Independência ou morte


Dilma optó con sabiduría. En la hora de las definiciones, o se está con el pueblo o se está contra el pueblo

 

 

Para Dilma Rousseff la coyuntura era determinante: sólo habían dos opciones. O se resguardaba en la trinchera de los defensores del sistema, o confiaba en el pueblo y hacía avanzar el tren de la historia. Y decidió dar el paso: “Las calles nos están diciendo que quieren que el ciudadano, y no el poder económico, esté en primer lugar […] La energía que viene de las calles es mayor que cualquier obstáculo. No tenemos que quedarnos inertes, incomodados o divididos. Por eso traigo propuestas concretas y la disposición para que discutamos al menos cinco pactos”. Los cuatro primeros suponen la reforma tributaria, de salud, transporte y educación. Pero el principal pacto es la reforma política: la convocatoria de un plebiscito que permita convocar a una Asamblea Constituyente. “El segundo pacto es sobre la construcción de una amplia y profunda reforma política que amplíe la participación popular y amplíe los horizontes de la ciudadanía. Este problema, que todos conocemos, ha entrado y salido de la agenda del país varias veces, y es necesario. Tienen la iniciativa para romper el punto muerto”, desafió la presidenta Dilma Rousseff a los representantes de los movimientos sociales a los que anunció su propuesta.

El mayor país suramericano, con casi 200 millones de habitantes, de dimensiones continentales, ha decidido fumar opio. Y con su presidenta Dilma a la cabeza. Por supuesto la reacción de la derecha brasileña no ha sido distinta a la que se podría esperar. “El Partido del Movimiento Democrático Brasileño -PMDB- está en contra de este referéndum”, ha declarado Eduardo Cunha, líder del PMDB en la Cámara de Diputados. José Serra, del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) declaró que la reforma era “un absurdo”. Pero también están los “asesores” que tratan de bajar el perfil a la propuesta de Dilma. Emir Sader comentaba: “Los abogados quieren reducir la propuesta de Dilma a una cuestión jurídica, cuando se trata de buscar el apoyo de la sociedad para presionar al Congreso”. Y la calle en este punto no se equivoca.

Sader observa que la elección de una Asamblea Constituyente, al tener un mandato exclusivo, facilitará el camino para eliminar los obstáculos partidistas que favorecen la composición de un Parlamento controlado por los intereses privados.“Dilma tiene la iniciativa política, atiende las demandas populares y pone las bases de una renovación del sistema político brasileño”, afirma. No será fácil. Deberá colocar una enorme energía política para acorralar las fuerzas de la derecha y a actores de su propio partido, que también se verán afectados por la nueva Constitución.

Lo que comenzó como una protesta por 20 centavos de real (45 pesos chilenos) ya es una insurrección civil en toda regla. Hace diez años, el empresariado y los sindicatos concordaron una estrategia de expansión productivista, en la cual el Estado ha protegido los intereses de las empresas brasileñas ante sus competidores globales, y ha impulsado el consumo interno por medio de programas de transferencia condicionada de renta, lo que en Chile llamaríamos política de “bonos” para los pobres. Estos programas sociales han sido efectivos para reducir la pobreza, pero no han supuesto una transformación estructural. Hoy, el pueblo brasileño de forma espontánea, pero lúcida y valiente, reclama en las calles Mudar o Brasil (cambiar Brasil).

Chile, tan cerca y a la vez tan lejos, vive un momento semejante. Desde hace dos años las demandas sociales han decantado en una aspiración sostenida y consciente que exige la convocatoria del Poder Constituyente. Un poder plenamente “institucional”, por más que le pese a los que creen que sólo es “institucional” hacer reformas en el marco de las instituciones de la ilegítima Constitución de Pinochet. “Fumadores de opio”, es la respuesta de parte de nuestra “Izquierda”, tan amiga del statu quo, desclasada, corrupta, aferrada con uñas y muelas a sus sillones y privilegios. Si sólo miraran un poco por encima de la cordillera, se darían cuenta que el mundo ya camina en otra dirección y más temprano que tarde, va a pasar por encima de sus cabezas.

Dilma optó con sabiduría. En la hora de las definiciones, o se está con el pueblo o se está contra el pueblo.

ALVARO RAMIS

(1) Sennett, Richard. Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación, 2012. Anagrama, Barcelona.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 784, 28 de junio, 2013)

Comentários a: "Brasil, otro país que fuma opio" (1)

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