Campanha da ONU contra homofobia na Índia (vídeo)

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Em 2 de Julho de 2007, a homossexualidade foi descriminalizada na Índia, determinando que homossexuais não podem mais ser presos ou multados. Entretanto, ainda se percebe na sociedade indiana, dependendo da região da Índia, uma hostilidade significativa contra casais homossexuais.

A ONU lançou um vídeo de concientização pela igualdade dos direitos LGTB ao estilo Bollywood, que se chama The Welcome (A bem-vida), estrelado por Celina Jaitly.

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Luego del lanzamiento de un vídeo que hace parte de la campaña “Libre e Iguales” de la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que tiene como objeto la promoción de los derechos del colectivo LGTB en el mundo, así como la aceptación de este, para lo que se sirvieron de la colaboración de destacadas figuras del cine bollywoodense; Celina Jaitly, actriz, y Miss India en 2001, quien hizo parte de la producción, ha sido objeto de amenazas las cuales se hacen extensivas a sus hijos. Jaitly, quien cuenta con un reconocimiento en 2013 por parte de las Naciones Unidas debido a su labor en apoyo a los derechos de las personas LGTB ha señalado al respecto que no se dejara intimidar y que mantiene su compromiso de hablar en favor de las minorías sexuales del mundo.

“A pesar de las amenazas de los muchos partidos de oposición, las amenazas a mis hijos y las amenazas de asesinarme, no quiero que mis hijos crezcan en un ambiente donde las personas son juzgadas en base a su orientación sexual” manifestó la reconocida actriz, quien agrega respecto al reciente producto audio visual que espera que el Tribunal Supremo de la India sea influido por este y se replantee el mantener la vigencia del artículo 377 del código penal de 1860, generado durante el tiempo de la colonización británica, en el cual las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo constituyen un crimen y un acto “contra natura”.

“Ha sido un muy, muy largo viaje para mí, personalmente, profesionalmente. También sufrí mucho, a veces, porque hay personas a los que no les gusta trabajar conmigo porque yo apoyo los derechos de los homosexuales”, manifiesta Celina respecto a las implicaciones de apoyar a la comunidad homosexual.

Con “The welcome”, “La bienvenida”, se pretende llevar un mensaje de aceptación hacia las diversas maneras de amor, para lo que se han servido de un éxito de las década de los 70 al cual se le ha modificado el final de su letra por “Es una nueva perspectiva. Es una nueva actitud. Quizás te preguntes dónde ha a ido a parar el viejo modo de vida. Pero, ¿a quién le importa qué le gusta a quién, mientras en el mundo del amor dos personas quieran estar juntas?”.

Al mejor estilo de Bollywood, este narra la historia de una familia india que se dispone a recibir a uno de los hijos, quien viene acompañado de “un amigo especial”.

 

 

 

 

 

QUITO Marcha das Vadias

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por Marcela Belchior

Ao reapropriar-se e subverter o estigma da palavra “puta”, historicamente termo ofensivo e condenatório, em um significado de liberdade e autonomia, a versão equatoriana da Marcha de las Putas (equivalente à Marcha das Vadias, no Brasil) convida todos os gêneros sexuais a romper com uma estética binária e patriarcal, que divide o mundo em “mulheres femininas” e “homens masculinos”, dando lugar a expressões múltiplas da sexualidade e superando um controle de gênero.

“Marcha de las Putas” é uma expressão contemporânea do feminismo, que faz particular apropriação do espaço público através de uma denúncia visível, da insubmissão estética, da celebração de todas as possibilidades de expressão. Além disso, propõe a erradicação da desigualdade e da violência de gênero, afirma os direitos sexuais e reprodutivos e os direitos das prostitutas. “Somos nós quem julgamos a nós mesmas”, diz o manifesto da Marcha.

O encontro pelas ruas da capital é uma denúncia pública a atitudes e práticas sociais, culturais e institucionais de maus-tratos, coisificação, estigmatização e opressão de gênero, com especial enfoque nas mulheres. “Frente à constatação de que ‘puta’ é uma palavra que descreve múltiplas formas de insubmissão e autonomia feminina, em particular a sexual, nos assumimos putas”, explica o manifesto. “Porque assim nos têm chamado por haver feito ligadura, por ter mais de um parceiro, por sair sozinhas à noite, por propor sexo, por abortar, por ser mulher e amar outra mulher, por decidir não sermos mães”, pontua.

“Eu tenho negado, há muito tempo, tratar de me encaixar nesse molde de mulher ideal. Já basta deixar-se invadir por certos misticismos e padrões mentais que somente prejudicam nosso viver diário”, afirma a equatoriana Cecilia Vivanco. “Devemos romper tabus, despojar-se de preconceitos extremistas. (…) Não é fácil em uma sociedade como a nossa. É hora de começar, é questão de atitude, por menor que seja”, acrescenta, nas redes sociais da Internet.

Tratamiento de la violencia de género en radio y televisión: todas las claves

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La violencia física quizás es la más difundida, pero existen otras violencias, como la psicológica, sexual, económica, simbólica, doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.

La violencia mediática se manifiesta en aquellos casos en que se difundan discursos estereotipados que promuevan la explotación, injurien, difamen, discriminen, deshonren, humillen o atenten contra la dignidad, así como patrones socioculturales que generen violencia o desigualdad.

 

¿Cuándo se ejerce violencia mediática?

La violencia mediática es un exponente de la violencia simbólica. Esto significa prestar particular atención en la violencia representada y difundida en y por los medios de comunicación audiovisual. Cuando se construyen representaciones que cosifican o estigmatizan a las personas. En el caso de las mujeres, por ejemplo:

-Representarla únicamente como objeto sexual de consumo o trofeo
-Naturalizar que es la responsable de la limpieza del hogar, la cocina y crianza de hijos/as
-Dar a entender que es una compradora compulsiva
-Realizar juicios sobre su modo de vida (con quién sale, cómo se viste, por dónde circula)
-Visibilizar un único modelo de belleza deseable (joven, delgada, a la moda, etc.)
-Normalizar la división sexual del trabajo: oficios, profesiones u ocupaciones exclusivas de mujeres (secretaria / enfermera / maestra jardinera / ama de casa) o de varones (gerente / médico / profesor / albañil)
-Adjudicar características especificas del “ser mujer”: débil, emocional, manipulable, celosa, histérica, chismosa, irracional, natural, etc.
-Revictimizar a la persona que fue víctima de violencia. El discurso que se pregunta qué hizo la víctima para ser agredida
-Invisibilizar desigualdades sociales presentes en el diversos ámbitos: laboral, salud, educación, etc.

 

¿Por qué se recomienda evitar el término “crimen pasional”?

Porque el calificativo “pasional” pone el acento en justificar la conducta del agresor. “La mató por celos”, “fue un ataque de furia”, por ejemplo, son formas discursivas que en última instancia promueven la condena a la mujer que sufrió violencia. Se culpabiliza a la víctima que sería la causante de esas pasiones y, consecuentemente, se respalda la acción violenta del agresor, eximiéndolo de responsabilidad.

Cuando se trata de un asesinato de una mujer por razones de género se sugiere hablar de “Femicidio” o “Feminicidio”. Ejemplo: en vez de “Otra mujer quemada” usar “Otro femicidio por fuego”. Más información.

 

Elogios que matan

 

por Koldo Campos Sagaseta

 

 

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No hay elogio para una madre que se tenga por mayor muestra de respeto que esa cruel observación de que “mi madre es una mujer de su casa, una mujer que no pisa la calle, entregada a la causa de su padre, de sus hermanos, de su familia…”.
Y junto al cumplido, la puntilla… “y por ello es que el amor perdura”.

Es perverso confinar a la madre a un “burka” de cal y ladrillos, pero aún es más cruel celebrarle la clausura. El resto son sus… labores, la prolongación de los muchos afanes en la casa de una mujer desprovista de identidad y convertida en la esposa de, la madre de, la viuda de…

Y las labores de una madre que se respete, devota y desprendida, siempre transcurren entre las mil y una paredes del hogar, entre esos muros hechos a la medida de la costumbre ante los que se rinde la curiosidad y se quiebran las alas; esas rígidas paredes a prueba de llantos, que apagan las voces y encierran los pasos y en las que los relojes únicamente marcan la espera.

Si acaso, queda la ventana del consuelo y el encuentro fugaz con la vecina mientras se tienden al sol los desahogos y se comparten todos los silencios.

Al otro lado del muro está la vida, el aire, la gente paseando por la calle, la juventud doblando las esquinas, los tragos en las mesas, la música en los pies, las monedas rodando por las manos, la lluvia, las paradas de buses, el amor paseando en bicicleta, la noticia caliente, la cerveza fría, eso que hemos dado en llamar vida y que, gracias a Dios y a nuestro cálido elogio, nunca perturba el sueño de las madres ni amenaza tampoco su virtud.

 

 

 

 

Louise Bourgeois. Femme maison, 1945-6

Louise Bourgeois. Femme maison, 1945-6

El libro Diversidades en primera persona propone una narración pluralista y personal de la disidencia sexual, a través de entrevistas y testimonios

Silvia Kurlat, a la derecha Ana Lía Glas

Silvia Kurlat, a la derecha Ana Lía Glas

Escrito por Ana Lía Glas y Silvia Kurlat, declarado de interés por el Inadi, presentado en la Biblioteca Nacional, Diversidades en primera persona (Editorial Deldragón) puede leerse como un material de divulgación orientado a aportar más voces y relatos para aquello que el mismo libro anuncia en su subtítulo: un imaginario inclusivo. Entre los entrevistados figuran Norma Castillo y Ramona Arévalo, Esteban Paulón, Marcela Romero, Raquel (Lucas) Platero, María Rachid. En las páginas siguientes, se reproducen algunos fragmentos del libro.

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El relato de los raros, de los que no coinciden en cuerpo, en gustos, o en actitud con lo que la norma manda, ha estado y sigue estando en los últimos siglos capitalizado por médicos, jueces y otros profesionales. En general, e incluso en el mejor de los casos, lo que se lleva el primer plano es la mirada testigo de los medios, de la amiga o el amigo, del teórico o del investigador, que interpreta o pretende una traducción entre dos extremos. Los que son y los que no entienden. Defender la primera persona no implica pretender que el testimonio es condición de verdad o que no está ella misma contaminada por interpretaciones y mandamientos. Defenderla es llamar la atención sobre la ausencia de trabajos que permitan el fluido de la voz de personas lgbti, sin que el juzgamiento, la compasión o el morbo, por nombrar sólo tres tics de la escucha, se lleve las inflexiones. Una de las demandas históricas de la militancia y una necesidad para abrir la brecha que acorta vidas y vivencias ha sido desde hace años la oportunidad para emitir y escuchar la voz propia. Unica e intransferible. Cruzada por los clichés y capaz de soltarse en giros, en datos personales, en reconstrucción no lineal. No es casual que la palabra “clic” aparezca tantas veces en las entrevistas de este libro. Aquello que en algún momento de la experiencia a alguien le hace un ruido y un quiebre. Este libro, especie de pequeño manual introductorio no sólo al arte de escuchar sino a información sobre activismos y conceptos teóricos que aparecen en la primera parte, constituye un paso pequeño y firme hacia la construcción de un imaginario inclusivo.

La palabra diversidad aquí burla los prejuicios que la condenan, paradójicamente, a ser monotemática. El cruce de etnia, estrato social, familia, filiación, clase social, discapacidades físicas, migraciones, entre otros, dan cuenta de la necesidad de las alianzas, de la relación entre el cuerpo de cada uno y el cuerpo de la sociedad. La mayoría de los discursos de Diversidades en primera persona están atravesados por la opción del activismo. Sin dudas, estos relatos que hoy leemos no son los mismos que estas personas se hicieron años atrás, pero tampoco son iguales a los que ellxs mismxs harán en el futuro. Las personas convocadas abren a su vez cierta inercia que impone la palabra diversidad: entre ellxs, por ejemplo, hay un médico, pero dando cuenta de las trampas del sistema médico-burocrático sobre todo en la puesta en práctica de la Ley de Identidad de Género. Se le suma un hombre gay cruzado por la paternidad y por sus reflexiones sobre la adopción en nuestro país hoy, una mujer trans que relata un recorrido que va desde la vida en la calle hasta la posibilidad que ha tenido de torcer el destino en el que muchos de los cuerpos trans quedan atrapados, un joven migrante boliviano que reside en la Argentina y contrasta el imaginario alrededor de la homosexualidad en su tierra natal y en esta tierra de destino, una lesbiana de casi ochenta años con un pasado como monja. Y las voces siguen.

CLIC

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SUBNOTAS

Raquel Lucas Platero
RAQUEL (LUCAS) PLATERO
DAVID CHOQUE

Thomás Casavieja
THOMÁS CASAVIEJA

Maria Rachid
MARÍA RACHID

Mulher e juventude no cinema do irã

Cena de “Persépolis”, animação autobiográfica dirigida por Marjane Satrapi

Cena de “Persépolis”, animação autobiográfica dirigida por Marjane Satrapi

por Nei Duclós
Especial para o Jornal Opção

A tirania política, cultural, de comportamento, que produz filmes ba­ni­dos pela censura, faz do Irã um exemplo de resistência na sétima arte. Os cineastas estão dispostos a não acatar a repressão e mergulham na vida social dos seus compatriotas, especialmente as mulheres e os jovens, foco deste ensaio sobre cinco filmes: “Persé­po­lis” (2007), animação auto­bio­gráfica da iraniana emigrada para a Europa, Marjane Sa­trapi; “Half Moon” (2006), ou “Meia Lua”, de Bahman Ghobadi; “A Separação” (2011), de Asghar Far­hadi; “Off Side”, de Jafar Pa­nahi, sobre a exclusão da mulher no futebol; e “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas” (2009), de Bahman Gho­ba­di, sobre a meninada musical de Teerã.

“Persépolis”, a tirania de gênero

Qualquer sistema de valores serve para impor uma ditadura: um nacionalismo que aspira ao imperialismo, uma religião fechada, uma democracia engessada, uma burocracia que finge eficiência. No Irã, como em alguns outros países, é o islamismo que é usado pelo tacão que esmaga opositores e proíbe o lazer, a música, a dança e a sexualidade. Em “Persépolis” (2007), animação autobiográfica da iraniana emigrada para a Europa, Marjane Satrapi (que assina o filme junto com Vincent Paronnaud), não é Alá o culpado da situação, mas os bandidos que se aproveitam da espiritualidade e da tradição para reinar impunemente.

As origens da tomada do poder são rapidamente apresentadas em tom de narrativa familiar para a menina, futura insurgente. Um coronelão do exército derruba um imperador de longa linhagem e, por obra dos britânicos, de olho no petróleo da região, se transforma em imperador. Re­passa o poder para o filho, o Xá da Pérsia, que é derrubado pela revolução popular. Nas primeiras eleições, vence o Islã com absoluta maioria dos votos. Desce então a tirania sobre todos, inclusive os que tiveram participação, por gerações, na luta contra a opressão.

A garota protagonista faz parte de uma família de revolucionários comunistas e acaba sendo enviada para Viena, para escapar da barbárie. Lá, conhece a marginalidade, o comportamento liberado, as drogas, o amor livre e quase morre no inverno, solta nas ruas. Volta sob promessa de que a família não perguntaria sobre essa sua experiência. Cai em depressão profunda, já que vê o país destruído, sua geração mutilada e quem sobrou entregue à superficialidade. Mas reage, entra na universidade e se torna uma militante do comportamento, sempre se opondo ao que ensinam nas escolas e denunciando os abusos do machismo contra as liberdades mínimas das mulheres.

Tirar a burka publicamente por alguns minutos, fazer festa escondida, reclamar dos conferencistas do governo são atitudes individualistas da jovem mulher agora desenraizada, que não se encontra no país onde foi criada, pois não apenas ela mudou, física e mentalmente, mas a nação inteira, que sai da guerra do Iraque com um perfil de cemitério. Em todo o filme, as exposições da situação do país são sínteses esclarecedoras sobre o horror que se abateu sobre a sociedade. A sua família sobrevive graças aos pais que não se separaram e à lucidez da avó, sempre crítica em relação às violências de todos os calibres.

Ela tenta formar a sua família, casando com alguém que imaginava amar (o que não dura nem um ano) mas não dá certo. Acaba voltando para a Europa, desta vez para a França, pois em Viena costumava negar suas raízes apresentando-se como francesa, sem nunca ter ido antes a Paris. Acompanhamos as memórias da anti-heroína sentada no aeroporto esperando a vez de embarcar. Na sua frente e diante dos nossos olhos desfilam os horrores das perseguições, das chances perdidas, dos amores desfeitos, da lenta e dolorosa tomada de consciência, das frustrações e da luta, sempre em pé, apesar dos altos e baixos. Vemos como as mulheres podem ser açoitadas se forem flagradas de mãos dadas em público e como são estupradas depois de casarem à força na prisão (pois a religião proíbe seviciar virgens).

É um bom filme. Poderia ter resvalado no feminismo tosco ou na denúncia vazia. Mas é eficiente ao costurar a vida pessoal com a coletiva, a memória com a realidade política, a narração tradicional com a História. Conheça um pouco do Irã e saiba como funciona uma ditadura. Veja “Persépolis”.

“Half Moon”, a morte na outra metade

Half Moon
“Se eu aceitasse a censura do governo, seria um funcionário, não um cineasta”, diz Bahman Ghobadi, diretor do filme “Half Moon” (2006), ou “Meia Lua”, mais um filme seu banido pelo regime de Teerã (idêntico ao “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”). Na mesma entrevista ele lamenta ter podado sua obra para tentar passar pela censura. Em vão. Perdeu seu tempo e deixou o filme com menos intensidade do que deveria. Não importa. “Half Moon” é um assombro.

Só a cena em que Mamo, o compositor e cantor do Curdistão banido pelo Iraque, chega na aldeia das montanhas em busca da voz feminina para a apresentação que fará junto com os filhos, numa celebração da música perdida de sua nação, vale um século de cinema. Centenas de mulheres com seus vestidos coloridos empunham enormes tambores redondos, que vibram à passagem do mestre que veio de longe resgatar a outra metade, a que lhe falta, sem a qual não será completo. Ele então passa com a eleita pelo meio da multidão feminina, que deixa qualquer timbalada no chinelo com seu ritmo de gala. É de fazer chorar as pedras. Nada há o que se compare a esse momento cinematográfico.

A metade que falta é, dada as circunstâncias, uma representação da morte. É a garota chamada Meia Lua que o leva para o meio da neve para enfim morrer, sem ter chegado ao seu destino, que não se cumpre. Sua cultura pode acabar com ele, mas há uma chance: abraçado ao papéis onde estão registradas suas composições, ele deixa o legado para os filhos instrumentistas. Eles levarão adiante esse recado de um mundo perdido. Mamo não se conforma com o silêncio a que foi confinado e por isso grita para os vales e montanhas da estrada que não desistirá da viagem, apesar de todos as profecias ameaçadoras.

É um road movie no qual todos os problemas assomam para a troupe que precisa esconder seus instrumentos musicais, pois o Irã proíbe a música, e a mulher que vai com eles, pois o Irã proíbe que mulheres se apresentem em público. Trata-se de uma civilização doente (apoiada por nossa ditadura atual), que confina o som da emoção e da ancestralidade e deixa de lado exatamente a metade da humanidade, a mulher. Assim como fazemos por aqui: matamos nossos talentos na infância e se sobreviverem ficarão à margem para que a mediocridade gritante sufoque a melodia, a harmonia, a maestria e a grandeza. Somos hoje o ruído e nossa música medra nas catacumbas, enquanto os espertalhões broncos fingem que são artistas.

Ghobadi sente medo da morte, presente em sua terra (ele é curdo, da minoria massacrada), do seu país (que frauda eleições, como estamos cansados de saber) e da sua região (o ódio mútuo entre árabes e judeus). Sente-se exausto com esse medo, que transparece em sua obra, principalmente neste filme, que versa sobre a morte. O velho Mamo cospe sangue na neve enquanto é levado para seu caixão, implorando para ser levado até onde o público, em vão, o espera. Na sua viagem, ele viu como o povo o idolatra e como ele é recebido como um herói nacional por expressar a identidade perdida de uma cultura que se supera pela voz e alma de filhos ilustres.

“Half Moon”, filme do cineasta que luta contra os poderes opressivos onde vive, com a coragem possível e necessária, é uma lição para nós, desfalcados também de nossa outra metade: o Brasil soberano, que nos falta e nos escapa pelos dedos como areia fina do deserto.

É preciso dizer também que “Half Moon” é sobre cinema. Pois o filme registra o que escapa à câmara de um dos filhos de Mamo, que está descarregada. Ele tentou filmar a viagem, mas não conseguiu. Fica a obra de Ghobadi, denúncia e arte suprema, para encanto dos espectadores e esperança de que o cinema continua vivo, apesar de tudo.

“A Separação”, o núcleo indissolúvel da justiça

A Separação

Todos mentem em “A Separação” (2011), filme iraniano de Asghar Farhadi, até que a verdade vem à tona. Mas ela não se circunscreve à justiça e sim ao foro íntimo. É no indivíduo que está a clareza sobre o que é certo e errado, independentemente de posição econômica ou política, atividade profissional, religião. O indivíduo sabe, mesmo que ele se envolva com todos os erros do processo que coloca duas classes sociais em oposição. O patrão da classe média que contrata a grávida, a empurra e é acusado de matar o bebê, enfrenta o marido endividado da sua empregada que quer colocá-lo na prisão e exige uma indenização pelo filho morto. Ambos enfrentam problemas conjugais e familiares, que explodem nas mulheres.
Do lado do acusado (interpretado por Peyman Moaadi), que não quer sair do país alegando que tem pai com Alzheimer — uma representação do estado terminal do país obsoleto e fundamentalista — está a esposa (Leila Hatami ) que quer ir embora e levar a filha adolescente (Sarina Farhadi )para ter uma educação melhor. No colégio, a moça aprende que existe a elite e as pessoais “normais”, para escândalo da mãe progressista. E também lhe ensinam as palavras de um dialeto que são atribuídos a outro pelos professores, para escândalo do pai tradicionalista.

Do lado do acusador, que tinha sido preso pelos credores e vê no processo uma chance de sair do buraco, está a grávida (Sareh Bayat), que decide trabalhar escondida, já que o marido não coloca mais dinheiro em casa. Ao entrar em conflito com seu empregador, ela é obrigada a falar tudo para o marido, que entra em parafuso de violência. Tudo acaba nas mãos de um juiz indiferente e ao mesmo tempo minucioso, numa interpretação didática de como funciona o sistema judiciário no varejão do Irã.

O acusado mente que desconhecia a gravidez da empregada, esta mente dizendo que o empregador provocou o aborto, a professora mente que ele não sabia de nada, a filha é obrigada a mentir para evitar que o pai pegue três anos de prisão. É nessa filha adolescente que se concentra o drama. Ela fica com o pai enquanto a mãe volta para a casa materna. Seu objetivo é manter a família unida, pois sabe que mãe jamais a abandonará. Mas esse vínculo se rompe quando vê a mentira tomar conta do depoimento paterno.

Cabe a ela decidir se fica com o pai ou a mãe. Se ela se decidir pelo pai, optará pela tradição e o país. Se for pela mãe, será mais uma migrante. O filme termina sem dizer com quem ela fica, mas está claro que o pai, abandonado num banco do fórum, fica para trás nesse processo radical de transformação do mundo que o Irã teima em não aceitar. Lá, é proibido mulher dirigir, mas a esposa que se separa e quer ir embora dirige. É proibido mulher grávida trabalhar ou limpar idoso doente, pois a religião proíbe, mas na hora do aperto as regras são transgredidas.

É fora do fórum que se procura uma solução para o caso. Em vão, pois a proposta emperra nos princípios religiosos. Resta então a luz interior de cada um: todos enxergam claramente o que aconteceu e qual a culpa que carregam. Mas as contingências, as ameaças, as dúvidas, as pressões econômicas e políticas acabam colocando tudo a perder. A esperança está em quem sofre o impacto desse sufoco mas mantém a lucidez.

Mulheres de burka desde meninas até as mais idosas. Homens de barba obrigatória. O Deus oficial sendo citado a todo momento. É esse Irã medieval ambientado nas demandas da modernidade que o filme falado de Asghar Farhadi mostra por meio de um duplo processo: de um lado a separação do casal e do outro a acusação de assassinato. Em nenhum deles está a verdade, mas sim no coração devastado da jovem que vê seu país partido numa época de ruptura. Nela reside a fragilidade extrema da situação. Ao escolher a fuga ela rompe com o sufoco a que é submetida a população. Voa para a incerteza, mas só lhe resta a coragem de uma decisão fundada no seu espírito comovente, ético e natural ditado pela consciência.

“Off Side”, a elipse em Jafar Panahi

Off Side

Elipse é um recurso cinematográfico em que a ação oculta é sugerida pelo que vemos na tela. Em “Off Side”, de Jafar Panahi, filme ganhador do Urso de Prata no Festival de Berlim em 2006, essa ação oculta é o jogo decisivo entre Irã e Bahrein pelas eliminatórias para a Copa da Alemanha, que seria realizada naquele ano. O que vemos na tela é um grupo de mulheres tentando entrar no estádio, sendo detidas e acompanhando os lances numa longa trajetória até a prisão, que afinal não acontece porque a explosão popular de alegria pela classificação não deixa.

O filme, dirigido pelo cineasta que foi preso pelo ditador do Irã, amicíssimo do governo brasileiro, e que foi solto depois de pagar 160 mil euros, é um primor e jamais será exibido nas televisões brasileiras, mais preocupados em imbecilizar a população com blockbusters e produções americanas de quinta categoria. Quem acompanha futebol sabe o que significa off side, o impedimento de quem fica sozinho atrás da linha de zagueiros adversários esperando a bola para fazer um gol covarde. Foi o que aconteceu na copa da África do Sul, com tosco Tévez, o bobalhão argentino, que estava no off side mas ganhou o aval da arbitragem corrupta da Fifa no jogo contra os mexicanos, que ainda vão pegar todos eles “na saída”, como se dizia nos tempos do colégio.

Pois as mulheres do Irã estão impedidas de ver o jogo porque são mulheres e devem ser preservadas dos insultos e possíveis estupros na companhia de dezenas de milhares de homens, conforme suspeita a moral da ditadura iraniana. Mas elas tentam driblar a fiscalização e acabam todas num redil, guardadas por um soldado bronco vindo do interior e que cumpre compulsoriamente o serviço militar, louco de medo de cometer alguma transgressão e ter de ficar para sempre vestindo a farda, sem poder voltar para cuidar do seu gado e de sua família.

O cinema iraniano segue os protagonistas e dá voz a seus diálogos de maneira ininterrupta, como vemos em outros cineastas desse país, como o festejado Abbas Kiarostami, entre outros. Dizem que é pelos poucos recursos, mas não acredito que seja só por isso. Edição, com os recursos atuais, é fácil de fazer e não está tão caro como antes. O que há é sinceridade, vontade de cumprir à risca a máxima de Godard, de que o cinema é a verdade 24 vezes por segundo (conceito tirado da época do celuloide). Panahi filma em tempo real a saga das garotas para ver seus ídolos do futebol (algumas também jogam) e torcer pelo seu país.

O sentimento de pertença, que aqui no Brasil explode nas vitórias e implode nas derrotas, é trabalhado neste filme com amor e respeito. Não há dúvidas sobre a legitimidade desse sentimento, desse patriotismo explícito, que é representado pela multidão indo para o estádio e depois saindo para festejar e dançar. A comemoração inclusive serve para libertar as prisioneiras de dentro da van que as levava para o cárcere. Metáfora da liberdade sendo gerada pela festa da nacionalidade, pela alegria de fazer parte de um país. Terra adorada, salve salve: aqui virou deboche, lá é luta a favor da população e contra a ditadura que enche o saco do mundo com o aval do governo brasileiro.

Panhi estava impedido, preso, porque foi acusado de fazer um filme sobre a corrupção eleitoral no Irã, evento trágico com protestos de muitos mortos e cenas tremendas de violência e repressão. O jogo decisivo, no filme, estava impedido de ser visto e alguns dos seus lances faiscavam por entre as grades, na tela da televisão do bar vislumbrado da van, pelo rádio com antena defeituosa. Os soldados estavam impedidos de deixarem as prisioneiras escapar. Tudo estava contra o cinema: a censura de imagens e de comportamento e a falta completa de diálogo com os poderes. Mas Panahi fez um filme magnífico com tão poucos elementos.

O final, em que a garota queima sete fogos em memórias dos torcedores mortos no passado num jogo entre Irã e Japão, ao som de música nacional do Irã, provoca aquela emoção rara quando vemos uma grande obra. Estamos impedidos de termos um país decente porque os ditadores se abraçam e nos sufocam. Resta-nos a luta pela livre expressão, nesse ninho de cobras que são todos os tipos de mídias, em que o insulto substitui a razão e o deboche impõe o obscurantismo até o último suspiro.

“Gatos Persas”, a moçada marginalizada de Teerã

Cena de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”, dirigido por Bahman Ghobadi, sobre a nova cena musical de Teerã

Cena de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas”, dirigido por Bahman Ghobadi, sobre a nova cena musical de Teerã

A cultura dos clipes acabou com os musicais, mas estes resistem, quando pertencem a uma linhagem que vai de “Sweet Charity”, de Bob Fosse, a “West Side Story”, de Jerome Robbins e Robert Wise, em que as canções e os intérpretes fazem parte da narrativa, são a essência do fluxo da história e não convivem à parte, como se fossem enxertos. Quando um musical extrapola seu gênero e torna-se um semidocumentário de ficção, feito no Irã sem licença do governo, e se transforma numa obra-prima graças ao roteiro, às imagens, à edição, às músicas e aos intérpretes, então recuperamos a esperança de que o cinema tem esse poder de reação contra a mediocridade dos clipes e suas falsas transgressões comerciais.

É o caso de “Ninguém Sabe Sobre os Gatos Persas” (2009), de Bahman Ghobadi, aclamado cineasta que já ganhou a Palma de Ouro com “A Time For Drunken Horses” e que no seu primeiro filme, “Life in Fog”, ganhou tudo que é prêmio. Dividindo o roteiro com Hossein Mortezaeiyan e Roxana Saberi, ele filmou Teerã com a câmara no ombro, por meio da música oculta produzida clandestinamente pela moçada, e que cruza influências internacionais do ocidente com a contribuição local.
Em princípio, é a história da formação de uma banda para se apresentar em Londres, uma escapada por meio de passaportes falsos, a cargo de um casal, real, Negar Shaghaghi e Ashkan Koshanejad, que contrata um empresário jovem, o fantástico Hamed Behdad no papel do motoqueiro virador Nader. Mas no fundo é uma viagem por todos os bairros, ruas, becos, casas e personagens de Teerã, a megacidade onde, como diz um rapper local, a luta de classes transforma as pessoas em bichos ou lixo.
Ficamos assim viajando dentro da megalópole por meio do que a moçada de lá toca, encerrada em porões e sótãos e estúdios alternativos, procurando uma saída em meio á repressão e a violência. O filme foi feito em 18 dias e as cópias contrabandeadas logo depois para fora do país, junto com os principais protagonistas, pois sabemos o que existe no Irã, uma ditadura que usa a democracia para se perpetuar.
O filme pega na veia e arrebata pelo muito que mostra e o deslumbramento das imagens e dos sons. Cada banda ou intérprete leva o espectador para um aspecto da vida da grande cidade. Quando a vocalista canta, são as mulheres que aparecem, desde as meninas até as grávidas, as velhas, as multidões femininas. Quando é o grupo de rap, aparece toda a miséria e a violência da população marginalizada. Quando é um grupo folclórico (o diretor é de etnia curda), vemos uma representação da grandeza do país, suas paisagens solenes e as obras monumentais. Se o som é rock alternativo, o dinamismo do trânsito e das calçadas desfilam diante de nós.
Você acaba preso a essa viagem radical e transformadora. Sua percepção sobre o Irã muda, sua noção de musical se amplia e a vontade de ver mais filmes do diretor se transforma numa obsessão. É crime hediondo o que fazem conosco: deixam esses filmes em festivais e circuitos alternativos, jamais passam na televisão, aberta ou paga e nos empurram porcarias americanas sem parar, num show de estupidez e barbárie sem precedentes.
Queremos as lições da resistência iraniana, a que não se abraça com os tiranos, como fazemos por aqui. Deixe a moçada de Teerã tocar em você. Prometo que você vai chorar de emoção.
Nei Duclós é escritor e jornalista. Um dos principais poetas da atualidade

Bolívia machista rejeita meninas nos colégios

 

El Ministerio Público inició la tarde del lunes el proceso de notificación a seis padres de familia para que declaren por ser identificados como los incitadores al rechazo violento y discriminatorio a la presencia de alumnas en el Colegio Bolívar, informó la representante de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño.

Explicó que la fiscal del Menor, Ximena Narváez, se hará cargo de seguir el proceso y establecerá plenamente quienes fueron los autores directos, instigadores y responsables de los hechos denunciados.

Sostuvo que se pidió por medio de una denuncia formal que las personas identificadas sean procesadas por el delito de discriminación, establecido por el artículo 281  del Código Penal.

“La pena por ese delito es de 1 a 5 años y lo que en realidad queremos es que se siente un precedente. Queremos una sentencia condenatoria para que nunca más en este país vuelva a suceder un hecho como este”, manifestó.

Las presidentas de la Cámara de Diputados y Senadores rechazaron, este lunes, la discriminación de género y pidieron pacificar por la vía del diálogo el conflicto presentado en el colegio Bolívar de la ciudad de Cochabamba, donde sus estudiantes varones junto a padres de familia impiden el ingreso de diez señoritas.

La presidenta de Diputados, Rebeca Delgado, dijo que por encima de las sanciones que pueda emitir el Ministerio de Educación, se debe respetar las leyes y optar por la vía del diálogo para evitar más enfrentamientos como los que se vivió la semana pasada.

“No solamente es un tema de sanciones, sino de comportamientos, de conductas y por eso que se debe optar por la vía de diálogo y la concertación”, manifestó Delgado.

“Nosotros vamos a ser vigilantes de que se cumpla la Ley, y que se cumpla la Constitución”, sostuvo, por su parte, la presidenta del Senado, Gabriela Montaño.

El fenómeno del Colegio Bolívar

por Alfredo E. Mansilla Heredia
Si bien lo macro define lo micro, es importante entender el fenómeno del Colegio Nacional Bolívar, establecimiento en el que tuve mi formación secundaria. Algunos padres de familia con entendimiento parcial de la realidad, en su desubicación pretenden que la unidad educativa no albergue a mujeres en pleno siglo XXI, donde la tendencia de formación es mixta. Se argumentan, limitaciones de infraestructura, que el colegio por tradición es de varones, que las damas inscritas no hicieron fila, etc. La verdad es que, la intolerancia y el pretexto quieren ahondar la discriminación negativa que merma la posibilidad de aplicar el enfoque de equidad con perspectiva de género. El modelo educativo mixto, genera mejores indicadores de convivencia entre varones y mujeres, hace que el costo de oportunidad de las decisiones medianamente inteligentes faciliten el bienestar y la expansión de la cultura, evitando el “machismo” o “hembrismo”, distorsionadores de la acción comunicacional eficiente, que a futuro provocan incompatibilidad, violencia psicológica, física, divorcio y otros males. La educación debe expandir cultura. Es decir, ampliar el pensamiento basado en la empatía y el entendimiento del sistema. Educación, es sinónimo de búsqueda infatigable de la perfectibilidad asumiendo el error destinado a potenciar el conocimiento, interacción vivencial y equilibrio emocional. Bolivia tiene un mayor porcentaje de mujeres, lo medianamente justo sería que en el Colegio Nacional Bolívar y los restantes establecimientos, encaminen un proceso de inscripción aplicando la matemática del reparto proporcional, destacando que diez damas, son insuficientes, pidiendo que de una vez se cumpla la ley, dejando de lado la discriminación negativa, componente del pensamiento reticente y excluyente. Por tradición en el Colegio Nacional Bolívar, se tuvo una formación académica de excelencia, “machista”, al estilo militar de antaño, destacando que por retraso o falta en algún momento se trató al estudiante como si fuese un “cernícalo” y sin derecho a reclamo alguno. Es hora, de profundizar la formación académica, garantizar un proceso de aprendizaje significativo, sin discriminación negativa, con deporte y prioridades que se enmarquen en el enfoque de género alejado de estereotipos o prejuicios que permitan fomentar el enriquecimiento del pensamiento y la creatividad para hacer desarrollo. Hoy el costo de oportunidad para la toma de una decisión inteligente implica sacrificio para dejar de lado el pensamiento negativo y discriminador.