Ocupação Hilda Hilst. São Paulo realiza exposição sobre a vida da Poeta que a mídia brasileira escondeu

Reversa Magazine informa: Hilda Hilst recebe exposição com entrada gratuita em São Paulo

A mostra é inspirada na Casal do Sol, antiga chácara da escritora

Se você estará de passagem por São Paulo até o dia 21 de abril, não deixe de conferir a 22º Ocupação do Itaú Cultural, que homenageará a escritora brasileira Hilda Hilst (1930 – 2004).

Hilda Hilst escreveu contos, poemas e peças de teatro. Destacou-se por experimentar diferentes gêneros literários e obter êxito em suas incursões.

No portal em homenagem a escritora, o crítico literário Anatol Rolsenfeld a elogia: “Hilda pertence ao raro grupo de artistas que conseguiu qualidade excepcional em todos os gêneros literários que se propôs – poesia, teatro e ficção”.

Hilda_Hilst_quando_menina_foto_Insituto_Hilda_Hilst-910x729

Hilda Hist

hilda

Hilda_Hilst_na_Casa_do_Sol_em_Campinas_Foto_Instituto_Hilda_Hilst-910x582-750x420

Anotacao_de_Hilda_Hilst_-_foto_3

Feita de materiais não sintéticos, a cenografia é inspirada na Casa do Sol – chácara onde Hilda passou grande parte de sua vida, hoje transformada em um espaço de memória e homenagem à escritora.

hilda2

A Estrada Real de Francisco Bandeira de Mello

BIOGRAFIA
por Francisco Bandeira de Mello

De Numa Pompílio
vou contar a tristes história:
nasceu viveu morreu.
Tudo mais são águas
que o absurdo cobre.

 

Peregrino, por Carlo Crivelli

Peregrino, por Carlo Crivelli

A ESTRADA REAL
(POEMA PARA FRANCISCO BANDEIRA DE MELLO)
por Talis Andrade

.

Na tarde avulsa o andarilho
não apressa o passo
não retarda o passo
O andarilho conhece
o roteiro dos peregrinos
as igrejas os mosteiros

Serenamente
o andarilho caminha
No céu
os três luzeiros

VIOLETTE. El eslabón perdido

¿Por qué una escritora tan fascinante y revolucionaria como Violette Leduc (1907-1972) se ha vuelto una completa desconocida? Pionera en escribir sobre el aborto, la bisexualidad y otros tabúes en primera persona, sus novelas se adelantaron a lo que hoy es leído como literatura queer y se siguen resistiendo a toda clasificación. La semana próxima se estrena Violette, que reconstruye su relación apasionada con Simone de Beauvoir. Aunque el film no transmite la locura, el encanto de su voz ni su inclasificable sexualidad, impone volver a pensar en ella.

Leduc 1

por Liliana Viola/ Página 12

Hasta hace unas pocas décadas, la consigna “tenés que leer a Violette Leduc” funcionó como telegrama de aviso entre lesbianas y futuras lesbianas. Hoy, sus títulos –que no se han vuelto a editar desde los años ’60– esperan en librerías de usados o en la vidriera de MercadoLibre convertirse en unos pesitos extra para alguien que no la leyó. Los vendedores profesionales o “con buena reputación” en el sitio advierten al comprador que en La bastarda (1964) hay un capítulo que no está bien, “mire que hay unas páginas muy subrayadas, pero igual se lee”. Es siempre el Capítulo 3. Lo hemos comprobado luego de una compra compulsiva promovida por dicha advertencia: en ese capítulo, Leduc narra por tercera o cuarta vez en toda su obra el encuentro físico de las dos jovencitas en el internado. Se lo habían amputado de su novela Ravages (1955) no los malditos censores de siempre sino sus progresistas editores de Gallimard por “escandaloso e innecesariamente lésbico”. A partir de entonces la historia regresa con más detalles cada vez que puede.

Thérèse-et-Isabelle-de-Violette-Leduc

Esas 140 páginas prohibidas aparecieron también como Teresa e Isabel quedando en la historia como la novela explícita y sáfica de Leduc cuando en realidad había nacido como un episodio. También circuló un manuscrito pirata que a modo de premio consuelo le pagó su amigo perfumista Jacques Guérin para que cirulara entre coleccionistas de lo degenerado. Era un auto robo, una estafa a sí misma, algo así como hacerle perder a la editorial y al amigo el dinero equivalente a la cordura que iba perdiendo ella. La escritura para Leduc siempre es revancha. Si ya era una mujer notoriamente extraña, que abusaba de ese pase libre para el escandalete que antes se le otorgaba a la hija única sobre todo si además tenían madre soltera, la censura de sus primeros amores la hundió en una paranoia que se le hizo estilo: cree que la espía Sartre desde la terraza de su departamento, que Simone se puede morir si se va de viaje, consulta a una vecina astróloga diariamente para cada decisión doméstica y espera señales claves de objetos que ve en la calle para saber si hoy va a morir, si llegará su amante o lo que sea. No llegaron a ponerla en caja, afortunadamente para los lectores, ni las internaciones y ayudas psiquiátricas a las que la sometió Simone de Beauvoir, ni el éxito que –también con ayuda y látigo de Simone– llegó más tarde. Con el título La locura ante todo, el último tomo de su serie autobiográfica, Leduc sintetiza lo que puede leerse como toda una declaración identitaria. La L de loca y no de lesbiana debería estar para ella en la sigla que no existía todavía en sus tiempos: un modo de ver y estar en el mundo que arrasa con toda norma (lidad). Leduc se ve a si misma como un monstruo y es esa monstruosidad ejercida en cada párrafo lo que hace de su literatura un arma subversiva.

 

Violette Leduc

Violette Leduc

¡No era lesbiana! Es invisible…

Sin haberse propuesto escribir una sola historia catalogable dentro de la temática, Leduc fue original y pionera al exponer el placer físico y la pasión que una mujer puede sentir con otra. También en pasarle por encima al circuito obligatorio que va desde el amor imposible hasta el porno para caballeros. Su personaje más recurrente es ella misma, y quien siempre regresa a provocarla se llama Isabelle. Son dos niñas de 12 o 14 años, según la versión, que se encuentran en la cama del internado. La cama cruje, hay que contener la respiración, amarrar las sábanas, puede venir la gobernanta. “El amor es una invención agotadora. Isabelle y Violette me repetía yo para habituarme a la mágica simplicidad de los dos nombres.” Las relaciones entre mujeres en versión Leduc tienen un plus respecto del relato lésbico estándar. Violette se vuelve otra (incluso otro) según su partenaire. Las chicas del internado combinan sesiones de violencia, capricho, exploración sin el menor respeto por ninguna jerarquía de zonas eróticas. La piel se vuelve musa, los roles se erosionan y adentro de esa cama avanzan en un candor que llega hasta la obscenidad cuando la autora se propone serle fiel a lo que sucedió. Otra seña particular: no es reivindicativa, ni espera comprensión como Marguerite Radcliffe Hall en El pozo de la soledad (1928), no interpone la distancia socarrona de Colette con su Claudine, ni conoce la maquiavélica erótica de Natalie Barney y sus señoritas de salón. Tampoco tuvo la celebridad de ninguna de ellas, en gran medida porque, como decía su benefactora y dómina Simone de Beauvoir, “Leduc no quiere gustar, no gusta y hasta aterroriza”. Reconcentrada en su experiencia y confesional hasta la autoadjudicación de crímenes –fue la primera en narrar un aborto clandestino en tiempos en que la ley francesa condenaba a prisión a la mujer que fuera descubierta– se ganó el ninguneo de la crítica académica y de la sexualmente interesada: una no le dejó pasar lo autodidacta y desbocada, la encontró demasiado torta para escritora; y la otra, demasiado exploradora para festejarla como “auténticamente de ambiente”. Años después, las feministas retomaron su gesta solitaria con el masivo “Yo aborté” y si bien participó allí con su firma de prócer, no se puede decir que haya conformado un programa orgánico feminista ni de ningún orden político. Hablaba de los nazis como “los malos” cuenta Simone en el prólogo de La bastarda. Era una outsider y su estilo inasible tal vez pueda ser comparable con el esilo delincuente de Jean Genet. Si éste había sido la descarriada criatura elegida por Sartre, Leduc ha sido la versión femenina para la cartera de Simone de Beauvoir. “Si no hubiera abortado nunca habría podido dedicarme a escribir” dice en su relato como quien con un movimiento de hombros se libera de una posible palmada en la espalda. Y como si faltara una broma pesada a cualquier intento de justificación moral, agrega: “Escribir nunca fue mi vocación ni tampoco mi oficio”.

Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir

Reality YO

En la Argentina fue contraseña de culto o de cultores de lo raro, aunque no circularon sus textos más escandalosos como, por ejemplo, Taxi, que es el viaje de cuatro horas de dos hermanos incestuosos, o la censurada Ravage, sus novelas estaban presentes en las bibliotecas argentinas de los ’70, apretando el lomo contra los de otros divos degenerados como Jean Genet (quien le dedicó Las criadas y la admiró hasta la envidia), Jacques Cocteau (su amigo que se burlaba de ella a sus espaldas: “Si yo tuviera esa nariz me suicidaría” dijo una vez sin saber que la dueña de la nariz estaba sentada en una mesa contigua), Albert Camus (quien le publicó su primera novela La asfixia, de 1946, en Gallimard).

Esa zaparrastrosa que había nacido en 1907 en Arras, al norte de Francia, hija de una sirvienta a la y de un niño bien que nunca la reconoció, a la que la agarró la Primera Guerra Mundial cuando tenía que terminar sus estudios, y la sorprendió la Ocupación cuando ya tenía agallas para meterse en el mercado negro a vender manteca a los hambrientos, llegó finalmente a París. Instalada en una pieza módica que la cortesía burguesa de Simone describió como “sitio ideal para escribir y sólo escribir”, penetró en el círculo de los intelectuales de moda empujando con lo que no tenía: ni una cara pasable que le sirviera como credencial VIP en alguna reunión, ni buenos modales. Se las rebuscó para ir seduciendo y hastiando a uno por uno, y mientras –gracias a tanto espaldarazo existencialista, fue incluida en sus catálogos– los escrachó a todos en ficciones autobiográficas como una adelantada vengadora de reality. Se podría hacer una gramática de la pose del “intelectual francés de los ’60”, o de la feminista en ciernes, o de los aspirantes a lo que sea, siguiendo la lengua afilada de Leduc, que va traduciendo lo que le dicen los zapatos gastados, los tapados de noche, los puños doblados, el modo de sentarse en la punta de una silla o en el fondo, o de levantar el mentón.

No se nace heterosexual, se deshace

Más que invertida, el personaje construido por Leduc es descentrada. ¿Tiene hambre? Roba para comer. Y no come. ¿Está desolada? Aprieta fuerte su bolso. Tiene un deseo poderoso que le durará hasta el último día y lo va fijando en objetos móviles: Maurice Sachs (homosexual), Isabelle (la adolescente con la que descubre su sexualidad y luego pierde la tensión al reencontrarla fuera del internado), Hermine (su profesora lesbiana, con quien se encierra en una pareja peligrosamente tradicional), Gabriel (gay con quien llega a casarse, hacerse un aborto y divorciarse), Simone de Beauvoir (su obsesión no correspondida), René de Bagnolet (el chongo que la muele a palos, albañil y heterosexual que la apasiona en su vejez), y muchxs personajes más que a veces duran en sus relatos menos de un día.

El erotismo de Leduc es capaz de armar una hoguera con lo que para otros es decorado o gesto mecánico: la mano de la estudiante que hurga en el bolso de la profesora mientras ésta no lo sabe ni sabe lo que le espera, el roce del camisón, “a veces el camisón me rozaba cuando nos abrazábamos y nos mecíamos, si dejamos de acariciarnos,recobramos la memoria y el dormitorio”); los tabiques entre las piezas de los hoteles alojamiento, esa “comunidad de alvéolos, contagio de la riña, del celo y del drama, empecemos de nuevo a hacer el amor con nuestros vecinos, los amantes”. Así como la Blanche Dubois de Un tranvía llamado Deseo siempre dependió “de la amabilidad de los extraños”, el placer de Leduc siempre dependerá de la respuesta de los objetos. Y si suena como insatisfacción asegurada, deberá leerse también como su genialidad, porque a esta escritora los objetos le responden más que a Proust: las frutas la señalan, los libros la miran llorar, un habano o una gorra la liberan de su feminidad cuando quiere volverse chongo para seducir a su amante gay, y unos zapatos tres números más chicos la ponen en caja cuando pretende hacerse más femenina para agradar a su novia.

En el fragmento que sigue la encontramos en La bastarda robando lencería para lucir bombachas y corpiños frente a Hermine, la profesora y torta casadera que quiere domesticarla: “Puse, como si siempre lo hubiera hecho, la negra, la azul, la anaranjada y la salmón en mi portafolios. La magnificencia de mi pequeño robo provenía de la rapidez con que el objeto se convertía en un objeto vendido sin pagar. Juntaba bombachas. Robaba para quitar a las mujeres lo que las feminiza”. Las bombachas robadas la vengan de las imposiciones de su novia que la quiere ver linda y femenina, y de la admonición de su madre: “Tenés que hacerte mujer de una vez para no quedarte sola”. Los objetos son los otros, podría haber dicho Leduc parafraseando a Sartre, uno de sus tantos contemporáneos que le brindaron las dos cosas que más se le dieron en la vida: ayuda y mortificación.

Rescatate, Violette

Violette film

“No había leído nada de Violette Leduc”, reiteró en varias entrevistas Martin Provost, 40 años, francés, en su visita a Buenos Aires cuando vino a presentar su película Violette, que se estrena la semana próxima. Provost ya empieza a figurar como el “director de las mujeres olvidadas” desde que comenzó su trilogía en 2008 con Séraphine Louis, una pintora que trabajó toda su vida como sirvienta hasta que fue descubierta por un coleccionista. Un colaborador le señaló que su segunda rescatada debía ser Leduc y aquí es cuando Provost, que jamás había oído de ella, se encuentra con que la autora está descatalogada en Francia y el resto del mundo. Claramente seducido por este objeto vintage, reconstruye al pie de la letra episodios de su vida, tal vez confiando demasiado en lo que ella escribe. Comienza su historia en los años de la Segunda Guerra con esta joven acosando a Maurice Sachs, que se la saca de encima enseñándole a contrabandear comida y mandándole a escribir sus obsesiones. El resto es un buceo en la relación equívoca de Violette con una Simone de Beauvoir particularmente frágil y sugerente. Una vez más, su destino de segundona: el director apuesta a la fama y al morbo que puede generar la segunda para interesarnos en la vida de la primera, que queda encapsulada en una serie de capítulos organizados según el personaje famoso con el que se cruza. Una aproximación más familiar al registro Wikipedia de las biografías que al torbellino delirante de Violette.

Bastarda con gloria

Leduc es demasiado narigona, demasiado pobre, demasiado fea y demasiado alta. Eso es un buen comienzo. Tiene todo para ejercer esa monstruosidad que la agiganta y que la hace disfrutar de estar siempre fuera de lugar. Nunca agradar, nunca encajar del todo. Tampco quedarse en el lamento. Leduc cuenta en sus novelas cómo dedica horas frente al espejo para exagerar sus rastros y volverlos más agresivos. Su figura desgarbada llega a llamar la atención de los mejores modistos. La fea llega a modelar para Paco Rabanne entre otros que la eligen justamente por su ejemplar imperfección, rara forma de la elegancia.

 

bastarda

Pero por sobre cualquier desperfecto del que ella hará virtud, hay uno que es el padre de todas sus desgracias y narrativas. Violette carga desde su infancia con una injuria: ¡Bastarda! Ha escuchado ese grito de sus compañeros y de sus vecinos de Arrás. Su nacimiento no la ha designado tanto a ella como a su madre; llegó al mundo para poner en dos patas y un vestidito exageradamente almidonado la humillación de su mamá. Y en cada acto de cuidado o de descuido de ella, Violette va a leer el estigma en el que se convirió al nacer. El insulto que hoy se ha convertido en arcaísmo tiene una relación de equivalencia con esa injuria considerada fundante de de la cuestión homosexual. Bastardo (¿acaso no es un modo elegante de decir “hijo de puta”?) ejerce la misma erosión que el grito de “puto” del que habla Didier Eribon como constitutivo de la homosexualidad. O el grito de “queer” que los activistas convirtieron en boomerang en los años ’90. En tiempos de ADN, de patria potestad compartida, padres biologicos y reclamos legales, el concepto de bastardía se ha diluido pero el efecto que provocó en la escritura de Violette, sigue con toda su potencia, interpelando a la diferencia.

Aun en tiempos de gloria, Leduc fue vista como unfenómeno de circo. En los seis o siete años que tuvo de exposicion mediática antes de morir, las revistas, las caricaturas y la televisión francesa le sacaron todo el jugo que podía dar una vieja excéntrica, paranoica, rodeada de juguetes, y además obsesionada con esa mujer a la que en sus novelas nombra como “Ella” o “La Señora”. Hoy se la puede ver en entrevistas tomadas pocos meses antes de su muerte declarando para el gusto chismoso de otra epoca: “Cada vez que yo estuve gravemente enferma, cada vez que golpeé a su puerta, cada vez que le rogué que me atendiera, jamás me abrió. Aun así, no pude haber escrito nada sin su ayuda. Nos veíamos cada quince días y ella me animaba a escribir. No habría escrito nada si ella no me lo hubiera pedido. Me decía que mis cuadernos eran muy largos,. También me alentaba a que contara más. Si pienso en las personas que son mi familia, mis amigos, siempre pienso en Simone de Beauvoir”, dice sin pestañear en una de sus últimas entrevistas, que puede visitarse en YouTube.

Leduc se murió el 2 de julio de 1972 y asistieron tres vecinas a su entierro. No se encontraban papeles sobre testamento, ni tampoco requerimientos funerarios. Fue enterrada en el jardín de su casa de campo en la Costa Azul, cuyos vecinos y animales aparecen retratados en su libro póstumo: La cacería del amor. La enterraron entre sus flores. “En cada poro una flor”, dice Violette cuando no encuentra palabras para describir las manos de Isabelle.

¿Qué interés puede tener exhumar hoy a Violette Leduc? Podría ser ella el eslabón perdido entre las narrativas más clásicas del erotismo sobre “amores que se califican de anormales” y una narrativa queer.

 

 

 

GEOPOLÍTICA

por Talis Andrade

 

indignados polícia livro

 

De quarentena os poetas

que dedilham as cordas do lirismo

poetas amarelados doentios

chorando nos bares

as pobres rimas

chorando e gemendo as dores

de sifilíticos amores

 

Degrada de tua porta

os poetas os profetas

semeadores dos vírus

subversivos

 

Queima os livros

que te desagradam

e degradam a pureza

o idealismo dos jovens

Fecha os jornais

nanicos e derrotistas

 

Leva à execração pública

todos os artistas

efeminadas criaturas

incuráveis parasitas

incapazes de ações guerreiras

incapazes de atos heróicos

indignos de vislumbrarem

mil anos de Reich

 

Cerca o gado

nos guetos

cerca o gado

nos campos de concentração

 

Que nenhuma voz

se escute

a não ser

para a louvação

da augusta beleza

do amado Führer

 

Alavê alavê

mil anos de Reich

para o amado Führer

Mónica Ertl, “a mulher que vingou Che Guevara”

monika capalivro

mónika erti

mónika erti 2

Jurgen Schreiber é um jornalista alemão, de reconhecido prestígio como repórter investigativo, que publicou recentemente a biografia de uma compatriota sua, Mónika Ertl. Quem vê o título do livro “A mulher que vingou Che Guevara” pode até pensar que é uma obra de ficção, mas o relato narra uma história da vida real, ainda que desconhecida.

Mônica é filha de um dos grandes propagandistas do nazismo, Hans Ertl, que por muito tempo foi conhecido como o “fotógrafo de Hitler”. Ela nasceu em Munique, em 1937, mas nos anos 50 foi viver na Bolívia, para onde seu pai havia fugido depois da queda do Terceiro Reich. Criou-se num círculo fechado de racismo e violência, no qual brilhavam o seu pai e outro sinistro personagem a quem ela chamava de “tio”, e que não era outro senão Klaus Barbie, “o carniceiro de Lyon”.

Essa jovem e bela alemã cresceu nesse ambiente, dedicando-se a mesma profissão do seu pai: era fotógrafa e camarógrafa. Mas, tudo mudou no final dos anos 60, quando tomou conhecimento da proposta de Che Guevara naquele país, e acompanhou todo o episódio de sua morte na selva boliviana. O assassinato do guerrilheiro argentino provocou um rompimento de Mônica com suas raízes e num giro de 360 graus ela acabou militando nas fileiras do Exército de Libertação Nacional, o grupo guerrilheiro formado pelo próprio Che. Depois de viver na Alemanha ela acabou voltando para La Paz onde conheceu e se apaixonou por Osvaldo Peredo, irmão do então líder do ELN, que também era militante.

Pois é ela que, em 1971, cruza o Atlântico, volta para a terra natal, Alemanha, e lá, na cidade de Hamburgo, executa pessoalmente, com três tiros de uma pistola Colt 38, o cônsul boliviano daquela cidade. E quem era esse cônsul? Nada menos do que o coronel Roberto Quintanilla, o homem responsável pelo ultraje final a Guevara: a amputação de suas mão. Ela havia percorrido mais de 20 mil quilômetros, desde a cordilheira dos andes até Hamburgo para justiçar o militar.

Assim narra Jurgen, aquele dia especial. “Hamburgo, Alemanha, eram nove e quarenta da manhã do dia primeiro de abril de 1971. Uma bela e elegante mulher, de profundos olhos cor de céu entra no escritório do cônsul da Bolívia e espera pacientemente ser atendida. Enquanto aguarda, olha indiferente os quadros que adornam as paredes. Roberto Quintanilla, cônsul boliviano, vestido elegantemente com um traje de lã escuro, aparece e a cumprimenta, bastante impactado pela beleza da mulher que diz ser australiana e que há poucos dias havia pedido uma entrevista. Por um instante fugaz, ambos se encontram frente a frente. A vingança então aparece encarnada no rosto feminino e atrativo. A mulher, de beleza exuberante, o olha fixamente nos olhos e sem dizer palavra extrai um revólver e dispara três vezes. Não houve resistência, nem luta. Os impactos deram na parede. Na fuga, ela deixou para trás a peruca, o Colt 38 e um pedaço de papel no qual se lia “Vitória ou morte. ELN”.

Depois de matar Quintanilla, Mônica foi alvo de uma feroz caçada pelas forças de segurança bolivianas, que atravessou países e mares, e só terminou quando a jovem finalmente caiu morta em uma emboscada montada justamente pelo seu “tio”, o sanguinário Barbie, no dia 12 de maio de 1973, em La Paz. Mônica tinha 32 anos e seu corpo nunca foi encontrado.

Essa história incrível e aventurosa é contada pelo jornalista Jürgen Schreiberm, e faz parte da história de nuestra América. Monica Ertl. Presente! Fonte: Contrainjerencia/ pastagem Gilson Sampaio

Vídeo inspirado na obra de Jurgen Schreiber

monika- video

Jurgen Schreiber, un periodista alemán de reconocido prestigio como reportero investigativo que ha escrito para las más prestigiosas publicaciones de su país publicó recientemente una biografía de su compatriota Mónika Ertl. Por el título del libro “La mujer que vengó al Che Guevara” pudiera hacer pensar que se trata de una obra de ficción pero sin embargo en el relato se cuenta una historia de la vida real.

Hija de uno de los grandes propagandistas del nazismo (Hans Ertl, por mucho tiempo se lo conoció como “el fotógrafo de Hitler”), Mónika terminó en Bolivia cuando el Tercer Reich se derrumbó y los jerarcas
huyeron a los refugios más lejanos del planeta. Se crió en un círculo tan cerrado como racista, en el que brillaban su padre y otro siniestro personaje al que ella llamaba “tío”: Klaus Barbie, “el
Carnicero de Lyon”.

Pero la joven y bella alemana creció y todo cambió en el final de los años sesenta. Y la muerte de Ernesto Guevara en la selva boliviana significó el empujón final: rompió con sus raíces y en un giro
copernicano terminó militando en las filas del Ejército de Liberación Nacional, el grupo guerrillero creado por el mismísimo Che. En 1971, cruza el Atlántico, vuelve a su Alemania natal, y en Hamburgo ejecuta personalmente al cónsul boliviano en esa ciudad. ¿Quién era?

Nada menos que el coronel Roberto Quintanilla, el responsable del ultraje final a Guevara: la amputación de sus manos. Allí comenzó una cacería que atravesó países y mares, y que sólo encontró su fin cuando
Monika cayó muerta en una emboscada que, según algunas fuentes, letendió su “tío”, el sanguinario Barbie.

Una historia increíble que parece, pero no es ficción. Una gran investigación de Jürgen Schreiber, uno de los más premiados periodistas alemanes de la actualidad. Sin embargo ninguno de sus reportajes periodísticos se ha publicado en idioma inglés. Su biografía de Mónika Ertl se publicó en italiano y hasta ahora no hay una traducción completa de la obra en español.

El 12 de en mayo de 1973 Ertl fue ejecutada por las fuerzas de seguridad Bolivianas.

mónika alemão

Monika Ertl è la ragazza che vendicò Ernesto Che Guevara. Figlia di un tedesco compromesso col nazismo, trasferitasi in Bolivia per seguire il padre, nel 1969 all’età di 32 anni, Monika abbandona la famiglia per unirsi ai guerriglieri boliviani diventando l’amante del loro capo, Inti Peredo, il successore del Che. Solo tre anni più tardi, nel 1971, Monika decide di uccidere l’ ufficiale dei servizi segreti boliviani Roberto Quintanilla, l’uomo che aveva coordinato le azioni per uccidere Che Guevara e Inti Peredo.
Monika, avendo giurato vendetta per questi assassini decide di agire.

Vola al Consolato Boliviano di Amburgo, dove Quintanillia era stato messo al sicuro, e gli stampa una V in petto con tre colpi di pistola. I colpi partono da una Colt Cobra registrata a nome di Giangiacomo Feltrinelli. Due anni più tardi, nel 1973, in un’ inarrestabile nemesi Monika cadrà poi a sua volta vittima di un’imboscata. In Monika la richiesta di amore e giustizia, venendo negata, si trasforma in un sentimento di odio che sfocia in una violenta umanità che non può più fermarsi.

Mais vídeos e fotos

Conhece-te a ti mesmo

A máxima, ou aforismo, “conhece-te a ti mesmo” teve uma variedade de significados atribuídos a ele na literatura. A  Suda, uma enciclopédia grega de conhecimento do século X, diz: “o provérbio é aplicado àqueles que tentam ultrapassar o que são”, ou ainda um aviso para não prestar atenção à opinião da multidão.

Em 1750, Benjamin Franklin observou a grande dificuldade de se conhecer a si mesmo, com: “Há três coisas extremamente duras, o aço, o diamante e conhecer a si mesmo”.  Leia mais 

Depois de fazer o teste, explore este blog. O jornaleiro mostra a beleza escondida neste velho mundo e a beleza roubada nos becos e palácios.

Personalidade

1. INTROSPECTIVO SENSÍVEL – PENSATIVO: Você se desentende consigo mesmo e como com o seu meio mais frequente do que a maioria das pessoas. Você detesta superficialidade, e prefere permanecer isolado do que sofrer com um diálogo banal . Mas o relacionamento com amigos é intenso e profundo, o que lhe proporciona tranquilidade e harmonia espirituais indispensáveis para que se sinta bem. Todavia, não se preocupe com o isolamento, mesmo que seja por longos períodos de tempo, é uma circunstância que não o aborrece.

2. INDEPENDENTE NÃO CONVENCIONAL – DESEMBARAÇADO: Você exige liberdade e vida descompromissada para escolher o seu destino. Tem talento artístico no trabalho e no lazer e, algumas vezes, seu desejo de liberdade o leva a proceder de maneira oposta ao que se espera de você. Seu estilo de vida é altamente individualístico. Você jamais imita cegamente o que está na moda, ao contrário, procura viver de acordo com suas próprias ideias e convicções, mesmo que isto signifique nadar contra a corrente.

3. DINÂMICO VIGOROSO – EXTROVERTIDO: Você está muito inclinado a aceitar certos riscos e assumir importantes compromissos em troca de tarefas variadas e interessantes. A rotina, ao contrário, tende a exercer efeito paralisante sobre você. O que você mais aprecia é desempenhar um papel ativo nos acontecimentos. Assim procedendo, sua capacidade de iniciativa torna-se bastante acentuada.

4. OBJETIVO EQUILIBRADO – HARMONIOSO: Você valoriza um amor e um estilo de vida simples e descomplicados. As pessoas o admiram porque tem os dois pés firmemente plantados no chão e assim podem se tornar dependentes de você. Você oferece espaço e segurança aos amigos íntimos. Seus dotes são considerados humanos e calorosos. Rejeita o trivial e extravagante. Tende a ser cético em relação a fantasias e modismos. Sua roupa tem de ser prática e discretamente elegante.

5. PROFISSIONAL PRAGMÁTICO – AUTO CONFIANTE: Tem pleno domínio da vida e deposita menos fé na sorte do que em seus feitos. Soluciona problemas de modo simples e prático. Tem visão realística dos acontecimentos quotidianos e os manipula sem hesitação. Grande parcela de responsabilidade no trabalho lhe é conferida porque todos sabem que podem depender de você. Sua grande força de vontade transmite autoconfiança aos outros. Jamais se sentirá totalmente satisfeito enquanto não tiver realizado suas ideias.

6. TRANQUILO PRUDENTE – PACÍFICO: Você despreza formalidades sem causar embaraços a outros. Suas amizades são feitas facilmente, mas aprecia a privacidade e a independência. Gosta de se afastar de tudo e de todos de tempos em tempos para contemplar o significado da vida e alegrar-se consigo mesmo. Requere espaço, e por isso se refugia em lugares ermos e bonitos. Entretanto, não é uma pessoa solitária. Está em paz consigo mesmo e com o mundo, e gosta da vida e do que ela tem para oferecer.

7. DESPREOCUPADO BRINCALHÃO – ALEGRE: E procura desfrutá-la em toda a sua plenitude, de acordo com o refrão: ” Somente se vive uma vez”, Se mostra interessado e aberto a tudo o que é novo; as mudanças alimentam seu espírito. Nada é pior do que quando se sente tolhido em sua liberdade. Vive seu ambiente como algo versátil e sempre em condições de lhe brindar com uma surpresa.

8. ROMÂNTICO SONHADOR – EMOTIVO: Muito sensível, Recusa-se a analisar os fatos somente sob o ponto de vista frio e racional. Só se importa com o que os sentimentos dizem e acha importante Ter sonhos na vida. Rejeita quem despreza o romantismo e se deixa guiar somente pela racionalidade e recusa qualquer limitação à rica variedade de seus impulsos e emoções.

9. ANALÍTICO CONFIÁVEL – DETERMINADO: Sua sensibilidade representa o que é durável e de alta qualidade. Em consequência, gosta de cercar-se de pequenas preciosidades, que descobre onde outros ignoram. Assim sendo, a cultura desempenha papel especial em sua vida. Você encontrou seu estilo pessoal, elegante e exclusivo, sem fantasias ou modismos. O ideal, sobre o qual você baseia a vida, é o prazer associado à cultura. Valorizas um certo nível de cultura nas pessoas com quem se associa.

(Transcrevi do Reflexão e Luz)

Los poderes de la bruja

man ray 1933 Meret Oppenheim, foto de Man Ray, 1933

Meret Oppenheim, foto de Man Ray, 1933. Clique para ampliar

Este año se cumplen 100 años del nacimiento de Meret Oppenheim, la artista suiza que supo forzar cada lenguaje que conoció para que dijera lo que ella necesitaba, la que renegó de pasar a la historia como musa del surrealismo, la que temía tanto a los guetos del arte y la política como a la guerra misma, la que sabía predecir lo que vendría, incluso su propia muerte. Por su obra y por sí misma, una retrospectiva en Berlín la descubre y la reivindica.
RESCATE

Por Esther Andradi

Se la conoce más por sus desplantes que por su creatividad. Su vida deslumbrante y fugitiva se traga la obra. Que si amante de Max Ernst, que si posó desnuda para Man Ray, que musa surrealista en París. Por suerte, poco antes de cumplir cien años, una retrospectiva de Berlín devuelve a Meret Oppemheim el tiempo perdido. Los amplios salones del Martin Gropius, un edificio del siglo XIX, le confieren la solidez ideal para refugiar tanta locura. Tanta transgresión y juego, tanta belleza. Meret Oppenheim construyó su vida como un arte y el resultado es una profusión de hallazgos, de genio, de un vuelo y pensamiento sorprendentes. “Es un descubrimiento”, dijo la curadora Heike Eipeldauer. Repito. Un descubrimiento.

Foto de Man Ray: Meret Oppenheim e Louis Marcoussis,1933

Foto de Man Ray: Meret Oppenheim e Louis Marcoussis,1933

Conocía de Meret Oppenheim esa mesa con patas de ave que alguien me había mostrado en algún catálogo. Originalísima. Y esa taza y su plato forrados en piel. Pensé que había diseñado muebles y objetos. Como en realidad lo hizo, pero eso es sólo una parte de su gran riqueza creativa. Ahora, mientras recorro estas salas que acogen doscientas piezas de su obra, ruego que no se me escape esta imagen de Meret. La sensación de alegría, desazón y ruptura que genera. Dan ganas de bailar sus pinturas, sus objetos, sus máscaras, sus sueños y fantasmas. Su humor, su desgarro.

Meret-Oppenheim's-bizarre

Meret Oppenheim nació en Berlín en 1913. Su padre, médico de origen judío, ya no pudo ejercer su profesión a partir de 1936. Su madre suiza fue el refugio para la familia. Artistas y escritores eran cosa de todos los días en su casa. Su tía Ruth estuvo casada un corto período con Herman Hesse. Su abuela Lisa Wenger fue una de las primeras mujeres que estudió pintura en la Academia de Düsseldorf. Fue escritora, luchadora por los derechos de las mujeres y un ejemplo para la nieta. El padre, preocupado por los excéntricos intereses de la Meret adolescente, acudió a su amigo personal, el terapeuta C. G. Jung. “Meret aprendió bastante de los golpes con el mundo y todo hace suponer que esos conocimientos van a profundizarse mucho más con el tiempo”, fue el veredicto de Jung.

Con todo, antes de partir, la abuela Lisa le leyó el tarot a Meret.

A los 18 llegó a París luego de abandonar el bachillerato. La escuela y los números le caían espesos. En París se convierte en musa, mujer-niña, femme fatal. Man Ray la fotografía, con Max Ernst tiene una relación que ella corta abruptamente antes del año, y cuando éste emigra definitivamente a EE.UU. por la inminencia de la guerra, no se lleva consigo el cuadro que ella le regala. Más tarde, la misma Meret encontraría ese cuadro en el mercado de pulgas en París.

“Cosa de magia como se vacía la linda letra” había escrito la artista en esa pintura cuyo título es M. E. por M. O., en clara alusión a su relación con Max Ernst. El amor fou según Meret, la bruja surrealista.

Multilingüe

De la mano de Alberto Giacometti y Hans Arp, suizos como ella, Meret llegó al surrealismo y se hizo un lugar en ese mundo gobernado por el partido absolutista y masculino de André Breton. La musa sorprendió por su gran variedad de lenguajes. Reunía escultura, pintura, diseño, poesía. La tensión entre lo animal y lo civilizatorio, lo erótico y el consumo, lo natural y lo industrial, la relación entre texto e imagen, gracia y fuerza.

Así como Atenea nació de la cabeza de Zeus con casco y armadura, así nacen las obras en mi cabeza. Ya vienen con su forma y vestimenta. Con la textura de los materiales. Escribía.

En 1936, estando Pablo Picasso reunido con los surrealistas en el Café de Flores, al ver la pulsera que Meret había recubierto con piel, comentó entre despectivo y provocador:

–En realidad se podría forrar cualquier cosa.

–Exactamente –respondió ella–. Como esa taza que usted tiene sobre la mesa.

Así nació Desayuno con piel, un pocillo de café con su plato recubierto en piel, y que se convirtió en el más famoso de los objetos surrealistas. El Museo de Nueva York compró la pieza y catapultó a la fama a su joven autora.

Méret_Oppenheim_Object

Pero Meret Oppenheim no quería ser etiquetada. Odiaba que la encerraran en una categoría. Ni como surrealista ni como creadora de objetos ni como feminista y menos que menos como modelo fotográfica de Man Ray.

Descatalogada

En 1939 retornó a Basel donde vivía su familia. La guerra la desquicia. Pocos de sus trabajos hablan expresamente de ella, aunque muchos la implican. Como esa escultura gris de casi dos metros de altura: El que ve morir a los demás. Y otros tantos que hablan de la violencia. Como aquel cuchillo con restos de una cabellera rubia pegados en el filo, y una que otra perla.

En 1949 se casó con La Roche, un hombre de negocios con el que mantuvo una relación amorosa hasta la muerte de aquel en 1967. En 1954 comienza a trabajar en su estudio en Berna, pero va a necesitar casi una década para renacer de sus cenizas. En 1963 el cielo, nubes, astros y cometas irrumpen en el universo de la artista. Allí surge su famosa escultura Seis nubes sobre un puente.

Valie Export, artista mediática y performativa, cineasta y teórica, considerada desde fines de los ’60 protagonista fundamental del arte feminista, curadora de la exposición Magna en 1975, y pionera en visibilizar el arte producido por mujeres cuenta:

“Meret Oppenheim es una artista fascinante, por la diversidad y originalidad de sus expresiones y por el diálogo polifónico que establece entre los distintos géneros. Su fuerza imaginativa y su capacidad para transformar su identidad y mutarse en la acción me vincularon mucho con ella. Por supuesto que también quería saber qué relación tenía con las jóvenes artistas. Por eso, poco antes de Magna la invité a una entrevista, Posibles preguntas a Meret Oppenheim, que luego fue parte del catálogo. Ella me dijo expresamente:

–Por favor, no me pida que yo inaugure esta exposición.

Para mí fue una desilusión, pero por otra parte estaba claro que ella no quería definirse.

No quería el gueto. Probablemente lo temía. El arte no es femenino ni masculino, Oppenheim estaba convencida de lo andrógino del genio.

Don’t cry, work! Era su lema.

Predicciones

Una vez recibió de una periodista una lista de preguntas relacionadas casi únicamente con la sexualidad y la erótica en su vida y obra. Meret buscó la célebre foto de Man Ray, le hizo un corte a la altura del ombligo y los muslos, y se la envió con una lacónica observación. Obviamente es lo único que a usted le interesa.

El cosquilleo en la zona erótica atraviesa buena parte de su obra. Puede ser un tormento, como esa fotografía de 1952: una bicicleta con un panal de abejas en el asiento. Lo evidente, en dos zapatos, unidos en las puntas, que “cuando nadie los ve hacen cosas prohibidas”. O ese Vestido de noche con sostén: un collar de brillantes que, a la manera de tiradores de un pantalón, sujetan los pezones cumpliendo la función de erguir los pechos. ¿La belleza femenina se construye en base a tortura?

Amaba los disfraces. Lo efímero de las máscaras, los trazos del rostro, los tatuajes cambiantes, como los sueños. Los mismos que generaron su obra, su pensamiento, su vida y también su muerte. A los 36 soñó con una estatua que se derrumbaba morosamente, carcomida por gusanos, y un reloj que comenzaba a retroceder. Supo que había llegado a la mitad de su vida. Murió en efecto a los 72, inesperadamente, de un infarto. Durante su última primavera les había dicho a sus amigos que ya no vería el invierno. El día de las exequias cayó la primera nieve.

En 1980 escribe su Autorretrato desde 50.000 a.C. hasta X, que concluye así: “Todos los pensamientos concebidos alguna vez rotan alrededor de la tierra, en la gran esfera inteligente. La tierra estalla, la esfera revienta, los pensamientos se dispersan por el universo, y siguen viviendo en otras estrellas”.

 

Biografias autorizadas produzem personagens fictícios

 por Pedro do Coutto

O jornalista Ancelmo Góis, em sua coluna de tanto sucesso no Globo, vem abrindo espaço para um debate sobre o que ironicamente chama de Lei Roberto Carlos, reflexo de interpretação mal usada do artigo 5ºda Constituição Federal, visando a proibir a edição de biografias de políticos, atletas e artistas sem autorização prévia. Sábado passado, Ancelmo publicou um excelente texto de João Maximo, cuja pesquisa sobre Noel Rosa, colocada em livro, é simplesmente monumental. Documento histórico a respeito da vida curta e da produção extensa e excepcional do poeta da Vila,

Maximo contestou as posições assumidas por Roberto Carlos, contra a circulação de livro focalizando sua vida e presença na arte, acompanhadas agora por Djavan, Caetano Veloso e Gilberto Gil. Artistas contestando a liberdade? Difícil acreditar não tivessem eles publicamente exposto esse posicionamento. O jornalista e escritor Ruy Castro, colunista da Folha de São Paulo, e autor de biografias primorosas, sobre Nélson Rodrigues, Garrincha, Carmen Miranda, já externou sua opinião contrária á limitação contida na volúpia de proibir a livre pesquisa e sua colocação em livros. Os motivos das restrições são diversos. Alguns por temerem a revelação de fatos que, eles próprios, julgam capazes de abalar sua imagem publicitária. Outros por desejarem retribuição financeira pelo uso de seus nomes e realizações.

A verdade é que biografias autorizadas voltam-se para transformar os biografados em heróis de si mesmos, por intermédio de um processo de autoendeusamento. Atitude falsa, portanto. Além desse aspecto negativo, as autorizações, na realidade são uma negação de fatos que concretamente aconteceram, contribuem para algo bastante grave e de conseqüências eternas: a falsificação da verdadeira história. Partindo-se do princípio de condicionar a publicação de pesquisas à prévia autorização dos pesquisados e biografados, então as histórias dos países não poderiam ser escritas, uma vez que elas focalizam a presença dos vultos públicos nos acontecimentos. Por exemplo: a Inconfidência Mineira, incluindo a condenação à morte de Tiradentes. Capítulo essencial da jornada heróica e histórica da independência do Brasil, que seria conquistada cerca de cinqüenta anos depois.

PORÕES DO SILÊNCIO

Se acontecimentos de repercussão pública permanecessem condicionados as autorizações dos personagens e de seus herdeiros, a história da segunda guerra mundial não poderia ser escrita. As condenações do Tribunal de Nuremberg seriam remetidas aos porões do silêncio. Não faz nenhum sentido impedir, obstruir, atentar contra a liberdade de criação e produção. Atitude rancorosa, baseada por sinal em falso conceito de moral.  No fundo, medo dos retratados em ver expostas fraquezas próprias do ser humano, erros, equívocos ou deslizes capazes de lançar a luz da realidade no pedestal do êxito que obtêm ou obtiveram.

Sob o ponto de vista da Constituição, o ato de proibir não encontra respaldo no artigo quinto e seus parágrafos. Nele são garantidos simultaneamente a liberdade de expressão e o direito de resposta. Ora, se a Carta de 88 assegura o direito de resposta é porque, implicitamente garante a liberdade de expressão. Uma coisa leva à outra. Não se encontrasse na essência constitucional a liberdade de expressão, não haveria necessidade de se erguer o direito de responde àquilo que foi produzido e divulgado. O maior e mais absoluto exemplo da liberdade de expressão encontra-se na própria Bíblia. Nela convivem o Velho Testamento (judaico) e o Novo Testamento (cristão). Fundamental notar que entre o primeiro e o segundo existe um espaço de tempo de mil e quarenta anos. Os judeus não tentaram proibir o texto cristão.

O DICIONÁRIO DO DIABO

 

por Marcia Lobo

Picture

Picture

Família, pátria, religião, a raça humana – o escritor e jornalista Ambrose Gwinnett Bierce não tinha nada disto em grande conta. Se escrevesse hoje em dia, provavelmente haveria um bocado de gente mal-humorada rangendo os dentes e fazendo campanha contra seus livros. Em especial, o mais famoso deles, O Dicionário do Diabo. E, como de hábito, Bierce não estaria nem aí.

Afinal, definia “virtudes” como “certas abstenções”.

Viveu como bem entendeu, produziu contos incluídos em praticamente todas as antologias americanas, fez do cinismo misturado com humor negro sua marca registrada e sumiu de cena sem deixar rastros – em 1913, aos 71 anos, viajou para o México e nunca mais se ouviu falar dele. A teoria que mais combina com seu temperamento e estilo de vida é que teria sido fuzilado pelos rebeldes de Pancho Villa.

O Dicionário do Diabo é de 1880, mas a maioria dos verbetes continua atualíssima. Quer ver?

Picture

ABSTÊMIO – Pessoa de caráter fraco que cede à tentação de se negar um prazer.

AFRICANO – Negro que vota no partido da gente.

AUTOESTIMA – Avaliação equivocada.

BRUXA – (1) Mulher feia e repulsiva que tem perverso pacto com o diabo. (2) Mulher jovem e bonita que tem perverso pacto com o diabo.

COVARDE – Diz-se daquele que, numa situação de perigo, pensa com as pernas. 

CÚMPLICE – Aquele que, com pleno conhecimento de causa, se associa ao  crime de outro; como um advogado que defende um criminoso sabendo que é culpado. 

DEVOÇÃO – Reverência a um Ser Supremo, baseada em sua presumível semelhança com o homem.

DIFAMAR – Atribuir maliciosamente a outro vícios que não tivemos a oportunidade nem a tentação de praticar.

EGOÍSTA – Pessoa de mau gosto que se interessa mais por si mesma do que por mim.

EPITÁFIO – Inscrição numa tumba que demonstra que as virtudes adquiridas com a morte são retroativas. 

FANÁTICO – Diz-se daquele que, obstinada e ardorosamente, sustenta uma opinião que não é a nossa. 

FRONTEIRA – Em geografia política, linha imaginária entre duas nações que separa os direitos imaginários de uma dos direitos imaginários da outra.

GENEALOGIA – Estudo da nossa filiação até chegar a um antepassado que não se interessou em investigar a dele.

HISTÓRIA – Relato quase sempre falso de fatos triviais produzidos por governantes quase sempre patifes ou militares quase sempre mentirosos. 

HUMILDADE – Paciência inusitada para planejar uma vingança que valha a pena. 

IGNORANTE – Pessoa desprovida de certos conhecimentos que você tem e conhecedora de coisas que você ignora.

IMPUNIDADE – Riqueza. 

INDEFESO – Incapaz de atacar. 

INDULTAR – Cancelar uma pena e devolver o acusado à vida do crime. 

IMIGRANTE – Pessoa ignorante que acha que um país é melhor do que o outro.

JUSTIÇA – Artigo mais ou menos adulterado que o Estado vende ao cidadão em troca de sua lealdade, seus impostos e seu trabalho.

LEGAL – Compatível com a vontade do juiz competente.

MORAL – Que está de acordo com uma norma de direito local e mutável. O mesmo que cômodo.

MULATO – Filho de duas raças que se envergonha de ambas.

NEPOTISMO – Prática que consiste em nomear a própria avó para um cargo público para o bem do partido.

OTIMISTA – Partidário de doutrina de que o preto é branco.

PEREGRINO – Turista levado a sério.

PRERROGATIVA – Direito de um governante a se comportar mal.

RESPEITABILIDADE – Fruto amoroso de uma careca com uma conta bancária.

SANTO – Pecador falecido, revisado e editado.

SEGURO – Engenhoso jogo de azar que permite ao jogador a confortável convicção de que está derrotando a banca.

TARIFA – Imposto aplicado às importações destinado a proteger o produtor local da avidez de seus consumidores.

ULTIMATO – Em diplomacia, exigência final, antes de fazer concessões. 

URBANIDADE – A forma mais aceitável de hipocrisia. Não é incompatível com o desprezo pelos direitos alheios.

VELHICE – Época da vida na qual somos idulgentes com os vícios de que ainda gostamos e repudiamos aqueles que não temos mais coragem de praticar. 

VIDENTE – Pessoa – geralmente uma mulher – que tem a capacidade de ver o que o cliente não consegue enxergar: ou seja, que ele é um idiota.

VOTO – Instrumento e símbolo da capacidade do homem livre de bancar o idiota e arruinar o país.

Picture

 Transcrito do blogue Antes que eu me esqueça.

“Hay Alejandra Pizarnik para rato”

por Leticia Pogoriles
Cristina Piña

Cristina Piña

Nuevos aportes sobre la obra de Alejandra Pizarnik salen a la luz a cuatro décadas de su muerte que le confieren nuevos sentidos a su trabajo dotado de “poéticas incesantes”, explica Cristina Piña, su biógrafa, que participará en noviembre del Primer Congreso dedicado a la escritora en la Universidad de la Sorbona de París.

En Límites, diálogos, confrontaciones: leer a Alejandra Pizarnik, el trabajo crítico editado por Corregidor, Piña reúne todos sus artículos y conferencias sobre la obra de Alejandra, muchos de ellos publicados por primera vez en español, y retoma nuevas perspectivas que revelan la vigencia de la poeta argentina, considerada una de las más importantes del siglo XX.

“El aporte teórico —dice Piña a Télam— es el manejo de la palabra ajena. En los archivos depositados en la Universidad de Princenton (Estados Unidos) y en los Diarios publicados en 2003 se muestra una clara forma de trabajo hecha de palabras ajenas tomadas de distintos escritores”.

Y agrega: “No quiere decir que los plagiara, sino que hay un trabajo de Pizarnik en la forma de escribir y en la relación con la palabra ajena. Además, este libro aporta una mirada crítica sobre las mal llamadas «obras completas» porque hay mucho más en Princenton, por ejemplo a los Diarios le faltan 147 entradas”.

Según escribe Piña en su libro, “en 30 años casi se duplicó el «corpus Pizarnik», lo cual explica la necesidad de resignificar las opiniones alguna vez vertidas sobre su poesía y su prosa”, refiriéndose no sólo a obras de la escritora, sino también a estudios, biografías, críticas y cartas.

Este vasto universo post mortem se construyó con las ediciones de Textos de sombra y últimos poemas (1982) considerado “un libro que te da vuelta a Alejandra, muestra a otra”, dice Piña; también vieron la luz Zona prohibida (1982); Prosa poética (1987); Poesía completa 1955-1972″ (2000); Prosa completa (2002) y Diarios (2003).

Piña suma a este lista la primera biografía que hizo en 1999 y el intenso epistolario recogido enCorrespondencia Pizarnik por su amiga, Ivonne Bordelois, que revela “a una Alejandra privada”. Incluso, los papeles que dejó en Estados Unidos Aurora Bernárdez, la viuda de Julio Cortázar con el beneplácito de la familia de Pizarnik, indican “que hay cosas publicables, hay Alejandra para rato”, afirma la biógrafa.

En Princenton, depositario para que estudiosos y críticos buceen en el imaginario Pizarnik, están “los poemas en francés que no se conocen”, ejemplifica.

“También la correspondencia que recibió, «el palacio de las citas», que son cuadernos donde escribía citas de otros autores con comentarios —muchos de ellos luego los intervenía en sus escritos— y textos de fuerte contenido erótico, pero no creo que haya que publicarlo todo”, reconoce.

Para Piña, lo fascinante es el proceso de escritura que encara la autora de La condesa sangrientacomo esos poemas franceses escritos en 1962 donde hay recursos “que recién utiliza en castellano a fines de los 60 y comienzos de los 70 lo que da la noción de laboratorio en la lengua francesa”, dice.

En este incesante reverdecer de Alejandra, a fines de noviembre de este año se realizará el primer Congreso internacional dedicado a su obra en la Universidad parisina de la Soborna.

“Esto tiene una significación muy fuerte. La imagen de ella es mítica, sobre todo fuera de acá y hay enorme interés en todo el mundo, de hecho con Bordelois haremos para México una nueva edición de las correspondencias y ya pasamos de 29 a 40 corresponsales”, dijo.

El nudo de la vigencia que produce la obra de esta mujer, que murió joven, que escribió, editó, quemó y fue y sigue siendo musa en todo el mundo, es su insistente y profunda entrada en “zonas que son las más sensibles y vulnerables de ser humano”.

“Creo, además, que le da al castellano una coloración que no ha tenido nunca, con ella adquiere matices propios del francés y oscuros que tiene que ver con otra manera de tocar las palabras y eso llega a los lectores. Alejandra nos sacude con esa fusión entre vida y poesía”, analiza Piña.

¿Qué diferentes etapas observa en la obra de Pizarnik?

“Hay un primer momento en el que se va condensando su poesía hasta llegar a dos puntos extremos que son Árbol de Diana (1962) y Los trabajos y las noches (1965), donde son menos las palabras, pero cada vez más cargadas. El segundo se da con Extracción de la piedra de la locura (1968) donde hay un movimiento centrípeto contrario y extiende el gran poema en prosa, pero sigue siendo tremendamente cuidadosa con el lenguaje”.

Y agrega: “el último momento es en los diarios donde aparece la Alejandra de los textos en prosa que es obscena, sexual, con humor, es todo un gran carnaval. Es otra Pizarnik que deconstruye a la anterior”.

En este período, apunta Piña, “se liquida con los últimos textos como cuando dice que el lenguaje es su patria, bueno, ella demuela la casa y se queda en el descampado total. Arma poemas perfectos, absolutamente autocontenidos y de golpe es como sí abriera una puerta y saliera todo lo reprimido, eso se ve en La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa“.

¿Por qué decidió ser su biógrafa?

Me fascinó desde que la leí, Alejandra es una escritora que cada vez que la lees encontrás más, es lo que llamo “las poéticas incesantes” porque producís y te produce otra cosa. Ella tiene esa producción de sentido, la miras de un lado y de otro y aparecen cosas diferentes.

Esa toma de lo ajeno, de esas palabras que Pizarnik se adueñó, es, a la vez, el último soplo literario donde el lector se entera —gracias a sus Diarios— que lo que ella quiso hacer toda su vida “fue un libro en prosa”.

“En La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa dice que “hay que escribir para la mierda” y yo creo que ese texto fue escribir para la mierda la obra Aurelia de Gérard de Nerval, porque Alejandra aspiraba a hacer un escrito equivalente a ese y creo La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa es la Aurelia, pero escrita para la mierda”, concluye la crítica.