol?
Desde chica que juego a la pelota, pero fui portera, ya que mi hermano me colocaba al arco y se ponía a tirarme pelotazos.

¿Ha cambiado la visión de que una mujer futbolista es algo amachada?
Ya no está esa visión, la gente tiene otro concepto, pues ya muchas mujeres practican fútbol sin perder su femineidad. Después del Mundial y con la importancia que le dio la Anfp el futbol femenino se convirtió en boom.