Foto de casal gay grávidas faz sucesso

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Há dois meses um casal da Carolina do Norte, nos Estados Unidos, divulgou fotos de um ensaio no Instagram.

O que as mamães Melanie Roy e Vanessa Iris Roy não imaginavam é que uma montagem com uma foto lado a lado das duas gestações fosse fazer sucesso na internet e viraria inspiração para outros casais ao ser compartilhada por sites gays.

“É uma loucura ver que as pessoas estavam se referindo à minha família como uma inspiração. Nós ainda estamos em choque”, disse Melanie Roy ao jornal “The Huffington Post”.

Segundo a reportagem publicada pelo jornal, elas esperavam que as fotos servissem de estímulo para outros casais gays.

“Vanessa e eu sempre dissemos que nós duas gostaríamos de engravidar. Esperamos que a nossa imagem seja o sinal do qual algumas mulheres precisam para incentivá-las a engravidar”, disse.

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Sexo e drogas nas campanhas eleitorais do Brasil e França

 

Dominique Strauss-Kahn

Dominique Strauss-Kahn

Dominique Gaston André Strauss-Kahn, principal líder do Partido Socialista (PS), era para ser o presidente da França hoje.

Denunciado por estupro e ligações com prostitutas, foi substituído por François Hollande, um burocrata secretário do partido.

No Brasil, DSK, como é conhecido Dominique, seria festejado pela virilidade.

No Brasil, o caso DSK seria cousa costumeira, que vários candidatos se envolveram com prostitutas, inclusive drogas, e nenhuma voz puritana apareceu para reclamar.  Nenhum fanático religioso, que se elege deputado ou senador pelas campanhas contra os gays, as lésbicas, o aborto e o casamento igualitário.

DSK estava eleito presidente da França. Professor de economia na Universidade Paris X (Nanterre) e deputado socialista a partir de 1986, presidiu a comissão de finanças da Assembleia Nacional do seu país, entre 1988 e 1991.

Tornou-se ministro da Economia, das Finanças e da Indústria do governo de Lionel Jospin. Nessa função, trabalhou para o lançamento do euro e representou a França no Conselho de Governadores e de um certo número de instituições financeiras internacionais, incluindo o FMI.

Em 28 de setembro de 2007, foi escolhido para dirigir o Fundo Monetário Internacional (FMI), assumiu suas funções em 1º de novembro. Em 14 de maio de 2011, em Nova York, foi envolvido num suposto caso de agressão sexual. Colocado em detenção provisória, pediu demissão em 18 de maio, antes de ser levado a julgamento.

Há quem acredite em uma armação, que se aproximavam as eleições presidenciais da França de 2012.

Hoje Dominique Strauss-Kahn voltou a ser capa de jornal em Paris.

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A LA BARRE  Jade, venue témoigner au procès du Carlton, a raconté une soirée brutale avec DSK. Pour elle, il ne fait fait aucun doute que l’ancien directeur du FMI connaissait son statut de prostituée.

Jour après jour, elle revient à la barre du tribunal correctionnel de Lille. Parce qu’elle est l’une des prostituées à avoir participé au plus grand nombre de «soirées», Jade, grande femme mince au visage caché par un casque de cheveux auburn, raconte inlassablement les passes, les hôtels, les bordels, les transactions, les clients. Ce mercredi 11 février, il est question à l’audience du procès du Carlton d’une «partie fine» avec Dominique Strauss-Kahn au Tantra, club belge échangiste, à l’automne 2009.

«On m’avait clairement fait comprendre que j’étais là pour DSK, raconte-t-elle.

Pour Jade, cette conversation ainsi que d’autres «signes» prouvent que Dominique Strauss-Kahn savait qu’elle était prostituée. C’est l’enjeu fondamental : DSK encourt jusqu’à dix ans de prison s’il est reconnu coupable de proxénétisme.

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«JE REVIS CET EMPALEMENT DE L’INTÉRIEUR, QUI ME DÉCHIRE DEDANS»

Arrivés à Bruxelles, DSK propose à Jade de «finir la nuit» avec lui et son amie. «Comme j’avais été payée pour une prestation et que je n’avais encore rien fait, j’y suis allée», dit Jade. Elle fond en larmes lorsque le président du tribunal lui demande de raconter ce qui s’est passé dans la chambre, une sodomie brutale.

 

Asesinan a activista venezolana Giniveth Soto

A LA VISTA
Midgelis Miranda y Giniveth Soto contrayendo matrimonio en la argentina en 2013

Midgelis Miranda y Giniveth Soto contrayendo matrimonio en la argentina en 2013

 

Honrar la vida

En Venezuela asesinaron a la joven Giniveth Soto, activista lesbiana que hace un año se casaba en Argentina y tenía un hijo con su esposa. En su país no sólo no le reconocieron el matrimonio, ni la maternidad, sino que le hicieron pagar con la vida.

Por Paula Jiménez España

Las venezolanas casadas

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Pasado el velorio, Midgelis Miranda recordó las palabras que su esposa solía esgrimir: “Las personas lgbt venezolanas somos consideradas ciudadanxs de segunda”. “Yo estoy pintada en la pared”, denunció Midgelis con dolor, porque la familia de Giniveth Soto, que decía reconocer y aprobar el matrimonio entre ambas, había decidido cremar a la chica y llevarse consigo las cenizas sin siquiera consultárselo. Es la misma familia a la que Giniveth –ignorante, como todxs, de lo que podría suceder tras su final– soñaba hacer partícipe de su felicidad al volver a Venezuela. Pero lo que Midgelis guarda de ella no es esa ceniza robada sino vida: no sólo la hecha del recuerdo de los días compartidos sino la del hijo nacido hace menos de cuatro meses y concebido dentro suyo gracias a una ovadonación de su pareja. La foto en blanco y negro que circula por Internet, en la que ambas aparecen riéndose bajo una lluvia de arroz, fue sacada en la puerta de un registro civil de Rosario, ciudad en la que se autoexiliaron en 2013 para llevar adelante su proyecto familiar. En aquel momento, la jugada fue estratégica. Como las leyes venezolanas reconocen matrimonios concertados en el exterior, se pensó que éste también podría ser su caso: un reconocimiento así sentaría precedente y el país bolivariano se llenaría de los putos y las tortas que, pudiendo viajar a la Argentina, volverían casados y haciendo valer la igualdad de sus derechos (y de paso presionando por la modificación de las leyes venezolanas, que sería el fin último). No resultó. La revolución bolivariana no llega por ahora a tocar las fibras más íntimas de la tradición, ni le tuerce la mano al patriarcado. Y la co-maternidad de Giniveth y Midgelis –que incluso podría ser probada vía un estudio de ADN– también ha sido rechazada al denegarse la inscripción de su hijo en común. “Gineveth no sólo no pudo ver hechos realidad estos cambios sino que durante la gestión administrativa del gobierno bolivariano se sostuvo un proceso discriminatorio evidente”, denunció la Prensa ACVI (AC Venezuela Igualitaria). Pocos medios profundizaron en el tema de debate que la militante lesbiana instaló con su propia vida en la sociedad venezolana y, por supuesto, el periodismo antichavista prefirió apropiarse de esta muerte para usarla como bastión político contra la inseguridad: Soto, psicóloga de 31 años, falleció de un balazo en la cabeza al resistirse al robo del taxi que conducía. En los muchos portales web donde se difundió la noticia, desde los titulares fue presentada como la sobrina de Fernando Soto Rojas, un diputado de la Asamblea Nacional, y se la desconoció como lo que en verdad era: una aguerrida activista lesbiana de la Agrupación Venezuela Igualitaria que hizo de la búsqueda de la felicidad –y esto que pareciera ser lo obvio, es casi una excepción–, el sentido de su vida.

Creó el primer grupo de bisexuales de la Argentina

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con la frente alta

Tras encumbrarla como una de sus máximas referentes, la militancia lésbica de los ’90 le dio la espalda, cuando se puso en pareja con un activista gay. Creó entonces el primer grupo de bisexuales de la Argentina y se fue del país poco después. La ley de matrimonio igualitario la trajo de regreso: volvió para casarse con su novia india. Alejandra Sardá, la revulsiva que contra su propia conveniencia rompió la crisálida del activismo L, cuenta lo que hizo y lo que sigue haciendo, veinte años después.

Imagen Sebastián Freire

Imagen Sebastián Freire

 

por Paula Jiménez España


Alejandra Sardá, ex integrante de Lesbianas a la vista y activista estrella de los ’90, tiene el pelo completamente blanco. Cuando vivió en Holanda –en parte por trabajo, en parte para convivir con Rádica, que quiere decir Luna, su novia india– descubrió esa belleza poco frecuente en la Argentina: rostros de mujeres todavía jóvenes iluminados por el plata de sus canas. Y decidió dejar de teñirse. Hace pocos años volvió a Buenos Aires y esta tarde, con su cabellera blanca, espera sentada en el café La Paz a que hagamos la entrevista. Tiene el gesto juvenil de entonces, la sonrisa inalterable y, como entonces, su hablar es claro, se entiende el porqué de su inolvidable paso por la militancia. Las cosas han cambiado –cuenta– pero no tanto: se puede decir que pese a haberse apartado del activismo Sardá no abandonó nunca el paño. Desde hace largo tiempo es coordinadora del Programa de fondos de mujeres de la financiadora Mama Cash –una entidad que subvenciona a grupos feministas o de derechos de las mujeres de todo el mundo– y previo a esto fue asesora de una iniciativa de AWID (Asociación para los derechos de la mujer y el desarrollo) que profundizó en el cruce entre fundamentalismo religioso y derechos, principalmente los sexuales.

¿Cómo definirías el fundamentalismo religioso?

–Es la instrumentación de una religión para adquirir o preservar poder político, que es poder económico. Toda religión tiene una parte espiritual, totalmente válida para quien la siente así, y tiene sus expresiones revolucionarias que van en contra del status quo, y que son brutalmente reprimidas. Y están también las expresiones que se acomodan a los poderes fácticos, son profundamente instrumentales y terminan siendo fundamentalistas. Tenés el fundamentalismo católico, evangelista, musulmán, judío, budista, de cualquier religión.

Y todas intervienen en la cuestión de la sexualidad. ¿De qué manera?

–Lo que se busca es poder político y económico, y uno de los elementos centrales es controlar la reproducción, porque la reproducción es la población. Entonces el sometimiento de las mujeres y la condena social a las minorías no reproductivas –olvidémonos por un momento de las maternidades alternativas y la reproducción asistida, pensemos con un esquema más tradicional– es lo que a esta gente le interesa. Quien decide quiénes se reproducen quiere que la mayoría “sana”, étnica o religiosa, se reproduzca para dominar el territorio y que la minoría “no sana” no lo haga. Para eso necesitás mujeres convencidas de que reproducirse es un deber, o sometidas para que no puedan legal y socialmente –por eso las leyes de aborto– tener proyectos que anulen o limiten su reproducción.

Pero el tema de las maternidades lésbicas, al menos en Occidente, se les escapa como posibilidad de control…

–Eso es para ellos de un nivel de aberración tal que directamente esa gente no tiene que existir. No vamos a discutir si se pueden reproducir o no: se tienen que curar. Casi todos estos fundamentalismos tienen dispositivos de “cura” de la homosexualidad. Las famosas clínicas en América latina están dirigidas por grupos religiosos. Donde esto ha saltado a la luz, en Ecuador, en Perú, en Brasil, siempre hay un grupo religioso ligado con ello. Hace muchos años se hizo un tribunal de derechos humanos en Lima sobre el tema de las clínicas en Ecuador.

¿Cómo ves el tema en Argentina, en relación con la elección del papa Francisco?

–Mi sensación es que en los últimos años se ha logrado un consenso social, sobre todo en el tema lesbianas, gays y bisexuales; la cuestión trans es otra cosa. Consenso al que no le afecta demasiado el Papa o el no Papa. Por supuesto que me van a decir: el crimen de Pepa Gaitán. Claro que sí. Nada es absoluto, toda sociedad tiene bolsones de violencia y los va a tener siempre. Pero la ventaja de ser una señora grande es que no puedo negar los cambios. Soy de la gente que marchaba y alrededor había un vacío. Ahora los partidos políticos tienen su idea de la diversidad sexual, una puede pensar que hacen teatro, pero por lo menos hacen teatro. Yo me casé con una chica, voy de lo más macro a lo más mínimo…

 

De criminales a señoras casadas

¿Tu pareja es de la India, no?

–Sí. Y estoy muy agradecida por la ley de matrimonio. Vivía en Holanda en 2010 y no sé si acá se habló de las parejas con doble nacionalidad, pero para nosotras fue la posibilidad de volver a la Argentina. En la India somos criminales, acá señoras casadas. Con Rádica vivíamos en Holanda por mi trabajo y porque nos quedaba en el medio. En Argentina, cada vez que me venía a ver no se podía quedar más de 45 días, y con muchos requisitos. Con la ley pudimos volver. El día que nos casamos había una parejita hétero en el registro, también casándose, y nos abrazamos los cuatro. Creo que la ley fue posible porque durante años mucha gente hizo un trabajo de hormiga para generar este nivel de convivencia social. En Argentina se montó por un desarrollo social y eso no puede cambiar por más que el Papa llegue a donde llegó.

¿Dónde conociste a Rádica?

–En una conferencia internacional, en Italia. Yo estaba con alguien, pero ¿viste cuando marcás a alguien y te decís: no por ahora? Trabajaba con un grupo de la India que se llamaba CREA y siempre me fijaba a ver si estaba Rádica en la lista de invitadxs, hasta que coincidimos por fin. Ella estaba en otra cosa cuando nos conocimos, tenía una relación complicada y no quería dos quilombos. Me vio y dijo: sólo puedo con uno. Pero esa segunda vez yo ya no era un quilombo y ella resolvió su situación rápido. Tuve varias experiencias alternativas y diversas de relaciones y llegó un momento que dije: no puedo. Es maravillosa la teoría, la sigo apoyando, admiro a la gente que lo logra, pero…

¿Estás hablando del poliamor?

–Sí. Yo lo hice mal, lastimando gente y perdiendo gente muy valiosa. Decidí en un momento que no tengo la capacidad. No vivo lo mío como una maravilla; es lo que cada una puede. Me parece válida la opción de no hacerlo si no se puede. Durante años tuvimos una relación a larga distancia, de la mitad del mundo a la otra. Lo que nos ayudó es que nos encontramos con más de cuarenta años ambas y muchas cosas vividas, algunas hermosas y otras no. Y nos preguntamos profundamente: ¿justifica esto que hagamos tremendo quilombo y tragedia?

¡Parece que sí! ¿Vos viviste también en la India?

–Pasé seis meses allá y todos los años voy porque para mí es mi segundo país. Tengo amigas maravillosas y la familia de Rádica es una rara avis. El papá y la mamá son de dos religiones diferentes –que eso es una cosa muy revolucionaria– y el de ellos fue un matrimonio por amor, hace más de cincuenta años. Allá se suelen arreglar los matrimonios. Ellos son gente con una mentalidad no estándar y a mí me tratan como a una hija. La India ya tuvo sus primeras marchas del Orgullo. Yo estuve en la primera, en Delhi, y éramos pocas personas. Había feministas aliadas y gente del VIH. Allá hay una ley que penaliza la sodomía y se aplica mezclada con una cuestión de clase, como acá los edictos policiales; es una ley anacrónica que jamás se va a aplicar a una persona de clase media, pero es un instrumento de la policía para proceder contra las personas trans, sobre todo contra las trabajadoras sexuales. Crimen y castigo

¿Vos por qué te alejaste del activismo Glttb?

–Sinceramente la cuestión de los niveles de agresión pudo conmigo y con mucha gente. Llega un momento en que es muy fuerte esto de destruirnos no sólo a nivel político sino también personal. Es un activismo personal, no estás defendiendo los bosques sino cosas de tu propia vida. Y no soy una pobre víctima. He dañado a mucha gente también, es una dinámica de relacionamiento. No sé si esto continúa pasando. Lo he hecho y me lo han hecho a mí. Tiene que ver con el verticalismo, con la desesperación, con la marginación, con la intolerancia.

Eras activista lesbiana y empezaste a salir con un activista gay. Esto fue un problema para vos por la inflexibilidad de las organizaciones de los años ’90, ¿verdad?

–De las organizaciones y de las personas. Además tiene que ver con otra dinámica de nuestro movimiento, que es la cuestión de las figuras que ocupan un lugar de referente. Yo terminé huyendo de eso. Que te pongan en ese lugar es devastador, porque tu vida te deja de pertenecer. Hubo gente que por ese episodio me decía: no te puedo mirar porque vos eras un referente para mí. Yo pensaba: ¿y qué culpa tengo? Hoy en día la gente moriría de risa. Una cosa que me fascina de lxs jóvenes es la posibilidad de no definirse, esto de la fluidez del deseo. Lo más gracioso es que cuando a mí me pasó llevaba años fuera del closet y nadie podía decirme, como me decían, que no me animaba a asumirme como lesbiana. ¡Es ridículo! En ese momento la única gente que no se asustó fue la gente trans, porque imaginate que con las cosas que les pasan en la vida por lo que menos se preocupan es por quién se acuesta con quién. Hay cosas más serias que eso.

A partir de ahí abriste el primer grupo de bisexuales que hubo en el país…

–Sí. En aquella época nosotras no teníamos noción del poder de los medios. Le pasó a Ilse con las lesbianas y a mí con la cuestión bisexual. Fui a un programa de televisión a hablar y di el teléfono de mi casa. Yo era psicóloga y no paraba de sonar el ring, me acuerdo de cómo me miraban mis pacientes. Se armó un grupo, la cosa se abrió y después hubo otra gente que lo retomó, y hoy es un tema que no asusta a nadie, por suerte. Y para mí es una bendición. Yo milité para que las cosas por las que militaba desaparecieran. Que nadie se asuste porque alguien sea bisexual me parece un logro del activismo, no un logro mío sino de mucha gente, incluso de la gente joven que ni siquiera se pone el cartel de bisexual, que me parece mejor todavía. A mí, en cambio, me tocó la prehistoria, donde era todo un escándalo.

Al poco tiempo te fuiste del país, ¿verdad?

–En ese momento me cayó del cielo una oferta para trabajar en una ONG internacional y sentí que si hacía de mi activismo mi trabajo iba a estar protegida, porque en un trabajo una no pone tanto la piel. Y esto me llevó años entenderlo. Antes el activismo era lo que se hacía a la noche y los fines de semana, con el alma. Y como era el amor y la pasión y la vida, te mataba. En cambio, en el laburo los mecanismos eran más racionales y también había reglas de juego. Si a mí una jefa me insultaba, como yo era una empleada, las leyes laborales me defendían; en cambio, en los grupos de lesbianas, no tenía nada. Hay gente que se ha ocupado de investigar –y esto también es muy interesante– cómo el poder informal puede llegar a ser mucho más despótico que el formal.

 

Activismo de ayer y de hoy

 

Antes mencionaste, respecto de la Argentina, que la cuestión trans es otra cosa. ¿A qué te referías exactamente?

–La ley que tenemos es maravillosa, pero está treinta años por delante de nuestra sociedad. Las aberraciones que la gente dice de las personas trans… Siempre hubo una cuestión de clase en el activismo trans que no la hay con el resto del activismo. Yo misma en mi época sabía que era una persona “potable” y usé conscientemente esto para hacer visibles los temas que nos importaban.

¿Ser potable significa ser blanca, de clase media, profesional..?

–Por supuesto. Ahora hay espacio para una diversidad de voces, de cuerpos, de todo. Pero en algún momento tenía sentido estratégico que hubiera gente “potable” porque había que abrir puertas y no quiere decir que una fuera mejor. Claro que cuando tenés esa condición de “potabilidad” es importante que te cuides de no obstruir otras voces. Porque hay un momento en que esas voces tienen que dar un paso al costado y compartir el espacio con las otras.

¿Y cómo ves el activismo actualmente?

–A mí me gustaría estudiar la relación entre el activismo y el Estado. Yo he escuchado gente de mi época decir con una concepción cavernícola: ahora ya no hay activismo, lo único que hay son empleados del Gobierno. Si decís eso estás descalificando lo que hace la gente ahora que está militando en condiciones completamente distintas de las nuestras. Para mí está pasando una cosa más compleja e interesante.

¿Y qué dirías que está pasando?

–Entre otras cosas, hay subsidios que vienen del Estado y es algo que hace veinte años era impensable. Es cierto también que hay mucha gente que, como el Estado encarna banderas de su lucha activista, siente que puede llevarla adelante siendo parte del Estado, esto es algo nuevo para el movimiento lgttb. Nosotros cuando empezamos teníamos a Menem, no había alternativa más que enfrentarlo. Yo a este gobierno no lo enfrentaría. Entonces me intriga y me gustaría saber cómo se reformula esto. Las instancias de negociación son otras. A mí lo que me alarmaría sería si eso que me parece en principio positivo –unir la lucha de sector a una lucha más amplia– implicara restricciones para el colectivo glttbi. Como persona rasa no tengo esa información. Ojalá no pase. Durante mucho tiempo he sido parte de esa gente que defendió en espacios regionales la inclusión de lxs activistas de Cuba porque para muchas organizaciones no podían formar parte por ser consideradxs funcionarixs del Gobierno. Todo el mundo está subvencionado por algo, salvo un colectivo anarquista que está subvencionado por la gente que compra sus fanzines. Lo que hay son grados de dependencia y todo depende de quién te subvenciona y qué te exige. Y además como ahora trabajo en sector de financiamiento, de esto sé algo.

¿Son muchas las organizaciones de lesbianas que reciben financiamiento de Mama Cash?

–Tenemos limitaciones porque nosotras damos financiamiento en todo el mundo. Las lesbianas son prioridad y también los grupos trans, incluidos los hombres trans. Esto para un fondo feminista ha sido una lucha. Es una de las cosas que a mí me endilgan. Me consideran un arma del capitalismo para desfinanciar el movimiento lésbico y darle todo el dinero al Ostram. Por supuesto que no, que jamás me he ocupado de esto. Primero no tengo ese poder, segundo, que tampoco lo haría. Pero sí es cierto que una de las primeras cosas que me interesaron trabajar en esta área fue concientizar a las financiadoras feministas para empezar a separar feminismo de “mujerismo” y que entendieran que apoyar a los movimientos que cuestionaban la concepción binaria de género era parte de nuestra agenda. Con muchxs compañerxs, como Lohana Berkins y Mauro Cabral, trabajamos mucho con los fondos de mujeres que hoy en día financian personas trans y con las financiadoras de derechos humanos y progresistas.

¿Cómo han influido los avances en materia de género para las políticas financiadoras?

–El mundo de hoy es complejo, ya no podemos seguir hablando de “apoyamos a las mujeres”. Si apoyamos a las mujeres podemos llegar a apoyar a las que están contra el aborto. Tenemos una agenda feminista, de género y derechos humanos. Hay que cuantificar todo mucho. Porque agenda de género también es cualquiera. Ya no alcanza con decir mujeres, o género. Es muy interesante, las cosas ya no son tan lineales.

Marina retira apoio aos gays

O programa de governo de Marina Silva divulgado nesta sexta-feira se posiciona claramente sobre temas recorrentes nos debates eleitorais como união gay e a participação de movimentos populares. No capítulo 6 – Cidadania e Identidades, o programa diz apoiar o casamento entre pessoas do mesmo sexo, “com vistas à aprovação dos projetos de lei e da emenda constitucional em tramitação, que garantem o direito ao casamento igualitário na Constituição e no Código Civil.”

O texto fez amplo preâmbulo a respeito da causa, afirmando que vivemos em uma sociedade sexista, heteronormativa e excludente em relação às diferenças, em que os direitos humanos e a dignidade das pessoas são constantemente violados e guiados. E diz que é preciso olhar com respeito as demandas de grupos minoritários e de grupos discriminados. “A população LGBT (lésbicas, gays, bissexuais, travestis e transexuais) encontra-se no rol dos que carecem de políticas públicas específicas”, diz o documento. O programa estabelece metas, como articular no Legislativo a votação do PLC 122/06, que equipara a discriminação baseada na orientação sexual e na identidade de gênero àquelas já previstas em lei para quem discrimina em razão de cor, etnia, nacionalidade e religião.

Compromete-se ainda com a aprovação do Projeto de Lei da Identidade de Gênero Brasileira – conhecida como Lei João W. Nery -, que regulamenta o direito ao reconhecimento da identidade de gênero das “pessoas trans”. Outra promessa é eliminar obstáculos à adoção de crianças por casais homoafetivos.

Atualmente, uma resolução do Conselho Nacional de Justiça (CNJ), órgão de controle externo das atividades do Judiciário, obrigou todos os cartórios do país a cumprirem a decisão do Supremo Tribunal Federal (STF), de maio de 2011, de realizar a união estável de casais do mesmo sexo. Além disso, obrigou a conversão da união em casamento e também a realização direta de casamento civil entre pessoas do mesmo sexo. Porém, não há nenhuma lei no país que regulamente o assunto.

Neca Setúbal, umas das coordenadoras do programa de governo do PSB, destacou que uma eventual gestão da ex-senadora terá o compromisso de garantir todos os direitos civis aos homossexuais.

“Nosso compromisso é com o combate radical ao preconceito contra a comunidade LGBT. Vamos defender os direitos dessa população. Direito à saúde, oportunidades e direitos civis da população LGBT”

 

IGREJA COBRA “HERESIA” DE MARINA

Os fundamentalistas da Assembléia de Deus, igreja de Maria Silva, ameaçaram a candidata socialista à brasileira.

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Não foi preciso Silas Malafaia esperar até segunda-feira, amanhã. O comando de campanha de Marina Silva informou neste sábado que os parágrafos que manifestavam seu apoio ao casamento homossexual foram retirados do programa de governo.

Segundo uma nota, divulgada pelos responsáveis da campanha, o texto “não retratava com fidelidade os resultados do processo de discussão sobre esse tema na formulação do programa de governo”.

Que conversa mole, o programa foi apresentado em ato político presidido pela Marina.

Essa costumeira mudança vai render.

Silas

O deputado Jean Wyllys (PSOL-RJ), que milita em favor dos direitos civis para homossexuais, escreveu para seus seguidores no Facebook que a candidata “mentiu a todos nós e brincou com a esperança de milhões de pessoas”. Ele disse que a defesa da “união civil” apoiada pelo programa, em vez do casamento igualitário, é “segregacionista”.
“Já imaginaram um candidato presidencial dizendo que é contra o direito dos negros ao casamento civil, mas apoiaria uma ‘lei de união de negros’? A nova política da Marina é tão velha que lembra os argumentos dos racistas americanos de meados do século XX. O pior é que ela brincou com as esperanças de milhões de pessoas! E isso é cruel, Marina!”, escreveu.

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INCOERÊNCIA CRÔNICA

A candidata à Presidência da República pelo PSB, Marina Silva, é um grande ponto de interrogação na política.

Ontem (29), Marina Silva divulgou seu plano de governo. Não demorou muito para que as controvérsias das propostas da candidata viessem à tona.

Tanto que, hoje (30), voltou atrás e substituiu o trecho sobre os direitos LGBT (lésbicas, gays, bissexuais, travestis e transsexuais) que integrava o documento.

O texto, que antes dizia que Marina iria defender a que o casamento gay virasse lei, agora cita apenas a garantia dos “direitos oriundos da união civil entre pessoas do mesmo sexo”.

Evangélica fervorosa, Marina já teve várias opiniões sobre o tema. Em 2010, era contrária e, em 2013, chegou a defender as ações de Marco Feliciano (PSC-SP), famoso pelas críticas homofóbicas.

Outro assunto que a candidata sempre evita comentar é a questão do aborto. Antes condenava com veemência a legalização. Hoje, segundo ela, a decisão deve ser tomada após um plebiscito.

Além disso, Marina se utiliza do discurso de fazer uma “nova política” para justificar as velhas práticas usadas por ela e seu partido PSB.

O uso do avião que vitimou Eduardo Campos e a desculpa de que “não teve interesse em questionar a procedência do avião”, adquirido por meio de empresas fantasmas, deixa claro o vazio deste discurso.

Lxs chicxs crecen

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¿Recuerda cuando los niños y niñas hablaban de repollos y de encargos a París? ¿De hadas y hombres de la bolsa? ¿Cuando el concepto de infancia ni siquiera existía y los locos bajitos eran adultos imperfectos? Las infancias cambian junto con las sociedades, pero la imaginación y la lucidez siguen siendo motivo de registro como el que puede leerse en esta nota. Una de los grandes desafíos que enfrentan las familias no heternormativas es liberarse de la necesidad de demostrar que sus hijos son tan normales como el resto o que son mejores. Graham Greene lo decía con una frase críptica y sabia: siempre hay un momento en la infancia en que una puerta se abre y entra el futuro. Ojalá esa puerta tenga la amabilidad de permitir que entre un futuro mejor.

Yaser Abo Hamed

Yaser Abo Hamed

Camila, que ahora tiene 9 años, es hija de Ariel de una pareja hétero anterior. Cuando nosotros nos conocimos ella tenía un año y medio. Desde chiquita ya intuía que nosotros no éramos solamente amigos, ya que cuando estábamos cerca ella nos juntaba las cabezas para que nos besáramos en el cachete. Y empezamos a preparar el terreno para contarle. Le dijimos: “Cami, ¿viste que ahora es común que las familias sean papá y mamá, mamá y mamá y papá y papá?”. Y ella nos respondió: “¿Por qué decís ahora? ¿Antes no era normal?”. Cuando Ari le explicó (con muchísimos nervios) que éramos pareja, Camila con naturalidad le dijo: “Tranquilo, pa, ya lo sabía. Ustedes se dicen ‘gordo de aquí’ y ‘gordo de allá’ y los amigos no se dicen ‘gordo’”.

Camila vive con su papá Ariel Ghiglione y el novio de su papá, Federico Hoffmann.

Nuestro hijo Vicente creció en un hogar con dos mamás. Me acuerdo de una anécdota en donde la prima de Vicente, que se ve que se había quedado pensando en nuestra familia, salta con la pregunta: “¿Vicente tiene dos mamás?”. “Sí”, le respondemos. Lo medita unos segundos y remata: “Y a mí qué me importa. ¡Yo tengo dos abuelas!”.

EUA: prefeita de Houston (Texas) viaja a outro Estado para casar com parceira dentro da lei

No Brasil não existe casamento homossexual. Apenas um contrato, chamado de casamento consensual.

Desde a fundação do MDB (que virou PMDB), no governo de Castelo Branco, Baiardo de Andrade Lima foi o único a defender, como candidato a deputado federal, o casamento igual e libertário para gays e lésbicas.

Candidato em todas as eleições, nunca foi eleito.

É mil vezes mais fácil o Brasil eleger o presidenciável pastor Feliciano, que um Baiardo Andrade Lima, que fez campanha pela Lei do Divórcio, e contra a homofobia, a lesbofobia e o feminicídio.

CASAMENTO GAY

Annise_Parker_homossexual

A prefeita da cidade texana de Houston, Annise Parker, se casou com a mulher com quem mantém uma relação há 23 anos em cerimônia realizada no estado da Califórnia, onde as uniões homossexuais são legais, confirmou nesta sexta-feira em comunicado.

Esta prefeita do estado do Texas, onde não é legal o casamento entre pessoas do mesmo sexo, disse através de um comunicado que “tivemos que esperar muito tempo para formalizar nosso compromisso mútuo”.

No início da noite, a prefeita publicou um tweet escrito em Palm Springs (Califórnia) que dizia: “Sou uma privilegiada por ser agora a esposa da mulher que amei durante mais de duas décadas”.

“Não poderia ser mais feliz”, confessou na rede social a democrata Parker, considerada a primeira prefeita abertamente gay de uma grande cidade dos Estados Unidos.

“Kathy esteve a meu lado durante mais de duas décadas, ajudando a formar uma família, cuidar da minha carreira política, e de todos os demais altos e baixos e momentos que fazem parte de toda relação de compromisso”, declarou.

O comunicado, acompanhado por uma imagem das noivas vestidas de branco e com dois buquês de flores, explica que elas escolheram o dia 16 de janeiro porque é a data de aniversário de namoro e detalha que se tratou de uma cerimônia íntima com família e amigos.

Parker, reeleita em novembro para seu terceiro mandato, anunciou há dois meses que a cidade ofereceria prestações de seguros de saúde e vida aos cônjuges dos funcionários municipais sem levar em conta sua orientação sexual, embora a esposa da prefeita não vá recorrer a este programa.

O casamento de Parker, que chegou a dizer que esperaria que os casamentos homossexuais fossem legais no Texas, acontece em um período em que a legalização destas uniões está sendo implementada em vários Estados.

Até o momento 16 estados e o Distrito de Columbia reconheceram o casamento entre pessoas do mesmo sexo por meio de resoluções da Corte Suprema, leis promovidas pelo poder legislativo ou votações populares.

Além disso, uma decisão do Supremo Tribunal Federal americano declarou inconstitucional, em julho do ano passado, a Lei de Defesa do Casamento que o definia somente como a união entre um homem e uma mulher.

 

Fonte: Terra

“Sólo recientemente se extendió con tanta intensidad el discurso de los derechos sexuales como parte fundamental del discurso de los derechos humanos”

Jane Bennett, además de ser escritora de ficción y no ficción, supervisa el organismo nacional que en Sudáfrica previene la violencia de género y trabajó a lo largo de todo ese continente dando workshops relacionados con derechos humanos y sexuales, discursos sobre género, raza y clase

Jane Bennett, además de ser escritora de ficción y no ficción, supervisa el organismo nacional que en Sudáfrica previene la violencia de género y trabajó a lo largo de todo ese continente dando workshops relacionados con derechos humanos y sexuales, discursos sobre género, raza y clase

Espejitos de colores

El respeto por los derechos de la diversidad sexual goza de amplio consenso en un mundo que se ve a sí mismo como civilizado, moderno y humanitario. Pero, ¿hasta qué punto algunos Estados, empresas y corporaciones agitan estas banderas para encubrir una política de exclusión y de violación de estos y otros derechos humanos?

 

Por Dolores Curia

Hasta qué punto se pueden negociar los límites de lo normal y cómo evitar que en esa negociación donde van entrando diferentes letras del alfabeto no vaya quedando siempre un grupo de indeseables afuera. Hasta qué punto la bandera de los derechos sexuales está sirviendo como pantalla de otros abusos: el uso extorsivo e hipócrita que las corporaciones y algunas potencias hacen de la causa lgbtqi fue uno de los puntos que más sonaron en la IX Conferencia de la Asociación Internacional para el Estudio de la Sexualidad, Sociedad y Cultura la semana pasada en Buenos Aires, a la que asistieron investigadores y activistas de Latinoamérica, Africa y Asia. Jane Bennett, directora del Instituto de Género de Africa, de la Universidad de Ciudad del Cabo, profundizó en un concepto al que denomina “pink washing”, que “fue elaborado por las feministas radicales, quienes criticaban el uso corporativo de, sobre todo, las campañas contra el cáncer de mama donde las empresas hacen campañas con cintitas rosas, mientras los productos que venden, por ejemplo cosméticos, aumentan la toxicidad, y así las posibilidades de contraer todo tipo de cáncer.

Ese es su origen pero ¿en qué sentido se puede hablar de pink washing relacionado con lo lgbtiq?

–El uso más popular y actual que se le puede dar al término es para describir la posición de gobiernos represores que se alimentan de una fachada gayfriendly, que a veces tiene un anclaje real y otras veces no. ¿Cómo usan esa fachada rosa? Israel es el mejor ejemplo por el énfasis que le pone a mostrarse abierto, democrático y tolerante con la comunidad lgbtiq. Se encarga de dejar muy claro en todo tipo de evento internacional lo bien que recibe a los gays en su territorio y cómo alienta el turismo gay, cuando todos conocemos cómo Israel viola los derechos humanos de los palestinos. A este particular uso de la pantalla lgbtiq que hacen tanto Israel como Estados Unidos es a lo que llamo pink washing.

¿Obama sería otro agente de este lavado de derechos?

–Pensemos que fue durante su mandato, hace unos meses, que DOMA, la principal traba contra el matrimonio igualitario, pudo derogarse por vía legislativa. Ahora que en más estados (todavía pocos) está permitido el matrimonio igualitario, hay un consenso de que en la era de Obama hay más apertura, tolerancia y democracia como para hablar de la cuestión gay. Pero al mismo tiempo sabemos que el imperialismo norteamericano sigue siendo igual de salvaje y asesino. Entonces, justamente, el pink washing consiste en esta sensación de tierra amigable sustentada en su alta aceptación hacia gays y lesbianas. Lo curioso es que eso es una gran mentira: Estados Unidos no está aceptando a la población lgbtqi, hay algunos pocos espacios en los que las personas queer podemos vivir más tranquilas, pero – atención – siempre y cuando no seamos pobres, negras, discapacitados o inmigrantes ilegales. El lugar donde existe la más radical y conservadora homofobia del planeta muy probablemente sea Estados Unidos. Da la sensación de lo contrario, y ahí puede verse la efectividad del discurso político de pintar todo de rosa.

¿Qué tan nuevo es el pink washing?

–Es nuevo en cuanto a su extensión. Sólo recientemente se extendió con tanta intensidad el discurso de los derechos sexuales como parte fundamental del discurso de los derechos humanos. No hace tanto que es frecuente escuchar la referencia a gays y lesbianas como parte del proceso democrático. Hay una realidad que es que las personas blancas y ricas siempre han podido vivir como quisieran. Esas mismas personas que puertas adentro hacían o hacen lo que quieren han tenido siempre una cara pública muy homofóbica. Ese sería un pink washing histórico.

Cuando Occidente se mete a liberar a los oprimidos del resto del mundo ya sea con bombas o con advertencias también merece una sospecha de lavado.

Hay un caso paradigmático que es el de dos hombres jóvenes en Malawi, Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga, que fueron arrestados en una fiesta en la que anunciaron su compromiso (aclaremos que las identidades de ambos se construyeron como masculinas por la prensa, aunque uno de ellos es trans) y fueron condenados a 14 años de trabajos forzados. Ban Ki-moon, el secretario general de las Naciones Unidas, hizo mucha presión para liberarlos y lo logró. Pero unos meses después Malawi aprobó un paquete de leyes antilesbianas muy duro y nadie dijo nada. La puja que se produce es que si sos un activista gay en Uganda serás tildado de occidentalista, de hacer lobby, de que sólo te importa el dinero, de que tu dinero viene de donantes extranjeros. Ser gay o lesbiana, ni hablar trans, es una situación muy peligrosa en Africa, y esta falsa pantalla de Occidente a favor nuestro termina volviéndola más peligrosa aún. Esta intención de Occidente, incluidas las organizaciones internacionales, de sentirse y verse como héroes actuando en todo el mundo no Occidental, interviniendo por nuestros derechos, complica aún más las cosas. Y si bien es deseable que todos luchemos contra la homofobia, si esa lucha no entiende las particularidades de cada contexto, termina mandando a la muerte a los mismos activistas porque los vuelve visibles en un sentido muy negativo. ¿Otro ejemplo? Hace poco meses, en un evento diplomático Obama se encontró con Macky Sall, presidente de Senegal, y le dijo algo así como que ya era hora de que Senegal le concediera más derechos a la comunidad lgbt, a lo que Macky contestó: “Vamos por partes, todavía no estamos listos, pero por lo menos en Senegal no existe más la silla eléctrica”. Se puede decir que le cerró la boca. Y sin embargo los diarios del mundo titularon “Obama pide por los derechos gay y Macky dice NO”.

Mencionaste en tu ponencia un costado poco deseable de la lucha por los derechos civiles lbgtqi, ¿a qué te referís?

–A que para conseguir avances no logramos despegarnos de la idea de ciudadanía. La ciudadanía en sí misma es muy tramposa, es un concepto peligroso. Siempre implica la idea de excluir a alguien. Para que haya algo así como una nación y sus ciudadanos siempre tiene que haber bordes y, por lo tanto, gente que se quede fuera de esos bordes. ¿Por qué peleamos cuando peleamos por la ciudadanía? Para quedarnos o meternos adentro de esos bordes. Los gays en el ejército son uno de los ejemplos más claros de hasta qué punto pueden estirarse los límites de la normalidad y hasta dónde estamos dispuestos a negociar para meternos dentro de ella. Ok, entiendo que a veces no queda otra que pelear dentro de esos bordes, por ejemplo, en la importantísima pelea por el aborto legal. Pero suena – la mayoría de las veces – como una batalla ganada a muy corto plazo. El fin más deseable por el cual luchar me imagino que debería ser la paz. No una paz de silencio sino una paz activa. Y lo digo en un momento en el que la paz parece ser lo que menos le importa a todo el mundo. Entiendo a quienes luchan por la ciudadanía, pero sé que estamos habilitando a que en cualquier momento venga alguien y diga “vos no sos un ciudadano”. Ese peligro potencial siempre esta ahí.

¿Dónde creés que todavía puede encontrarse el aspecto provocativo de lo queer?

–Cada vez está más escondido. Los verdaderos queers hoy están peleando por la justicia económica. No son más queers trabajando por lo queer, sino dando una pelea por lo económico, repesando la clase social, peleando por nuevos modos de pensar la política, rechazado las categorías. No están trabajando por problemas sino por intereses y en grupos con una organización que ya no tiene más nada que ver con la idea de líder. En Sudáfrica está pasando y creo que en muchos otros lugares del mundo también. La tecnología se vuelve muy importante en este sentido. Creo que se trata de gente que no se siente parte de los movimientos políticos tradicionales. Lo queer muchas veces engaña. La gente más queer que conozco es muchas veces la que exteriormente parecería encajar con lo más estereotipado de la normatividad. Y esa gente suele ser la que luego tiene las ideas más sorprendentes. Ser queer hoy para mí significa prestar mucha atención y estar muy alerta a las soluciones fáciles. Aunque puede ser muy cansador. Por eso recomiendo cada tanto descansar y ser un poco straight (risas).

Dentro de la pelea por los derechos civiles, ¿qué opinás del matrimonio igualitario?

–El matrimonio es algo que me da miedo. Y no es que no quiera que las personas sean felices. Obvio que las personas merecen tener los compromisos que quieran, pero el matrimonio es algo realmente peligroso y ha sido algo peligroso desde hace siglos. No creo que podamos ser hábiles para transformar esa institución macabra con el hecho de ir todos corriendo a casarnos. Me parece muy ingenuo pensar eso. Para mí sigue impregnado de todo su sentido religioso. Entiendo que la gente lo haga desde el punto de vista económico y legal. Pero no les creo nada a los que vienen y me dicen que es algo especial, un ritual para el amor. Entiendo los argumentos de quienes luchan por él: que fortalece la dignidad de los hijos de las familias gay, que estabiliza la igualdad formal. Pero no puedo dejar de oír las voces cínicas que lo muestran como otra baratija más del capitalismo globalizado y como otra forma más de inyectar dólares rosas al mercado. Al mismo tiempo no puedo dejar de escuchar las voces radicales –con las que me eduqué– que no ven en él la liberación de nada sino sólo un arreglo económico tan opresivo y patriarcal como todos los demás. La frase del Butler de “el deseo por el deseo estatal” me parece apropiada.

¿Cómo se explica la necesidad del colectivo de seguir acercándose a la ciudadanía y al matrimonio?

–Porque es accesible. Es fácil de explicar y de entender. Si uno argumenta “Yo tengo un derecho. Ella no lo tiene. ¿No deberíamos tener los mismos derechos?”. Tiene lógica, es una discusión bastante fácil de ganar. Este tipo de reclamos tiene una historia muy respetable en el activismo. La gente está cómoda con el discurso de luchar por los derechos y hay cierta familiaridad con esas ideas. En Sudáfrica durante muchos años hubo una gran lucha por los derechos trans para cambiar los documentos. Pero los abogados y la sociedad en general sólo podía entenderlos en términos de “reparación”. Hubo un gran debate y finalmente se aprobó que podés cambiar tu DNI pero debía haber una cirugía de por medio. Pero si simplemente querías cambiar tu nombre, no podías. Hay cosas que sólo se entienden si nos ponemos en el lugar de la víctima. En este caso, una persona que nació hombre, se siente mujer, entonces sufre y por eso necesita arreglo. Entonces, ahí se merece un derecho. En las narraciones liberales el matrimonio representa un inicio. Foucault ya señalaba toda la incomodidad que implica esta conversación entre deseo e institución. Habría que preguntar quiénes son los que están accediendo y si no es una forma de normalización, un pedido para que nosotros también seamos reconocidos como “decentes”, monogámicos, estables. La pregunta es cuándo el acceso a derechos ciudadanos se transforma en una hegemonía y cierta prueba de fidelidad a instituciones carnívoras, ¿qué pasará si todos terminamos entrando dentro del paquete normalizador?

¿El amor no tendría nada que ver con esto?

–Mi más sincera respuesta es que no lo sé. Yo no estoy planteando que el matrimonio igualitario y toda la serie de avances relacionados con él sean revolucionarios, tampoco estoy diciendo que no lo sean. Estoy planteando una encrucijada epistemológica, abriendo la discusión. Al fin y al cabo, también es una incógnita para mí, en mi vida personal. Los casamientos son muy divertidos. He ido a decenas de casamientos de lesbianas. Todos bailan, todos son felices y se toman hasta el agua de los floreros. Muchas veces me pregunto qué diría yo si mi novia me propone casamiento. Ay, Dios. No lo sé y me avergüenza un poco. Lo planteo sobre todo como un problema porque, ¡vamos!, tengo 55 años: ¡a esta altura ya debería tener claro qué es lo que pienso del matrimonio!

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Un sol para los chicos

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Ernesto Camilli, maestro, poeta y pedagogo, es el autor de El sol albañil, un libro de lectura pionero que conectó gramática con imaginación en las aulas argentinas de los años sesenta. También es autor de Tachero de mi vida (Aventuras sexuales por la ciudad) (Eloísa Cartonera, 2010), colección de poemas zafados que supo conectar cuerpos desnudos y generosas braguetas con versificaciones y metáforas clásicas. La esposa a la que amó como a nadie, las rivales con las que se disputó el amor de su hombre, los mensajes encriptados en sus libros infantiles y el erotismo blasfemo aparecen en esta conversación como secretos nunca guardados sobre vida y obra.

Por María Moreno

”¿La militancia gay? A veces no me gusta la ortodoxia con que tratan las cosas. La solemnidad. La cosa tiene que ser más juguetona, porque para solemnes tenemos al Papa y a Máxima. Son los personajes argentinos más increíbles de este mundo. No creo que ningún otro país pueda producir esos mamarrachos como lo hace la Argentina. En eso somos absolutamente pioneros”, dice un apolo de ochenta años, intacto en su belleza longilínea, de boca ávida y melena mayo del ’68: el profesor Ernesto Camilli está actualizado sobre el papelón argentino. Maestro en los cuatro puntos cardinales del país, inventor de un método para redactar que lo hizo famoso en la época en que las definiciones y los dictados sin prosapia literaria solía alejar a alumnos primarios y secundarios del amor a la lectura, gay que no se caratula o prefiere definirse como “puto”, sigue siendo el conversador burlón y deslenguado que era cuando su libro El sol albañil fue el best-seller de las aulas despertadas del “mi mamá me mima” y “Teresa amasa la masa”.

—Lo pongo en la serie, pero Francisco se lleva las palmas. Con eso de que el matrimonio gay es el demonio. Te imaginás que es un disparate tal que te divierte como cualquier idea de la gorda Carrió. Lo más increíble es que la gente se los toma en serio y esté orgullosa de que sean argentinos. Yo también estoy orgulloso de que sean argentinos, porque circo más grande no pudo producir, como te decía, ningún lugar del mundo. Hasta los Castro son más convencionales.

Si gays y lesbianas de todas las épocas han contado sus amores a través de textos de género ambiguo, cambiando el género del destinatario, o permaneciendo anónimos, Camilli tuvo el ingenio de hablar de su deseo y esconder el secreto en los intachables y frígidos libros de lectura para niños.

Unica tú

 

La vulgata lee la pareja del gay con una mujer como una coartada burguesa, un closet cerrado con candado del que escapa con careta y al que vuelve aliviado, luego de haber gastado las tapitas de los tacos en el yire callejero a ponerse las pantuflas del como todo el mundo. El deseo “verdadero” sería el deseo sexual y el de hombre a hombre, la mujer sería como una madre o una amante equivocada a quien sólo se puede imaginar como víctima o como policía. Sin embargo quien lee los papeles de André Gide o de Oscar Wilde descubrirá las complejas relaciones entre deseo y ley, amor y matrimonio, norma y transgresión. Del grupo intelectual de Bloomsbury se dijo que estaba integrado por parejas que “eran triángulos y vivían en cuadriláteros”. El escritor Lytton Strachey vivió hasta el fin de sus días una pasión vigorosa, aunque platónica, con Dora Carrington. Vanesa Bell, hermana de Virginia Woolf, vivió amorosamente con Duncan Grant que, a su vez, estaba enamorado de David Garnett; su hija Angélica no vaciló en casarse con él. Estos vínculos no pueden reducirse al fruto de la inimputabilidad de las clases privilegiadas, sino que constituían una compleja búsqueda hedonista, estética y moral. La “loca casada” de hoy que callejea por Internet puede no ser una variante del marido tránsfuga sino un inventor como Ernesto Camilli al que le aburre la palabra “bisexualidad”.

¿Qué opinás sobre el matrimonio gay?

—El matrimonio es un vicio como la propiedad privada. Un vicio que se extiende y no se puede extirpar. Es un contrato, ahora si los heterosexuales lo tienen ¡que lo tengan también los gays! El matrimonio gay es una excrecencia que hay que permitir. Pero es una mierda, como el derecho a la propiedad de un tipo que tiene un montón de hectáreas de campo que les afanaron con Roca a los indios. La propiedad es un afano y estamos todos en combinación para que sea un afano. Pero no por eso vamos a hacer una comunidad: yo no quiero vivir con un racimo de gente, qué querés que te diga. Ni quiero alojar al Osito en una pieza. La propiedad viene de las cavernas, en donde seguro le dabas un palo al vecino que se metía en la tuya y cuando cazabas un rinoceronte todos querían comérselo. Esa es la historia del hombre. De la roña que somos. Ojo que yo no quiero corregir el mundo: somos envidiosos, deseamos el mal del otro, la muerte del otro. A eso no lo decimos porque queda mal pero es así. Yo he socializado bastante la roña que tengo adentro. Claro que dentro de la roña puede haber menguantes. Y un menguante de la roña sería el casamiento gay.

El sol albañil fue un libro de lectura oficial en la escuela entre 1967 y 1975. En 2010, Eloísa cartonera reunió sus poesías completas en Tachero de mi vida.
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